ALERTAS ANTE LA CONFERENCIA DE PEKIN

The Wall Street Jounal dedica su editorial del pasado 14 de agosto, a un caso que califica tan desconcertante como si Hillary Clinton hubiera anunciado que, después de todos estos años, ella es realmente republicana. Se trata de la declaración de Norma McCorvey de que ella era pro-vida. Y la razón por la que esta declaración ha saltado a los titulares de los medios de comunicación es por que la Sra. McCorvey es mejor conocida como Jane Roe, la que en 1973 planteó a la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos la causa que originó la liberalización del aborto en ese país.

Su declaración, sin duda valiente, ha sido "Yo soy pro-life. Pienso que siempre lo he sido, pero hasta ahora me he dado cuenta". Y ha declarado que recibió el bautismo pocos días antes de manos del Rev. Philip Benham, director nacional del grupo antiaborto Operation Rescue. Una rectificación de esta categoría, después de 20 años, habiendo sido la abanderada del movimiento "pro-choice" (aborto a elección) iban a originarle serios problemas con sus antiguas compañeras, que no han dudado en llamarla traidora y mentirosa.

A las puertas de la Conferencia de Pekín es un llamado significativo que ha sido un aldabonazo a muchas conciencias. Y es que, siempre según la citada publicación, el americano medio está desconcertado. Ha ganado, hasta ahora, la postura "pro-choice", liberadora del aborto (y causante de más muertes de norteamericanos que todas las guerras), pero los norteamericanos están indecisos. Se mueven en lo que se llama un clima de compasión: por una parte, no admiten el aborto (que la conciencia de cualquier persona, en el fondo, reconoce como un asesinato) como un medio de control natal, y, de otro lado, se mueven, se conmueven, ante el caso-límte: violación, o hijo no deseado que viene 'por un error'.

Es certero el balance: pero no saca la conclusion. Y el verdadero diagnóstico, queramos o no -quieran o no-, es que están moviéndose sin norte. Cuando lo que le mueve a uno para razonar es sólo la 'compasión'; es decir, cuando no hay unos principios firmes que rigen la conducta -y las decisiones de una sociedad- hay un desbarajuste en toda ella. Lo estamos viendo, lo están viendo. Pero parece que 'ven' y no quieren 'mirar'. Y no puede alegarse ignoracia: Dios, que nos hizo, dictó unas leyes, un 'programa' para que todo marchara bien. Y lo imprimió en el corazon de todo hombre. Por esto se explica la reacción valiente de esta mujer. Y por esto mismo existe la esperanza: tenemos un punto de contacto, una plataforma de entendimiento con todo hombre.

Ahora en Pekín van a salir todos estos temas. El aborto, entre ellos. Señalábamos que hay una ley, un 'programa' impreso en el corazón: es la Ley Natural. Y el problema, si podemos llamarlo así, es que cuando en un 'programa' se rompe alguna parte, todo se transtorna. Es su misma riqueza lo que le hace tener esa coherencia interna: cada parte depende íntimamente de todas las demás. Cuando no se respeta la vida, -así, simplemente, toda la vida-, se cae en aberraciones. Como, por ejemplo, ocurre en paises europeos donde no hay derecho a nacer (hay aborto a elección: elección de los padres, por supuesto, no del que va a no-nacer) y se acaba por no tener derecho a morir de viejo: se les aplica la eutanasia (muerte por compasión; por supesto: por compasión de quienes los cuidan por ellos mismos, no por el anciano). En nuestro país, estamos a gran distancia del desarrollo material, tenemos grandes problemas y pienso que también deseos de superarlos: y debemos hacerlo. Pero también es justo que reconozcamos los valores sociales, de calor humano y familiar que mantenemos, y que nos enorgullezcamos de nuestros padres que nos los legaron. No dejemos que nos los cambien por 'desarrollo': no hay que cambiar nada en este orden de cosas. Juan Pablo II, nos dice, centrando también el tema que nos ocupa: "La trivialización de la sexualidad, especialmente en los medios de comunicacion, y la aceptación en algunas sociedades de una sexualidad sin freno moral ni responsabilidad, son perjudiciales sobre todo para la mujer, pues aumenta los desafíos que ha de afrontar para defender su dignidad personal y su servicio a la la vida" Y concluye magistralmente, que de ningún modo la Iglesia "pretende limitar la influencia y la actividad de la mujer en la sociedad. Por el contrario, sin apartarla de su función en la familia, la Iglesia reconoce que la contribución de la mujer al bienestar y al progreso es incalculable; la Iglesia considera que las mujeres pueden hacer mucho más para salvar a la sociedad de la degradación y la violencia, que hoy registran un aumento dramático"

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