LA EDUCACION DE LA MUJER Y LA CONFERENCIA DE PEKIN

La Conferencia de Pekin, próxima ya a realizarse en el próximo mes de septiempbre, acapara la atención mundial. Es mucho lo que se decidirá en ella e indudablemente nos afectará a todos. Es muy interesante detenerse en algunos de los temas ya señalados en el Documento base, sobre el que se discutirá para promover el avance de la mujer en el mundo entero.

Centrándonos en el tema de la educación, se señala que todavía hay en el mundo 100 millones de niños (60 son niñas) que no tienen aún acceso ni a la educación primaria. Y que de los 960 millones de analfabetos, las dos terceras partes son mujeres. En este capítulo hay puntos sobre los que hay consenso (igualdad de acceso a la educación, superar los estereotipos sociales en el material escolar, más atención a la educación tecnológica y científica de la mujer...). Infortunadamente están entre corchetes (es decir, no hay consenso) cualquier referencia a la ética, los valores o el respeto a la libertad de conciencia y de religión en la escuela. Igual sucede -y es buena señal de donde estarán los temas conflictivos- con la inclusión de la educación sexual y reproductiva en el sistema formal de educación. Sobre todo porque está entre corchetes la anotación "teniendo en cuenta los derechos, deberes y responsabilidad de los padres".

Todo lo anterior, naturalmente, lleva a un tema que está presente en toda valoración de la vida: la familia. Es indicativo que la palabra familia sólo aparezca en cinco ocasiones, y que en cuatro de ellas se haga con un matiz negativo. También es significativo que no se mencione el valor social del trabajo doméstico de la mujer. En el fondo, lo que se está cuestionando -mejor dicho, se quiere cuestionar por algunos- es el concepto natural y tradicional de la familia, como ha sido y será siempre sin duda. Es de los temas que, aparte de cambios accidentales, nunca variarán porque están basados en la ley natural, en lo que es la persona humana.

A veces en nuestros paises hay el fenomeno que los mexicanos llaman el "malinchismo": todo lo que viene de fuera es mejor que lo propio. Pero basta recordar algunos datos para constatar que no es así.

Como botón de muestra, el Parlamento Europeo ha abierto la puerta a la igualdad de los derechos de los homosexuales en la Unión Europea (no está de más recordar que evidentemente todos tenemos los mismos derechos, pero por ser personas humanas, sin más), y la recomendación de que "puedan contraer matrimonio, o acceder a regímenes jurídicos equivalentes a las parejas de hereterosexuales", garantizando los plenos derechos y beneficios del matrimonio"... O que, en Noruega, la legislación permite el "matrimonio" (lógicamenete no se puede llamar así) entre personas del mismo sexo; sin llegar a la aberración de Dinamarca, donde la unión puede hacerse por la iglesia luterana.

Infortunadamente basta quedarnos en el continente, donde la proyecciones de los próximos 20 años en Estados USA nos sitúan en que un 20 a 40% de personas vivirán en concubinato y el 50% se divorciará antes de los 30 años. Por lo demás, nada puede admirarnos, considerando que el país anfitrión de esta Conferencia (para impulsar la mejora de la mujer) tiene en su haber la política del "hijo único" desde 1979. Es interesante aclarar que esta "política" se concreta en controlar la edad para contarer matrimonio y en que sólo pueden tener un hijo, o dos si el primero es inválido. A los campesinos, dos, si el primero es niña (parece casi como que no vaiera...). Una madre soltera está obligada a abortar.

En este tema es interesante estar alerta: primero para que un injusto completo de inferioridad no nos haga aceptar "valores" que realmente desvalorizan la sociedad. Y que estemos orgullosos de los nuestros: concretamente de los valores cristianos que conservamos acerca de la familia. Y, finalmente, para estar alerta a la tentacíon de la desesperanza: lo que señalamos que sucede en otros paises no es signo de progreso ni es irreversible. Debemos tener el orgullo no solo de defender, sino estar convencidos que nuestros valores cristianos sobre la familia y la mujer, son el verdadero progreso de la humanidad.

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