INTERNET Y LOS MATRIMONIOS JOVENES
El
título completo de la noticia que leí era más expresivo: Internet
destroza matrimonios jóvenes. Tema de interés, sobre todo porque se trata
de un curso completo que el psiquiatra y terapeuta familiar, experto en
conflictos matrimoniales, Aquilino Polaino, recién terminó en la Universidad
de Navarra, España. El tema del Curso fue más amplio: "Evaluación y
psicodiagnóstico de los conflictos conyugales", Y su enfoque es más
positivo. Veamos algunas.
El
profesor Polaino comenzó alabando la nueva tecnología, si bien lamentado que
la comunicación íntima pueda romperse por
la adicción a Internet. Sobre todo en los matrimonios jóvenes es algo que
deben controlar. Sus consecuencias conyugales no pueden pasar inadvertidas,
porque el fenómeno empieza a ser clamoroso. Esta dosificación habría que enseñarla
ya en los colegios.
Se
subrayó que, aunque los matrimonios mantienen las causas de ruptura de siempre,
la sociedad ha generado otros dos nuevos motivos de enfrentamiento: "En
primer lugar, se han multiplicado los modelos de familia: monoparental, pareja
de hecho, reconstituida, disfuncional... La gente cree que este tipo de
convivencia es normal, pero la experiencia psiquiátrica demuestra que terminan
de manera nefasta".
Otro
factor generador de patologías conyugales -se ha subrayado en el curso- es el
trabajo, la competitividad laboral en la pareja: nunca como hasta ahora la mujer
se había incorporado tanto y tan bien al mundo laboral. Por eso, cada vez se
observa más competitividad en la pareja, más lucha por traer dinero a casa y
subir más en el escalafón. Es sumamente interesante la coincidencia de estas
ideas con estudios de la Universidad Cornell (Estados Unidos), que revelan también
que los matrimonios donde ambos trabajan a tiempo completo son los que sufren más
tensiones. Muchas mujeres se sienten frustradas por tener que elegir entre
trabajar muchas horas o no trabajar fuera de casa: preferirían un trabajo de
media jornada para poder dedicar más tiempo a su familia.
A
un tercio de las mujeres casadas les gustaría trabajar a jornada parcial. Sin
embargo, muchas escogen el empleo a tiempo completo porque el parcial no les
permite las mismas oportunidades de trabajo. Las mujeres se sienten frustradas
ante la actitud de "todo o nada" de las empresas. Este puede ser el
motivo de que haya un 25% de mujeres casadas que no trabajan, aunque les gustaría
hacerlo, en opinión de Marin Clackberg, profesora de sociología de la
Universidad Cornell.
Otro
estudio realizado en la Universidad Cornell concluye que los matrimonios más
felices son aquellos en los que los dos cónyuges trabajan un número moderado
de horas por semana. Por el contrario, cuando el empleo exige 45 horas o más
por semana el resultado son matrimonios más infelices y problemáticos. Las
parejas con trabajos absorbentes sufren más conflictos entre su carrera y su
familia. En consecuencia, padecen estrés y un sentimiento de impotencia. Según
se deduce de las 1.679 entrevistas realizadas en 1992 entre parejas trabajadoras
de distintas edades, el estrés baja cuando uno de los cónyuges trabaja a
tiempo completo y el otro a jornada parcial. Más notable es que en los
matrimonios donde sólo trabaja el hombre ambos consideran que tienen una alta
calidad de vida.
Regresando
a Aquilino Polaino, su conclusión es positiva, aunque es un reto
revolucionario. Nada menos que la flexibilización de las normas laborales,
especialmente en el caso de la esposa: "Psíquicamente, necesitan pasar
tiempo en su casa, y más con el nacimiento del primer hijo. Hay que mantener el
empleo, pero se puede realizar el trabajo en el hogar, pactar una jornada
continua, o de menos horas. Las leyes actuales son napoleónicas, rígidas,
monolíticas. Si las empresas rompen los matrimonios, se están rompiendo a sí
mismas porque generan tensión, menos rendimiento, bajas laborales...".