PEKIN: DERECHOS DE LA MUJER, DERECHOS DEL HOMBRE.

Hay chistes con moraleja. Uno de ellos es el de la pulga. Contado en breve (los buenos contadores tienen versiones muy 'amplias'), se trata de un domador de pulgas, que va anotando sus observaciones. Le quita una pata, le ordena que salte y anota: pulga con 5 patas salta: 5 cms. Le quita otra y anota: pulga con 4 patas salta 4 cms. Así sucesivamente. Al final, cuando sólo salta 1 cm. porque le queda sólo una pata, le quita la última que le queda y anota, después de ver que no obedece a sus órdenes de saltar: pulga sin patas se queda sorda. Es el chiste de la incongruencia, de lo ilógico.

Me lo recordó las declaraciones de ciertos personajes en la conferencia de Pekín y los comentarios al respecto. Una expositora se refería a China -sin nombrarla- haciendo ver lo terrible de su política de población: "inducen al aborto y a la esterilización". Hace notar el despacho de prensa lo correcto de esta declaración: porque China se vanagloria de que entre 1985 y 1995 se han evitado "trescientos milones de nacimientos no deseados". Es decir, hablando claro, que han asesinado a trescientos millones de criaturas antes de ver la luz.

Pero lo notable del caso -por lo que me recordaba del mencionado chiste- es que esto se condena no por haberlo hecho, sino por como se hizo. El despacho de prensa aclara: que esto (el asesinato de los 300 millones) es algo muy malo "porque no lo han hecho mediante la enseñanza y el consejo, sino con la imposición y las medidas de fuerza". Es decir, que si se hubiera hecho esta masacre de otra maneras, sería algo bueno...

Debemos mantener la cabeza clara. Lógicamente está mal forzar hacer abortos (o cualquier cosa) contra la voluntad de una persona. Pero esto es otro tema: las cosas sabemos que son buenas o malas, independientemente de que el modo de hacerlas añada maldad al hecho. Un ejemplo aclara. Si regalo y fuerzo a que tomen desayuno a los niños de las escuelas, será algo bueno en sí que desayunen, aunque no hay que obligar. Se trata de una cosa buena, hecha con coacción, de mala manera.

Lo que horroriza a la humanidad -lo que debe horrorizar- no es como se ha hecho, sino primero y sobre todo qué se ha hecho. Otro planteamiento es engañar, inducir a engaño. Hay un sentido común moral admitido por todo hombre por el hecho de ser hombre (la ley natural) que nos hace ver claramente lo que es objetivo.

Nadie se opone al progreso de la mujer, a evitar las discriminaciones que ha sufrido por el simple hecho de ser mujer. Pero lo que no debe hacer ninguna dama -por muy alto puesto que tenga en el ranking de las señoras dentro de los más desarrollados paises- es confundir lor términos del problema o escamotearlos. Mejor dicho, está en su perfecto derecho a hacerlo y nosotros de defender la verdad por encima de todo.

Y la verdad es que es claro -en Pekín y en cualquier lugar, porque lo llevamos inscrito dentro de nosotros- que los derechos de la mujer son por su naturaleza universales, parte de los derechos humanos, válidos para todos los seres humanos y en todos los tiempos y lugares, porque la naturaleza humana es única. Esta universalidad es reconocida por la ONU (1948) y la Declaración de Viena (1993). Y en el fondo es lo que creemos todos: si no, no tendría sentido condenar a China, ya que habría estado actuando con 'otra' moral, que habría cambiado al cambiar el lugar o las personas. Y estos sabemos que no es así. No admitimos una moral de chinos con derecho a matar niños, aunque hubiera sido hecho sin violencia.

Y también es claro que Pekín no puede ignorar que nueve de cada diez mujeres contraen matrimonio y cinco de cada seis tienen hijos. Y esto es ley natural, no concesión de ninguna asamblea. Y que la familia es la unidad fundamental de la sociedad, que debe protegerla. Y esto es reconocido (no concedido: eso ya vino con la primera familia humana) por los documentos internacionales, aunque algunos Estados no la incluyan en su politica social, ignorando los documentos de El Cairo (1994) y Copenhage (1995).

Y pasando al tema del aborto, no existe ningún derecho humano al mismo, porque contradice el derecho fundamental a la vida (el de la criatura, precisamente el más indefenso). El aborto no importa sólo a la mujer, implica también al hombre y a toda la sociedad. En el documento base para la conferencia de Pekín se ignora este aspecto y se condena así a la mujer a la soledad, justamente cuando llega el momento en que necesitaría mayor solidaridad.

Todo esto es ley natural, defender a la mujer como persona, defender una sociedad con rostro humano.

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