PADRES, PRIMEROS EDUCADORES: ¿TAMBIÉN DE INTERNET?
4 de noviembre 2000
Ricardo me enseño un trabajo que habían dejado a la clase de su hija de 9 años. Consistía en saber que les gustaba más: viajar, trabajar, teléfono, internet, jugar, platicar, salir. Estaba algo desconcertado: el resultado de la primera y la última preferencia no tenían muchas sorpresas: viajar y trabajar respectivamente. La segunda era... internet, por encima de jugar. Se ve que gusta mucho. Pero, hay un pero. Lo señalaba recientemente un artículo de opinión, titulado significativamente "WWW.depravacioninfantil.com. Señalaba en resumen que es un tema ante el que vale la pena detenerse, pues a los niños les llega información degenerada.
Estamos ante algo de gran repercusión social: una red silenciosa que se nos mete en casa, sin saber que nos trae. Y que definitivamente afecta a a la familia: desconocerlo es de miopes, y hay miopías que no son sino comodidad de no querer enfrentarla realidad. Definitivamente está afectando a la familia, y esto importa mucho a quienes estamos convencidos de que el futuro de la humanidad pasa por la salud de la institución familiar.
Precisamente el filtrado de Internet, para evitar el acceso a contenidos perjudiciales, fue el tema de la Internet Content Summit, celebrada en Múnich hace un año, con participación de encargados de calificar contenidos en otros medios de comunicación. Muestra el interés internacional que despierta el tema.
En base a encuestas hechas durante un año, el congreso presentó recomendaciones para controlar contenidos peligrosos en la red (en torno al 1% del total). El medio propuesto es la autorregulación: que quienes publiquen en Internet califiquen voluntariamente sus propias páginas, para facilitar el filtrado. Los gobiernos, señala otra de las conclusiones, deben promover esto, pero sin imponerlo ni sancionar los errores de calificación o filtrado: que los usuarios sean los que exijan un comportamiento responsable a los proveedores de contenidos o de conexión. Esta es quizá la idea que se está imponiendo: es necesario crear un sistema para que los padres y educadores tengan capacidad de decisión sobre los contenidos accesibles a los jóvenes. No hay duda del derecho de los padres a decidir el acceso de sus hijos a determinado tipo de contenidos.
Pero así como se abre paso la conciencia del derecho de los padres, está el correlativo de su responsabilidad. Y aquí no hay que esperar leyes ni a ver quien arregla esto.
Lo primero es que si los hijos están entrando en Internet... uno debe entrar también. Y si no sabe... aprenda. Tomar un tiempo para educarse en el uso de Internet, de educarse, digo, enseñando a los hijos la sobriedad en su uso. Es una inversión de tiempo para la seguridad y saludo de los hijos. Y, para esto, una regla de oro es que la computadora debe estar en lugar público de la casa. Así podrá controlar, dentro del ambiente de familia, el uso que los hijos dan a internet y, en general, a la TV.
Asegúrese de haber instalado un filtro; es muy fácil conseguirlo, entre los más populares: CyberPatrol, CyberSitter, X-stop, etc. Igualmente, que el proveedor de acceso a Internet le instale la posibilidad de mantener un control de los sitios visitados.
Hay mucho consejos más, pero lo fundamental para el uso seguro de Internet –y de la TV- es que las reglas del mundo real se aplican también en el ciberespacio. Así como se les pregunta normalmente a los hijos a dónde han ido o se les escucha cuando hablan sobre sus amigos, hay que atenderles también cuando hablan sobre lo que se encuentran en Internet, preguntarles con quiénes se han conectado en Internet. Si los padres no se preocupan por el uso en Internet, los niños creerán que ellos tampoco tienen por qué preocuparse.
Soluciones hay para todo... esforzándose. Así haremos la sociedad que queramos, comenzando por la propia familia.
geocities.com/joaquincamacho