FALACIAS SOBRE EL MATRIMONIO

(25 noviembre 2000)

Joanne Rowling es muy famosa por sus libros de Harry Potter, que han conmocionado la literatura de fantasía, fascinando a muchos jóvenes. La noticia, que me hace traerla a colación, es que acaba de donar $ 730,000 para una institución de ayuda a las familias monoparentales –con un solo padre-, en Gran Bretaña. Me refiero a algunos de sus afirmaciones con esa ocasión. Sigo comentarios del National Post (Toronto, 11 octubre 2000), en Aceprensa de noviembre actual.

Nadie duda que es muy bueno ayudar a las familias en problemas, concretamente las monoparentales. Lo malo es cuando se pretende darle carta de naturaleza a falacias, es decir, engaños, al hacer pasar como buenas cosas malas, a veces por la técnica de repetirlas. Nadie duda que las familias monoparentales no necesitan que las condenen, sino que las ayuden. Pero se pasa de raya cuando dice que hay que felicitarlas: por decir eso es ocultar la realidad: al separase hicieron una cosa en sí mala, lamentable. La sociedad debe ayudar, no felicitar por algo malo.

Otro argumento que pone Rowling es que no quiere que su hija crezca en una sociedad que le diga que ha tenido una familia que le ha dado una educación de menor categoría. Es cierto que hay madres separadas de su esposo, que se las arreglan para dar una educación esmerada a sus hijos, y que un niño en esas condiciones no es justo que sufra ningún complejo por ello. Pero la verdad no se puede ocultar. Todos los estudios disponibles, confirman lo que cualquiera puede saber por sentido común; que los niños de familias monoparentales corren más riesgo de sufrir problemas psíquicos, malos tratos, fracaso escolar y otras dificultades, y presentan mayor tasa de delincuencia juvenil. La primera obligación con los niños –ese si es un verdadero derecho que tiene- es que no se oculten estos datos, para que algunos adultos se sientan mejor.

Repito que es justo que se ayude a estas familias, fundamentalmente porque están más expuestas a la pobreza. Pero una cosa es comprender y disculpar a las personas que, por la causa que fuera, cometieron un hecho en sí erróneo, y otra pretender canonizar el error.

En muchos tópicos en uso está la falacia de que las rupturas matrimonias son inevitables porque las dificultades son inevitables. Dejo aquí el testimonio del historiador inglés Paul Johnson, pensador líder de los últimos años: "Altercados, diferencias de opinión, discusiones, riñas, ataques de ira, enfados y silencios forman parte de la realidad diaria del matrimonio. Saber resolver esas diferencias es parte de la dinámica vital y del proceso de maduración de una persona. Divorciarse significa interrumpir ese proceso de crecimiento, arrancar de raíz la planta viva y arrojarla, sin necesidad, al fuego.

Mi esposa Marigold y yo llevamos casados casi cuatro décadas. Los dos tenemos un carácter fuerte y somos de opiniones firmes, y hemos tenido nuestras diferencias, algunas serias. De hecho, si hubiéramos decidido dejar de trabajar en nuestro matrimonio, podríamos habernos divorciado más de una docena de veces. Pero hace mucho que se ha difuminado el recuerdo de los motivos, las circunstancias y los detalles de nuestras discusiones. ‘Cariño, ¿por qué estuvimos a punto de divorciarnos en 1992?’. ‘No me acuerdo. Pero no fue en 1992, sino en 1994’. ‘¿Estás segura?’(...). Los esposos viejos saben que los secretos de un matrimonio bien trabajado son paciencia y perseverancia, tolerancia y dominio de sí, estoicismo, tenacidad, resistencia, disposición a perdonar y, a falta de todo eso, mala memoria ".

Hay muchas falsedades en la sociedad actual, que pretenden imponerse a fuerza de repetirlas. Sin ignorarlas, es preciso mantener la seguridad de que es posible cambiar el rumbo de este mundo nuestro; porque el futuro de la humanidad pasa por la salud de la institución familiar. Y eso depende de cada uno de nosotros: con nombre y apellidos propio.

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