LA INQUISICION, EL PERDON Y LA MEMORIA HISTORICA

       La Inquisición siempre está de moda. Todo el mundo sabe algo, aunque suele ser a través de argumentos no muy confiables de las películas. Pero algo de problema hubo en el pasado: con motivo del Jubileo del año 2000, Juan Pablo II manifestó la intención de pedir perdón por el empleo, en el pasado de la Iglesia, "de métodos de intolerancia e incluso de violencia en el servicio a la verdad".

            El Papa repitió esas mismas palabras en su intervención en un Congreso sobre la Inquisición, celebrado en Roma. En su discurso a los participantes, el Papa dijo que el problema de la Inquisición "pertenece a una fase triste de la historia de la Iglesia sobre la cual he invitado a los cristianos a reflexionar con ánimo sincero”. Pero el mismo respeto a la verdad exige conocer bien los hechos históricos, asunto no fácil en un tema que desde hace siglos ha sido motivo de polémica. Por ello, el Papa señaló que la Iglesia "no puede proponerse realizar un acto de naturaleza ética, como es la petición de perdón, sin informarse antes con exactitud sobre la situación de aquel tiempo. Tampoco puede apoyarse en las imágenes del pasado que circulan en la opinión pública, ya que a menudo están sobrecargadas de una emotividad pasional que impide un diagnóstico sereno y objetivo". Por eso, el primer paso ha consistido en pedir ayuda a los historiadores para reconstruir con la mayor precisión posible los acontecimientos, la mentalidad y el contexto histórico de los siglos en los que estuvo vigente la Inquisición.

            Sobre las tales culpas es bueno considerar que no sólo las cometieron los eclesiásticos o los cristianos. Las famosas torturas de la Inquisición, no era sino el sistema usual que emplearon todos nuestros antepasados –también los de cada uno de nosotros- y que, además, les perecía que era muy bueno. Y si nos trasladaran al siglo XV, probablemente pensaríamos lo mismo, aunque hacer eso ahora ahora nos parezca una barbaridad. En el Medievo, nadie podía pensar con la conciencia que tenemos actualmente. La historia está hecha así, tiene sus tiempos: sacar los hechos de su época es falsearlos.

En este sentido, Georges Cottier, teólogo de la Casa Pontificia y presidente de la Comisión Teológico-Histórica, explicó que el problema fue el recurso a métodos violentos para combatir un mal. "Con el tiempo, los cristianos –y, podemos añadir, junto con la parte más progresista de la humanidad- han afinado y profundizado su conciencia moral. Hoy se han dado cuenta de que el recurso a tales métodos no es compatible con el Evangelio. Pero esta toma de conciencia se ha desarrollado muy lentamente". Los instrumentos utilizados en la época eran los comunes, los que la sociedad empleaba.

       Es interesante la opinión de Henry Kamen, conocido estudioso no católico de la Inquisición española. En el reciente Simposio celebrado en Madrid bajo el título Historia de la Iglesia en España y en el mundo hispánico, Kamen considera necesario deslindar los hechos históricos y la propaganda contraria al Santo Oficio, iniciada en el siglo XVI y no superada hasta principios del XX.

       Respecto a los hechos históricos, Kamen recordó que la Inquisición fue un tribunal de carácter mixto, formado por clérigos, pero controlado por la monarquía. Respecto al número de víctimas, resulta interesante, según el historiador británico, comparar las estadísticas sobre condenas a muerte de los tribunales civiles e inquisitoriales entre los siglos XV y XVIII en Europa: por cada cien penas de muerte dictadas por tribunales ordinarios, la Inquisición emitió una.

Llama la atención que sea el historiador británico acatólico quien trate de "absolver" a la Iglesia de sus "pecados históricos". Pero es que el único modo de entender los hechos históricos es ponerlos en su contexto, sin pretender aplicar al pasado los criterios de hoy. Tal vez con este motivo más católicos y no católicos se interesen por la historia y reconozcan la audacia de Juan Pablo II, un Papa que sigue rompiendo esquemas. Que no tiene inconveniente en reconocer las culpas que algunos de sus miembros cometieron precisamente en contra de la doctri­na de la Iglesia. Ella, con su doctrina, sigue siendo la misma: por eso puede pedir perdón del pasado.

 

 

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