VICENTE FOX, UNA BODA CIVIL Y MAS COSAS

Publicado en Siglo 21, 11 agosto 2001

Vicente Fox, ranchero, ex-gerente de la Coca-Cola y sobre todo famoso por haber derrumbado el poder del PRI de 71 años, siempre me cayó bien. Entre otras cosas, por ser un hombre valiente y coherente con sus ideas.

Su reciente boda civil realmente sorprendió a muchos. Precisamente porque ahí no fue coherente. Hizo un error, aunque no hizo alarde de él ni comentarios fuera de lugar.

Es asunto suyo y realmente yo no lo habría comentado si no fuera por algunos comentarios torpes sobre la Iglesia, el matrimonio, etc. hechos con esa ocasión. Y, como cualquiera, puedo aclarar cuando algunos den ideas falsas. Ya pasó, afortunadamente, la época en que bastantes confundían la Iglesia con la Jerarquía. Yo no digo en relación a la Iglesia lo que decía del Estado Luis XIV: L’etat c’est moi, yo soy el Estado. Pero si, que la Iglesia somos cada uno de nosotros. Pero vamos al tema.

Comenzando por el matrimonio: no es invento de la Iglesia. Es la unión de uno con una y para siempre. Lo demás puede respetarse, pero es otra cosa. Es de las realidades más viejas del mundo: Dios creo un hombre y una mujer. De ahí viene. Y quien realmente enmendó la plana al Creador acerca de esta institución de derecho natural fue un personaje que hizo algunas cosas buenas, no ésta: Napoleón. El divorcio –no la simple separacíon, sino la ruptura del vínculo y derecho a otro matrimonio- lo decretó, tal como llegó a nosotros, la Revolución Francesa (20 septiembre 1792) y lo extendió por todo Europa el Código Napoleónico.

O sea, la Iglesia, Jesucristo más concretamente, recoge algo ya existente y lo hace propio –un sacramento-, pero lo básico del matrimonio es igual para cualquiera. Hay que respetar, pero no confundir las ideas.

En Estados Unidos, país con un índice de fracasos matrimoniales muy alto, aun así, casi el 90 por ciento de los que se divorcian o separan continúa pensando que la boda abre un camino para toda la vida. ¿Por qué se da esta contradicción? En el libro The Case for Marriage, publicado recientemente en Estados Unidos, las sociólogas Linda Waite y Maggie Gallagher muestran con datos como el matrimonio indisoluble hay que dejar de considerarlo como algo simplemente privado y verlo más –aseguran– como lo que es: un compromiso público, un ideal moral y una institución social. El matrimonio supone beneficios para las parejas y para toda la sociedad.

Regresemos a México. Fox y su exvocera, católicos, los dos son divorciados por la ley civil, de sus respectivos matrimonios anteriores. Hasta aquí no había problema, salvo que ahora asumieron que sus respectivos vínculos matrimoniales estaban rotos. Pero esto no es verdad: el Estado no puede romper el vínculo matrimonial. Así de claro. Veamos que piensa de ello la Iglesia en México. Son declaraciones del Cardenal Primado, recogidas en la agencia Zenit (Roma 3 jul 01).

El Cardenal Rivera asegura que la Iglesia le acoge con los brazos abiertos. Explica que para la Iglesia católica es irregular la unión entre el presidente Vicente Fox y su ex portavoz Martha Sahagún Jiménez; ahora bien, a los dos les garantizó plena acogida.

En un encuentro con la prensa, el Cardenal explicó que la Iglesia sigue acogiendo a la pareja presidencial con el mismo amor de antes: «Ellos pueden participar en la Misa, las Sagradas Escrituras, hacer obras de amor y de justicia a favor de su prójimo y tienen muchos caminos para su santificación».

Tras el matrimonio, añadió, el jefe del ejecutivo y Martha Sahagún no podrán acceder a los sacramentos de la confesión y la eucaristía, que es la máxima expresión de la comunión de la Iglesia católica. Aunque aquí no lo aclara, es evidente que la razón es porque están conviviendo maritalmente sin estar casados. Por lo que se refiere al efecto que esta unión podría tener sobre la opinión pública, el cardenal Rivera Carrera comentó que «son personas como todos, con limitaciones y debilidades y nadie puede constituirse como juez de los demás y entrar en la vida privada. para sentenciarlos».

Volviendo al comienzo: Fox sigue teniendo mis respetos y mis simpatías. Pero dejemos en paz su vida privada... y a la Iglesia.

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