LA MUJER ECONOMICAMENTE INACTIVA
Hay una planta de maceta, llamada malamadre. Se caracteriza porque se desprende de los retoños, los deja caer al suelo. Tal podría deducirse que ocurre con los niños en nuestras familias, a juzgar por algunos comentarios de prensa, reportajes, informes de ONGs, etc. Incluso algunos despachos internacionales comentan como que estuviera en quiebra el concepto de familia. Pienso que no es así.
Es verdad que la familia –la tradicional, la de siempre; no hay otra- está siendo atacada. Y por eso, la sociedad, que está basada en esa célula primaria, presenta graves problemas. Ese ataque proviene muchas veces de no reconocer el papel de la mujer en la sociedad. Así lo pone de manifiesto un libro de la noruega Janne Haaland Matlary
Madres rebeldes: Manifiesto para un nuevo feminismo. Parte de una idea que no es ahora "políticamente correcta": que la mayor parte de las mujeres son madres o les gustaría serlo. Y que la sociedad –este es su tema de fondo- debe organizarse para hacer que trabajo y familia sean realidades compatibles. Janne sabe de lo que habla: es secretaria de Estado de Asuntos Exteriores en el gobierno de su país y tiene cuatro hijos. De ahí que las ideas expuestas en su último libro tengan, por un lado, la fuerza de quien experimenta cada día la dificultad de hacer compatible un trabajo exigente con la atención a la familia; y por otro, la de quien está decidida a cambiar las cosas."He luchado durante más de diez años para conciliar maternidad y trabajo profesional, sintiendo que me crecía por dentro un enfado al ver que el embarazo y el periodo de lactancia se consideraban ‘interrupciones’ en la carrera, y al comprobar que nuestras modernas sociedades occidentales ignoran casi por completo el enorme trabajo que supone la maternidad y su importancia para la colectividad".
No son cosas lejanas a nosotros: según las estadísticas oficiales de Guatemala, la población económicamente activa del país el 81% son hombres y el 19% mujeres. La deducción sería fácil: la inmensa mayoría de las mujeres son económicamente inactivas, cosa evidentemente falsa. Una de las ideas centrales que sostiene Janne es que no basta con que la maternidad, y las ausencias que provoca, no sea un motivo de discriminación en el trabajo. Por el contrario, ser madre supone tal dedicación que tendría que "puntuar", de algún modo, en el curriculum profesional: la experiencia de la maternidad incluye numerosas cualidades muy solicitadas en la vida laboral. Pueden parecer utópicos todos estos planteamientos, pero en esa línea está una reciente medida adoptada por el parlamento noruego: el Estado ofrece a las familias una ayuda de seis mil dólares anuales por niño por permanecer en casa durante los primeros años del niño.
Resulta difícil cambiar una mentalidad, pero lo principal es que se reconozcan los problemas y apuntar soluciones. Soluciones que parten de que cada persona representa el potencial creativo que es la verdadera riqueza de las naciones. Este capital humano est< estimado por algunos formar el 80% del capital de las naciones modernas. El potencial creativo de la gente asegura el futuro de la economRa y de la sociedad como un todo.
Sin embargo, el fundamento del capital humano es la fuerte vida familiar. A travJs del mutuo compromiso del matrimonio, teniendo, criando y educando a los niZos, la familia es tanto la productora del capital humano como su primer inversor. Sobre todo la familia transmite valores y virtudes, asR creando el capital humano en el verdadero sentido -hombres y mujeres que est<n dispuestos a darse, a tomar compromisos, tener confianza en otros y cooperar con ellos. Sin esta base social Jtica, una fuerte economRa no puede desarrollarse o ser sostenida. No reconocer social y políticamente el papel de la mujer en todo esto es de sociedades miopes.