PUNTOS DE CONFLICTO: EL FEMINISMO

En el mundo académico sigue despertando interés el tema del feminismo. El documento "La Cuestion Femenina Hoy", elaborado por cincuenta profesores de todas las universidades de Roma, es una aportación universitaria a "un debate que interesa a toda la sociedad". Manifiesta su perplejidad por la tendencia actual a sustituir la palabra "sexo" por la "género", cosa que pretende dejar la puerta abierta al reconocimiento de la homosexualidad al mismo nivel que la masculinidad y la feminidad.

En realidad, el tema de fondo es calibrar hasta que punto el reparto de funciones entre hombre y mujer está basado en la biología (es decir, en ser fisiológicamente hombres o mujeres) o en la cultura (es decir, si es un añadido hecho por la humanidad con más o menos sentido). Dos son las ideas que están en juego y que no podemos dejar que las diluyan: la primera idea, es el concepto de persona humana, como un ser creado con unas "especificaciones" ya dadas y que deben respetarse si queremos que el hombre "funcione bien humanamente". Y la segunda idea, es que esta persona humana, también por constitución, está sexuada en dos (sólo en dos): hombre y mujer.

Es verdad que hay estereotipos sociales, usos acuñados con el tiempo, atribuidos a uno u otro sexo que son construcción cultural cambiante; pero hay otras funciones -y de esas hablamos- que se basan en la diferenciación sexual natural.

En el documento italiano citado, pide que se aclararan los términos confusos, porque se trata de promover, de situar a todos

-mujeres y hombres-, para que lleguen a estar en una situación mejor. Llamado que no estaba de sobra, pues en muchas reuniones de la ONU son excluidas como observadoras organizaciones no gubernamentales (ONG) de paises pobres, porque rechazan que los problemas del desarrollo se reduzcan al control en natalidad. En alguna de las reuniones de la ONU, la mayoría de las ONG presentes pertenecen a grupos como la International Planned Parenthood, Family Care, etc., de clara orientación antinatalista y, por tanto, empobrecedora de una función plenamente humana de la mujer.

En todo este tema Juan Pablo II va por delante en señalar con claridad las cosas. En su Mensaje a las Mujeres elevó a su verdadero sentido esta batalla por la dignidad de la mujer, concretándole su aportación propia: "Con la intuición propia de tu feminidad enriqueces la comprensión del mundo y contribuyes a la plena verdad de las relaciones humanas".

El Papa insiste en los verdaderos valores, aportaciones de la mujer: "Ninguna respuesta a las cuestiones que atañen a la mujer puede olvidar su papel en la familia o tomar a la ligera el hecho de que toda vida nueva está confiada totalmente a la protección y al cuidado que la mujer lleva en su seno" Y añade: "la contribución de la mujer al bienestar y al progreso de la sociedad es incalculable; las mujeres pueden hacer mucho más para salvar a la sociedad del virus mortal de la degradación y la violencia, que hoy registran un aumento dramático. En este horizonte de "servicio" se puede aceptar también, sin desventajas para la mujer, una cierta diversidad de papeles, en la medida en que tal diversidad no es fruto de imposición arbitraria, sino que mana del carácter peculiar del ser masculino y femenino". Éste es el reto de auténtico servicio a la sociedad que se presenta a la humanidad y específicamente a la mujer, no la simple denuncia o el recuento estéril de agravios.

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