SEXO: MUJER, HOMBRE...¿OTRO?

Ya terminó la Conferencia de Pekin. Al ciudadano medio le ha tomado algo por sorpresa el interés internacional y las polémicas que ha desatado. Eventualmente se une a esto una sensación de que es tema que no nos interesa, que no nos afecta. Incluso algunas discusiones, como la cuestión de 'el género' puede a algunos presentárseles como una discusión acedémica, sin grandes repercusiones en la vida personal de cada uno de nosotros.

Hace pocos días la prensa destacaba la deferencia hacia Guatemala que significaba que la Madre Teresa, premio Nóbel de la Paz, hubiera elegido a Mercedes Arzú de Wilson, presidente de la delegación de Guatemala ante la Conferencia de Pekín, para enviar su mensaje. Y a algunos también sorprendió que en ese mensaje se contenga una defensa de puntos obvios para la mayoría de las personas: "aquellos que niegan la diferencia preciosa entre el hombre y la mujer -dice la Madre Teresa- no se están aceptando a sí mismos como Dios los hizo y, por lo tanto, no pueden amar a su prójimo. Estas personas únicamente traerán división, tristeza y destrucción a la paz del mundo. Por ejemplo, como he dicho a menudo, el aborto es el mayor destructor de la paz en el mundo de hoy y aquellas personas que quieren hacer al hombre y a la mujer iguales están todos a favor del aborto. ¿Por qué insiste en las diferencias, claras para todos, entre mujer y hombre? ¿Por qué lo relaciona con el aborto?

Y es que lo que está en juego en el mundo entero es el mismo concepto de la familia, tal como nosotros lo entendemos: padre, madre,hijo, hija. Esto es en realidad el gran peligro. Quieren deshacer la familia. No se trata del problema de que alguien viva mal la fidelidad a su esposo o esposa. Esto es muy malo y evidentemente contribuye a lo mismo. Pero las ideas actualmente en juego son otra cosa mucho peor: se pretende destruir el mismo concepto de familia.

Y como puede parecer esto una exageración y resulta duro de creer, se transcriben aquí testimonios que salieron a luz con ocasión de un debate, aparentemente intrascendente, sobre el uso de la palabra 'genero' en vez de sexo. La mayoría de los delegados a estas reuniones suponían que usar el término 'genero' era una manera cortés de decir 'sexo' para evitar el sentido secundario que esta palabra tiene en inglés, y que género se refería a seres humanos masculinos y femeninos.

Y resulta que no: querían decir que "no existe un hombre y una mujer natural, que no hay características o conductas propias de un sólo sexo" Y más delante: "la inexistencia de una esencia femenina o masculina nos permite rechazar la supuesta 'superioridad' de uno u otro sexo, y cuestionar una forma 'natural' de sexulidad humana". Poco a poco se ha ido aclarando a todos esta forma de pensar. En textos actualmente en uso en institutos educativos en Estados Unidos, pueden leerse definiciones como las siguientes: "Heterosexualidad: la creencia por la que se fuerza a las personas a pensar que el mundo está dividido en dos sexos que se atren sexualmente el uno al otro"; "Preferencia u orientación sexual: la no-discriminación basada en aceptar todas las formas de sexualidad -incluyendo homosexuales, lesbianas, bisexiales, transexuales y transvestistas- como equivalentes a la heterosexualidad". "Cada niño se asigna a una u otra categoría en base a la forma y tamaño de sus órganos genitales. Una vez hecha esta asignación nos convertimos en lo que la cultura piensa que cada uno es, femenino o masculino" Y, para terminar -las citas podrían ser inacabables- , un texto utilizado en muchos programas de estudios femeninos de universidades norteamericanas: "el género es una construccion radicalmente independiente del sexo; en consecuencia hombre y masculino podrán significar tanto un cuerpo femenino como uno masculino; mujer y femenino, tanto un cuerpo masculino como uno femenino".

Todo lo anterior aclara el interés de la pasada Conferencia de Pekin y porque la Madre Teresa hace ese llamado. Todo esto nos interesa y mucho.

En primer lugar, porque es algo que se nos viene encima. Hay que estar preparados y saber de qué se trata, por muy loco que nos parezca y efectivamente lo sea.

La otra idea de interés es prevenirnos de la tentación de pensar que esto es irreversible, como algo que está asociado con el progreso de la humanidad. Y no es así: ni la humanidad va neceseriamente hacia esas aberraciones ni la mayoría piensa así.

Y, finalmente, para que no toleremos que nos quiten los valores cristianos sobre la familia que tenemos en nuestra sociedad. Éstos sí que constituyen un verdadero progreso que no tiene nada que envidiar a lo que está sucediendo fuera: paises cuya salud moral se deteriora y están llegando a ser incapaces, por mucho dinero que tengan, de llevar la carga del liderazgo mundial.

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