LA INQUISICION Y NUESTRAS COLAS MACHUCADAS (...y nuestros propios errores)
Hay cristianos que se sienten como algo incómodos cuando el Papa habla de pedir perdón por los errores de la Inquisición. Y hay no católicos que parecen gozarse, como que… por fin, confiesan que su historia es una historia de horrores.
"Reconocer los fracasos de ayer es un acto de lealtad y valentía que nos ayudará
a reforzar nuestra fe, haciéndonos capaces y dispuestos para afrontar las tentaciones y las dificultades de hoy". Estas palabras que Juan Pablo II explican la razón por la que la Comisión Teológico-Histórica del Gran Jubileo del Año 2000 organizó el Simposio Internacional sobre la Inquisición que tuvo lugar en el Vaticano durante los días 29 a 31 de octubre. Ha sido la primera vez que estudiosos de la Inquisición romana han presentado los resultados de sus investigaciones tras la apertura de los archivos del Santo Oficio el pasado mes de enero.
Según el cardenal Etchegaray, presidente del Comité para el Gran Jubileo, la apertura de estos archivos "prueba que la Iglesia no teme someter su propio pasado al juicio de los historiadores". Las conclusiones del Simposio, se entregaron al Papa para que pueda juzgar cuáles son las responsabilidades de los cristianos en el fenómeno de la Inquisición, con la mirada puesta en la petición de perdón que tendrá lugar el Miércoles de Ceniza del año 2000.
Pero volvamos al comienzo de este artículo. Algunos cristianos pueden plantearse: "Si en el pasado la Iglesia se equivocó, tal vez ahora sus enseñanzas estén también equivocadas". Esta es otra razón por la que el reconocimiento de errores pasados inquieta a algunos en la Iglesia.
Pero es importante dar la verdad completa: el Papa, cuando habla de pecados o errores, deja claro que se refiere a miembros o representantes de la Iglesia, no a la Iglesia misma. Además, el Papa nunca se refiere a la doctrina, a lo que se llama el Dep\sito de la Fe, que ha permanecido y permanece invariable a lo largo de veinte siglos. Propiamente para esto está la Iglesia, y no tiene inconveniente en reconocer las culpas que algunos de sus miembros cometieron precisamente en contra de la doctrina de la Iglesia. Ella, con su doctrina, sigue siendo la misma.
De todas formas, sobre las tales culpas es bueno considerar que no sólo las cometieron los eclesiásticos. Las famosas torturas de la inquisición, no era sino el sistema usual que emplearon todos nuestros antepasados -de cada uno de nosotros- y que, además, les perecía que era muy bueno. Y me atrevo a decir que, si existiera la máquina del tiempo y nos trasladaran al siglo XV, probablemente pensaríamos lo mismo, aunque hacer eso ahora ahora nos parezca una barbaridad. En el Medievo, nadie podía pensar con la conciencia que tenemos actualmente. La historia está hecha así, tiene sus tiempos. Y hay que tener en cuenta las realidades históricas en las que se vive. Hoy nadie podría pensar que la defensa de la verdad pueda realizarse imponiéndola a la fuerza. Pero esto podemos decirlo ahora, con una conciencia nueva, modificada en el tiempo. No tener esto en cuenta es de fariseos, además de que nadie tiene derecho a tirar la primera piedra. Los que hicieron eso eran mis antepasados -de cada uno de nosotros-, y tanto en la sociedad civil como en la eclesiástica.
Y puestos a comparar, Agostino Borromeo, Presidente del Instituto Italiano de Estudios Ibéricos, explica que "aunque los procedimientos inquisitoriales repugnen a nuestra sensibilidad moderna, y aunque pueda parecer paradójico, los estudiosos parecen concordar hoy sobre el hecho de que en los procesos desarrollados en los tribunales inquisitoriales, la posición del imputado estaba mejor garantizada que en el sistema judicial secular".
Todo esto son verdades históricas.