LOS VALORES HUMANOS ANTE LA CONFERENCIA DE PEKIN

Todos celebran con simpatía "la sabiduría del bolito". Me refiero a aquel a quien una señora vieja y fea le recriminaba su situación, y él sólo le contestó que tenía razón, pero que a él se le iba a pasar su lamentable estado al día siguiente, cosa que no le podía suceder a ella.

Me recordaba de esto al ver a algunos grupos que vienen a ayudarnos en materia de desarrollo. Realmente la única actitud razonable es de agradecerlo y con toda sinceridad. Pero al mismo tiempo, no puede dejar uno de pensar que, a veces, algunos de sus integrantes -o todo el grupo- vienen de paises "desarrollados" en los que les faltan valores humanos (cristianos) que hacen que sean unas sociedades inhumanas en algunos aspectos. Se le agradecen sus esfuerzos, pero da pena que ellos no caigan en la cuentan de la profunda miseria humana en que se encuentran. Esta consideración lógicamente no debe enmascarar los muchos aspectos en que debemos mejorar: sólo que lo nuestro es de alguna formas más simple: si nos esforzamos, "mañana" (esperamos que un mañana no lejano) habremos salido del subdesarrollo. Agradezcamos de corazón toda la ayuda, pero no a costa de abdicar de valores que después nos costaría Dios y ayuda recuperarlos.

Y la misma prevención debe tenerse ante la próxima Conferencia de Pekín. En el capítulo sobre salud, uno de los más discutidos del Documento Preparatorio que se estudiará, es llamativo que el 80% del texto se refiera a salud reproductiva, mientras apenas se abordan otros graves problemas sanitarios. No olvidemos lo polémicos que fueron ya en la Conferencia de El Cairo algunos términos que muchas veces no eran sino el pasaporte para actitudes que destruían a la larga la misma dignidad de la mujer y, consiguientemente, de la persona humana.

En efecto, bajo el concepto de "salud reproductiva", una línea muy en boga dentro de algunos paises "desarrollados" plantea una ampliación de los asi llamados derechos reproductivos de las mujeres, centrados en el derecho a usar todo tipo de anticonceptivos, por supuesto sin información adecuada sobre los valores éticos, la existencia de otras opciones dentro de un orden natural -ecológico, podría decirse ahora-, y sin mencionar siquiera sus efectos secundarios y contraindicaciones. Esa misma línea sostiene que la mujer es la única depositaria de los derechos reproductivos durante el embarazo y el parto (es decir, vienen a plantear, el niño por nacer no tienen derechos adquiridos, ni el primero que es la vida); e igualmente plantea el aborto en condiciones de riesgo -no el aborto en sí, como es realmente- como una de las mayores amenazas a la salud de la mujer. Sostiene igualmente que los menores tienen derecho a servicios de salud reproductiva y sexual -léase aborto, educación sexual precoz, uso de preservativos-, sin que tengan que saberlo los padres; y que frente al SIDA, debe promoverse el "sexo seguro" (es decir: prevención del peligro del contagio, sin contar con valores humanos nobles sobre el sexo), etc.

Sorprende el poco eco que en los medios de comunicación internacionales ha tenido el llamado de Juan Pablo II, quien fuera exaltado hace pocos meses como el hombre del año por la revista Time. El Papa con frase gráfica apela a lo que llama la valentía de la memoria, para reconocer sinceramente las responsabilidades a las que las mujeres han contribuido, no menos que los hombres, la mayor parte de las veces en condiciones bastante adversas. Es una confesión valiente e inteligente: "Se trata de un acto de justicia, pero también de una necesidad. Los graves problemas en la política del futuro, verán a la mujer comprometida cada vez más: tiempo libre, calidad de vida, migracionmes, servicios sociales, eutanasia, droga, sanidad y asistencia, ecología, etc. Para todos estos campos será preciosa una mayor presencia social de la mujer, porque contribuirá a manifestar las contradiciones de una sociedad organizada sobre puros criterios de eficiencia y productividad, y obligará a replantear los sistemas a favor de los procesos de humanización que configuran la civilización del amor"

Sería miope considerar estas valoraciones como declaraciones simplemente "religiosas" (parciales, piensan algunos en un sentido muy restringido de la palabra). El progreso no debe valorarse sólo desde un punto de vista científico y técnico, que no es ni la única ni su principal dimensión. Mas importante es la dimensión ética y social, que afecta a las relaciones humanas y a los valores del espíritu: "en esta dimensión, concluye el Papa, , la sociedad es en gran parte deudora precisamente al genio de la mujer". Olvidar estas palabras o no tenerlas en cuenta, sería tragico para toda la humanidad, porque denigraría a la mujer y, con ella, a la humanidad entera.

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