LA CONEJERA DIOCESANA
Hace años me contaron de un Obispo que, en tiempos de un gobierno
anticatólico, se encontró con que no tenía dinero para poder remediar las
necesidades de sus sacerdotes. Alguien le aconsejo que pusiera un negocio -que
consideraba absolutamente seguro- de crianza de conejos. Se animó el Obispo y
se puso manos a la obra. Cuando terminó de organizarse aquello y fue a bendecir
las instalaciones, se encontró que se
llamaba: La Conejera Diocesana. Parece que las carcajadas llegaron hasta Roma y
al final ya no siguió adelante aquel negocio, o, al menos, cambió de nombre.
Recordé esta historia porque frecuentemente estamos bombardeados con
noticias confusas sobre temas de la Iglesia. Y muchas veces es problema de
emplear bien las palabras. Sin ir más lejos, hace pocos días aparecía en un
diario el titular: "Obispos católicos imploran perdón por crímenes
cometidos durante la guerra sucia en Argentina". Cuestión de
palabras...Aunque era un titular que literalmente sugería que aquellos buenos
hombres habían cometido quien sabe
que crímenes sucios. Incluso la foto presentaba a un Obispo con cara triste,
bajando penosamente por unas escaleras que podrían ser de la guillotina...
Ya leyendo el texto,
contenía algunas cosas claras y otras confusas o que, al menos, mezclaban
verdades con medias verdades, o sea, con medias mentiras: con mentiras. La pura
verdad es que ellos -representantes de la Iglesia-, no pedían perdón por sus
crímenes (ni personales ni como representantes de la Iglesia), sino por los que
habían cometido algunos católicos. Esto ya es otra cosa. Y hacían alusión
tanto al gobierno de los años 60 y 70, como a los guerrilleros, en cuanto que
había entre ellos muchos católicos, se supone. Pero esto no es, como sugería
el titular, ni crímenes de la Iglesia ni mucho menos de los Obispos. Pienso que
los crímenes que cometan los cristianos a todos nos pueden razonablemente
doler, pero en estricta justicia, no puedo pedir perdón por lo que no he hecho.
A lo más -y posiblemente eso fue lo que tergiversó la noticia- los Obispos,
como cualquier cristiano, podrían pedir perdón a Dios por una cierta
solidaridad que nos une a todos; pero de ahí no se puede pasar sin faltar a la
verdad. Yo por supuesto lo sentiré profundamente, aunque no sea argentino,
porque la Iglesia es única, esté en el país que esté. Pero la idea de fondo
que presenta la agencia de prensa, es una falsedad.
El tema básico -me lo imagino, porque no se expresaba allí- era
preguntar porqué los Obispos no rompieron relaciones con las autoridades de
aquella época. Ese tema, que sí es consistente, se lo despacha el artículo en
una frase, que por lo demás me pareció muy acertada: sólo Dios conoce que
hubiera ocurrido de haberse tomado ese camino. O sea, a saber si hubiera sido
bueno hacerlo a o no. Frase que, en el fondo, no hace más que poner de relieve
una consideración históricamente válida: que para anunciar un mensaje (en
este caso, podría ser, que hay que saber convivir con todos, sean de derecha o
de izquierda), no es preciso caer en la injusticia de globalmente "condenar
el pasado", juzgándolo -según el uso tan frecuente hoy en día, pero
radicalmente antihistórico y superficial-
desde la sensibilidad y las conquistas del presente.
Lo más sesgado de esa noticia es que puede sugerir que la Jerarquía
de la Iglesia deba tener una actuación directa en la política. Un tema complejo,
aunque muy claro cuando se examina con sosiego. La Iglesia misma ha dejado
claro siempre, si ir más lejos en el reciente
best seller del Catecismo de la Iglesia Católica. Allí se aclara que no
corresponde a los Pastores de la Iglesia intervenir directamente en la
actividad política y en la organización de la vida social. Esta tarea es misión
de los fieles laicos (es decir, de los fieles corrientes, los 'de a pié', que
no tiene otro título dentro de la Iglesia que el ser cristianos), que actúan,
por su propia iniciativa, junto con sus conciudadanos. Entre otras razones,
incluso prácticas, porque la acción social puede implicar una pluralidad de vías
concretas. También es claro, siempre según la misma fuente autorizada, que
la Iglesia expresa juicios morales en materias económicas y sociales sólo
cuando lo exigen los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las
almas; y en estos casos ella se
ocupa de ello a causa de su ordenación al fin ultimo; y, sobre todo, se
esfuerza por inspirar las actitudes justas en el uso de los bienes terrenos y en
las relaciones socioeconómicas.
No pretendo opinar sobre lo que hicieron los Obispos argentinos, cosa
que no puedo hacer por muchas razones -bastaría hacer notar lo seccionado y
sesgado de la información por la que conozco este hecho-, pero sí pienso que
es bueno mantener un sano juicio crítico sobre las noticias y cómo las presentan. A solo esto se
refiere mi comentario; y las conclusiones podrían ser las siguientes.
* No se puede pretender de la Jerarquía definiciones que no les
corresponde: esto sería politizar a la Iglesia. Recuerdo la respuesta de
un Obispo, hace pocos meses, que a una pregunta malintencionada de si la Iglesia
seguiría interviniendo en la política de su país, el respondió -más
o menos- lo siguiente: -por supuesto que espero que la Iglesia siga
interviniendo en política: porque espero que sus fieles sigan haciéndolo
utilizando su personal libertad y responsabilidad. Pero si se refiere a la
Jerarquía, mi respuesta es no: yo soy Pastor de todos los cristianos y debo
estar abierto a todos.
* No actúan en nombre de la Jerarquía en sus declaraciones o hechos
las oficinas u organismos menores (como hubiera sido el caso “la conejera
diocesana" a que me refería al principio): no es la Jerarquía quien habla
en esos casos (ella tiene sus canales muy definidos). También es bueno señalar
esto, porque muchas veces tales organismos no se limitan -ni tienen porque
hacerlo- a lo que es misión de la
Jerarquía.
* Es una verdad capital puesta de relieve una y otra vez por la Iglesia
que los católicos trabajan por el bien social (deben hacerlo) codo con codo con
sus conciudadanos, sean o no católicos. La acción social puede implicar una
pluralidad de vías concretas. Cada uno es responsable de lo suyo.
Y cuando uno se equivoca: es uno quien rectifica, sin pretender endosar
a la Jerarquía la culpa de sus eventuales errores. Esos errores se habrán
cometido a pesar de ser católicos, en contra de la moral católica.