EL
NEOLIBERALISMO Y EL SELLO DE GARANTÍA DE LA IGLESIA
Cuentan
que poco después de la guerra mundial, cuando los japoneses tenían aún una
incipiente industria y -según era la fama de entonces- se dedicaban sólo
copiar, rebautizaron una su isla con el nombre de "USA". Así,
cualquier producto podían ponerle "Made in USA". No respondo por
la historia, pero me la recordaba el deseo de poner sello de
garantía -o negárselo, según el criterio del interlocutor- a lo que
ha venido en llamarse neoliberalismo
o economía de mercado.
La
disputa es si la Iglesia está o no a favor de esta sistema. Incluso salió
recientemente un folleto -origen de la disputa actual- que afirma que la Iglesia
desenmascara (entiéndase, condena) al neoliberalismo. En el otro campo,
hay quienes pretenden que Juan Pablo II, más concretamente en la Centessimus
Annus, ha dado el espaldarazo a este sistema económico y político.
No
entro en este momento a qué pienso yo sobre cual es el modelo es el mejor.
Ahora se trata de aclarar un punto previo, que condiciona toda la discusión: ¿tiene
sentido pretender poner el sello de garantía de la Iglesia para una u otra
postura?. Pienso que esto es un abuso. Y grave, porque atenta a un punto más
básico: la libertad personal de formar la conciencia
personalmente y de elegir personalmente lo que cada
uno piensa que es lo más correcto. El reclamo del "sello de garantía"
para modelos económicos y políticos me parece que es similar a la trampa
"Made in USA" a que me refería al principio. Veamos en concreto.
Centrándonos
en los modelos estilo capitalista y socialista, la pregunta previa sería:
¿manifiesta la Iglesia Católica preferencia por uno u otro de estos
sistemas, o recomienda alguno?. La respuesta es rotundamente negativa.
La
Iglesia no ha dicho nunca que un determinado sistema político sea el católico
con exclusión de los demás. Sí ha señalado las deficiencias doctrinales y
prácticas en las ideologías, cuando ha sido necesario, pero éste no es el
tema a que me refiero ahora. El punto concreto es, que compete a los
cristianos
-junto
con sus conciudadanos sean o no cristianos, que iguales son en esto a los demás-
escoger, según la lógica de la convivencia democrática, entre las múltiples
formas de organización económico-social. Y esto la harán, insisto que
como los demás ciudadanos, sus iguales, procurando escoger la forma que
estimen más adecuada para producir el mayor grado de bienestar material y
espiritual para el mayor número posible de personas.
Si
una persona piensa que el capitalismo o economía de mercado produce mejores
resultados que su contrario -el sistema socialista o de economía centralizada
y planificada-, está en su perfecto derecho, pero debe aducir razones técnicas,
y que no pretenda que el Papa lo ha "bautizado", porque no es
verdad. Y lo mismo vige para lo
contrario.
Y
no caer en la tentación -!nadie!- de pretender que representa a la Iglesia
llamando soluciones católicas a lo que no son sino sus opiniones.
Todo lo legítimas que fueran, pero personales.
Parte
esencial de la libertad cristiana es partir de unos principios generales que da
la Iglesia. Principios que, por lo demás, en este campo son, la mayor parte de
las veces, aplicaciones de valores universales, y por ello se pueden
compartir con los no cristianos y es esto lo que permite edificar una
sociedad pluralista.
Hay
que ser lo suficientemente honrados para cada uno afrontar la propia
responsabilidad. Y respetar a los demás que proponen -en todo el inmenso
campo de lo opinable, de lo matizable- soluciones diversas a la propia. Y jamás
mezclar a la Iglesia en lo que son discusiones. Viva la libertad... y la
responsabilidad de responder cada uno de sus ideas sin pretender
presentar como doctrina de la Iglesia el propio criterio.