¿QUÉ PASO EN PEKIN?

Durante la primera quincena de septiembre estuvimos acostumbrados a titulares emocionantes sobre la Conferencia de Pekín. 30.000 mujeres parecían que estaban a punto de solucionar el mundo. Y, de pronto, nada. Alguna noticia escueta sobre la clausura, algunos datos confusos sobre su final.

Y es que todo estaba viciado de fondo: con frases posiblemente bienintencionadas sobre la situación de la mujer en el mundo, sobre las necesidades en educación, salud, derechos humanos de la mujer, se impulsaba un mensaje de fondo, respaldado por grandes fundaciones norteamericanas y las propias agencias de la ONU. Este mensaje se reducía a convencer a la humanidad de que el mayor problema de las mujeres era su falta de 'control' de su fertilidad.

En esa línea se comprobó con estupor que las propias cifras facilitadas por la Organización Mundial de la Salud sobre mortalidad materna, malnutrición, enfermedades tropicales que afectan a millones de mujeres...eran olvidadas y sustituidas por un mensaje prioritario: "salud reproductiva". En sí parecería un mensaje aceptable: se podría pensar que se trataba de dar mayor atención médica durante el parto, ya que el 42% de las mujeres del mundo no disfrutan de tales servicios. O que se trataba de dar atención médica prenatal y postnatal a las mujeres de los paises en vias de desarrrolo, que carecen de ella en un 40%. Pero no: según el documento presentado, la 'salud reproductiva' se estaba reduciendo a los servicios de planificación familiar...que hace juego a las multinacionales y protege de la inmigración a los paises del Norte. Es decir, por encima de todo y sobre todo: se trataba de como no reproducirse. Es lógico que haya habido problemas en aprobar esto.

En el fondo, estaba en juego el problema que tienen en los Estados Unidos: pro-life o pro-choice. Esto comenta Anne Applebaum en la revista The Spectator (Londres, sept. 9, 1995). Promover el aborto para determinados sectores significa 'liberar a la mujer', e ir en contra significa ser 'anti-mujer. Y como el debate sobre el aborto preocupa a las mujeres norteamericanas, preocupa también a la ONU y a otras instituciones que financian programas de desarrollo en el Tercer Mundo. No es extraño, pues -continua la revista inglesa-, que el pasaje más controvertido de esta conferencia haya sido el que trata del aborto. Ya al tercer día de la conferencia, International Planned Parenthood publicó un comunicado de prensa en el que declaraba que una minoría de paises amenazaba a romper el consenso sobre el control demográfico. Pero no era verdad, pues afortunadamente no se trataba de 'una minoría de paises', sino de la mayoría.

Un gran porcentaje presentó reservas al documento final (como ya lo habían hecho al de El Cairo anteriormente). Es decir, no hubo consenso, lo cual para una Asamblea de la ONU, significa un auténtico fracaso. Y el documentó no gustó porque:

-no afirmaba expresamente la dignidad de la mujer y la igualdad de sus derechos con respecto al hombre;

-a pesar de que la familia es la unidad básica de la sociedad (y así lo reconoce incluso la Declaración Universal de Derechos Humanos), el documento de Pekín no se refiere a ella sin añadir expresiones que la trivializan;

-el documento es ambiguo cuando usa términos como 'salud reproductiva', 'derechos reproductivos' o'planificación familiar', ya que todos ellos podrían interpretarse como un reconocimiento del aborto o de la contraconcepción. Igualmente , no se apoya el derecho a la objeción de conciencia, en relación a esas prácticas, por parte de los profesionales de la salud;

-dedica una atención totalmente desproporcionada a la salud sexual y reproductiva, frente a las demás necesidades sanitarias de las mujeres.

Por todo esto no tuvimos noticias del final de la Conferencia de Pekín. Porque la mayor parte de la humanidad está decidida a proclamar la verdad sobre lo que es ley natural, verdad que tenemos especialmente clara en las sociedades de raigambre cristiana, como es la nuestra. Y porque somos mayor número los que estamos decididos a proclamar, en todos los ambientes, que el

hombre y la mujer no somos bestias, números anónimos, para que nos manejen como piezas sin inteligencia, sin volundad, sin capacidad de amar rectamente.

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