EL VATICANO, GUATEMALA Y PEKIN

Se dice que se usa un eufemismo cuando se dice algo en sí duro o desagradable, pero de una manera bonita. Se usa mucho, sobre todo en política, aunque no exclusivamente. Y además, tiene ordinariamente una cierta nota de falsedad. Fue famoso hace varios años el eufemismo que usó la Unión Soviética (hace unos doce años, cuando aún eran 'malos') para explicar porque derribaron un avión coreano de pasajeros, contra toda lógica, haciendo que murieran 269 personas inocentes. Textualmente explicaron: "el caza-interceptor ejecutó la orden dada desde el puesto de mando de poner término a este vuelo". En este caso 'poner término a un vuelo' es disparar un misil que derribó un avión de pasajeros y causó la muerte a todas esas personas inocentes. Es algo así como que definir la pena de muerte en la horca como 'interrupción de la respiración'.

Y esto viene a cuento con una serie de terminos que se usan en los documentos preparatorios de la Conferencia de Pekín: "interrupción del embarazo" (suena un poco a los que dijeron los rusos);

"derechos reproductivos"; "sexo seguro"...que se prestan a muy diversas interpretaciones. En sí las palabras son inocuas, no así el contenido que algunos pretenden darle y que se presta a engaños. Por todo esto hay que agradecer a Juan Pablo II el haber sido claro y tremendamente positivo al exponer la doctrina sobre la mujer y su papel en la sociedad.

Aquí vale la pena aclarar: cuando se habla de estos puntos, hay que evitar pensar que se trata de opiniones 'religiosas', de algún modo partidistas. Estamos hablando de puntos sobre los que se está aclararando la ley natural, que, como es bien sabido, nos afecta a todos, estemos en cualquier religión o en ninguna. Cuando se conculcan estos valores, colapsa la sociedad.

Nos centramos ahora sólo en dos puntos que expone el Papa sobre la ley natural -a veces se pretende reducir a que fueran simplemente 'propuestas de Vaticano'- y que son especialmente luminosos y dignos de tenerlos siempre presentes.

Primero, sobre el aborto. La doctrina la expone el Papa así: "la trivialización de la sexualidad y la aceptación en algunas

sociedades de una sexualidad sin freno ni responsabilidad, son perjudiciales sobre todo para la mujer. En una sociedad que sigue este camino, es muy fuerte la tentaciónm de recurrir al aborto como una 'solución' para el evitar resultado no deseado de la promiscuidad sexual y la irresponsabilidad. Y aquí, una vez más, es la mujer quien soporta el mayor peso. A menudo abandonada a sus propias fuerzas, o presionada para que acabe con la vida de su hijo antes de que nazca, debe soportar después el peso de su conciencia, que le recuerda para siempre que ha quitado la vida a su hijo" .

Y el segundo punto a resaltar, siempre como simple botón de muestra. Es lo que él llama el genio de la mujer, que es sobre todo un gran reto: de ellas depende en gran parte "el bienestar y el progreso de la sociedad, de un modo incalculable"..."cuando las mujeres tienen la posibilidad de transmitir plenamente sus dones a toda la comunidad, cambia positivamente el modo mismo de comportarse y organizarse la sociedad"... y, finalmente, reconoce el papel único que la mujer desempeña para humanizar la sociedad y conducirla hacia los objetivos positivos de la solidaridad y la paz".

Vista en esta perspectiva, la aportación del Papa es maravillosamente positiva, es un paso adelante en los derechos de la mujer y por tanto de toda la humanidad. Por esto sería superficial pensar que es una posición 'conservadora', si por conservadora se entien-

de -y también en esto hay engaño en las palabras- el inmobilismo estéril. El defender los valores cristianos es lo que precisamente nos defienden para ser más humanos. Cada vez se ve más claro que la religión es el más grande reto que tiene el hombre , que no quiere vivir como una bestia. Por ello adherirse a esta postura no es algo 'partidista' o 'seguir consignas': es lo que cualquier hombre honrado puede defender -y debe hacerlo con valentía, si lo ve con claridad-, sea de cualquier religión, grupo o ideología.

Y la postura de Guatemala, además de defender los derechos del hombre (mujer y hombre), es coherente -respetuosa- con lo que manda nuestra Carta Magna: defender la vida humana desde la concepción.

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