LA TIERRA, LAS INVASIONES Y OTRAS COSA INTERESANTES
No recuerdo si ya conté la historia, pero viene bien recordarla ahora. Se trata un Obispo que se encontró con que no tenía dinero para poder remediar las necesidades de sus sacerdotes. Alguien le aconsejo que pusiera un negocio -que consideraba absolutamente seguro- de crianza de conejos. Se animó el Obispo y se puso manos a la obra. Cuando terminó aquello y fue a bendecir las instalaciones, se encontró que se llamaba: La Conejera Diocesana. Parece que las carcajadas llegaron hasta Roma y al final ya no siguió adelante aquel negocio, o, al menos, cambió de nombre.
El punto es que cuando se confunden los nombres o se emplean mal los conceptos, hay problemas innecesarios. Quisiera entrar al tema de la tierra, de las invasiones, de la propiedad privada, etc., de lo que ha habido abundantes comentarios, originados por declaraciones o comunicados del campo eclesiástico. Quisiera ir brevemente a un problema de fondo que, a lo que yo veo, se puede confundir por algunos críticos a esas declaraciones.
El llamado Magisterio de la Iglesia tiene una misión muy precisa: ser el único interprete auténtico de la palabra de Dios, es decir, de la revelación. Es decir, todo lo que abarca y se refiere a "la fe y costumbres". Esto dice el mismo Magisterio.
También he aprendido en la Iglesia, que el orden social forma parte del orden moral, por entrar en juego los fines esenciales del hombre. Por ello, la Iglesia considera que tiene el derecho y el deber de hacer oír su voz cuando la sociedad se aparta del recto orden natural. Y concreta: cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas...
El tema de qué abarca el Magisterio, es claro. Y para un católico también es claro que el Magisterio se ejerce -en determinadas condiciones- por el Papa y por los Obispos, aunque no esté reunidos, cuando actúan en unión con el Papa y los demás Obispos. El punto de confusión proviene, me parece claro, de que a veces hay intervenciones de personas de la Jerarquía que hacen declaraciones -en su legítimo derecho- sin pretender otra cosa que dar un dictamen autorizado, pero que no tiene intención -por el mismo contexto se deduce- de pretender estar interpretando la Palabra de Dios en comunión con toda la Jerarquía Universal. Al exigir que cualquier declaración de una autoridad eclesiástica deba ser "definición de fe", se está haciendo una valoración falsa. Además, está coartando la libertad de estas mismas personas de dar intervenciones que, aún siendo privadas, son de gran valor e, indudablemente, hechas con el deseo de prevenir a la gente de posturas peligrosas para la fe o la moral.
Las intervenciones de la Jerarquía para definir la fe son muy precisas y muy solemnes y hechas según los cauces adecuados. Por otra parte, es evidente que las intervenciones de organismos administrativos o de otro tipo (oficinas de diversos servicios, una entidad de ayuda social, un grupo de sacerdotes o religiosos, etc.) no entran bajo el concepto de Magisterio. Sus opiniones deberán valorarse con el respeto a que se hayan hecho acreedores y siempre con la respeto que merece cualquier entidad católica. Pero sus declaraciones -de por sí- no entran dentro de lo que puedan calificarse como intervenciones de la Jerarquía.
No
pretendo enjuiciar el tema de la propiedad privada, que ya está definido por
los organismos adecuados y de modos bien precisos, en lo que a la Iglesia se
refiere. La misma Iglesia afirma que intervenir directamente en la actividad
política y en la organización de la vida social es tarea de los fieles corrientes,
que actúan por su propia iniciativa con sus conciudadanos, por supuesto
atendiendo siempre al bien común y ajustándose al mensaje evangélico. Por
ello, la acción social puede implicar pluralidad de vías concretas: afortunadamente...
Viva la libertad.