LA MUJER Y PEKIN
La próxima conferencia de Pekín hará un balance de una decada de estrategias para la promoción de la mujer. Un tema que interesa a todos - a cualquier persona humana- ya que, como señalaba Juan Pablo II "sin la contribución de la mujer, la sociedad es menos viva, la cultura menos rica y la paz más insegura". "El futuro del mundo -también en palabras del Papa, depende no poco de la conciencia que las mujeres tienen de sí mismas y de que se les otorgue un justo reconocimiento".
El avance experimentado por los paises en desarrollo en las últimas décadas ha contribuido a mejorar la condición de la mujer. Pero todavia una de cada cinco personas de la tierra se encuentra por debajo del umbral de pobreza ($370 dólraes USA) y las mujeres son más expuestas a este riesgo. Por esto, la cuestión de la pobreza femenina concentrará parte de los debates de la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, que se celebrará en Pekín el próximo mes de septiembre. Sin embargo, el aspecto de la pobreza, aún de innegable importancia, no es el único aspecto ni el más importante, como a veces se considera superficialmente, sino más bien el tener una concepción adecuada de la dignidad de la persona humana, de la mujer por supuesto.
Es obvio que como se conciba la dignidad de la mujer va influir en el desarrollo de dicha Conferencia y que ello nos va a afectar a todos. Por esto es interesante tener presente cuales son los puntos básicos que van a discutirse y como deben enfocarse. En una carta entregada por el Papa a Gertrudis Mongella, Secretaria General de la Conferencia, señala esos puntos medulares. Es un mensaje en el que se recogen algunos puntos fundamentales de la ley natural al respecto, y por ello no sólo van dirigidos a los integrantes de 'una religión' sino a toda persona de buena voluntad. De hecho es
tan importante que el Papa dispuso que se enviara a todos los
paises para asegurar su máxima difusión.
El punto central -afirma- que nunca debe olvidarse cuando se trata
de la mujer es que hay que basarse no sólo "en el reconocimiento de
la dignidad inherente e inalienable de la mujer,y en la importancia de su presencia y de su participación en todos los ámbitos de la vida social". El éxito de la Conferencia dependerá más bien, continúa el mensaje, en que ofrezca, "una visión verdadera de la dignidad y de las aspiraciones de la mujer".
Otro punto medular es reconocer que igualdad de dignidad no significa ser idéntica al hombre. Algo obvio, pero que debe resaltarse pues olvidarlo sólo empobrecería a la mujer y a toda la sociedad.
Y un tercer elemento esencial para reconocer la dignidad de la persona -hombres y mujeres- es que cada uno debe experimentar su dignidad no como el resultado de la afirmación de sus derechos en el plano juridico e internacional, sino como la consecuencia natural de una específica atención material, emotiva y espiritual recibida en el corazón de su propia familia. Esto explica la aparente paradoja de que en paises en vías de desarrollo como es el nuestro, haya valores humanos enriquecedores de la persona que se mantienen vivos -incluso más vivos que en paises 'desarrollados'- aun dentro de la pobreza. Es lo que destacaba un asistente social dedicado a la tarea de atender niños huérfanos: que era mucho más facíl rehacer la vida de niños que habían perdido sus padres en la guerra de Bosnia, que de niños de barrios de New York, infinitamente más 'desarrollados'. Aquellos procedían de familias cuyos padres habían muerto en la guerra; estos no los conocieron nunca.
"Ninguna respuesta a las cuestiones que atañen a la mujer" concluye el Papa en esta primera parte del citado mensaje "puede olvidar su papel en la familia o tomar a la ligera el hecho de que toda vida nueva está confiada totalmente a la protección de la mujer que lo lleva en su seno. Para respetar este orden natural, es necesario oponerse a la falsa concepción según la cual el papel de la maternidad es opresivo para la mujer, y que un compromiso con su familia, particularmente con sus hijos, le impide alcanzar la plenitud personal, y a las mujeres en su conjunto les impide influir en la sociedad. ". Si no se respeta este orden natural "se pérjudica no sólo a los hijos, sino también a la la mujer e incluso a la sociedad".
José Joaquín Camacho