918 LA INQUISICIÓN, LA
INTOLERANCIA Y LOS ERRORES HISTÓRICOS
Poco después de la II guerra mundial, en los Estados Unidos, hubo un
caso ahora ya olvidado, de condena a muerte por espionaje a favor de otro país.
Fue un juicio muy sonado y quizá caso único en que, sin estar en guerra, se
condenaba a muerte -y se ajusticiaba- a espías: era un matrimonio, los
Rossemberg. Quitando a 'los malos' de entonces -los rusos y su imperio-, me
parece que a todo el mundo le pareció razonable... Hoy, sin duda, a nadie se
le hubiera ocurrido hacerlo y menos aplaudirlo.
Traigo esto a la memoria, porque hay acontecimientos históricos cuya
valoración va variando con el tiempo. La sociedad de cada tiempo ha juzgado con
severidad -incluso como digno de pena de muerte- cosas que después no lo haría.
Se trata de valoraciones que cambian, porque las sociedades van progresando en
la apreciación de determinados valores.
Volviendo a la Edad Media, a veces uno se olvida la estrecha unión que
existía entonces entre la religión y el estado. No lo valoro en este momento,
sólo hago notar que existía. Y es muy importante hacer notar que esta unión era
por querer de todos: jamás fue una especie de 'apoderarse' del poder civil por parte de la Iglesia. Era
la sociedad civil -no la Iglesia- la que juzgaba que esa unión era muy beneficiosa
para ella misma. Perseguían a la herejía no por envenenar a las almas (mucho
menos, instigada por la Iglesia), sino porque la sociedad estaba convencida
(con o sin toda la razón) de que las herejías eran antisociales, subversivas.
Consiguientemente el perseguirlas era para ella una defensa y una necesidad
para su misma integridad.
Como ejemplo para nuestra mentalidad actual, puede ilustrar las
reacciones de las sociedades democráticas en su defensa contra ideologías o
partidos totalitarios: es el caso de porqué se perseguía -con o sin toda
la razón- al partido comunista en el 'mundo occidental'. Es lo que hizo que
un pueblo tan amante de la democracia
como son los Estados Unidos, aplaudiera la condena a muerte, antes aludida, del
matrimonio Rossemberg.
Por supuesto, no se trata de justificar. Pero es algo injusto hacer
una condena de hechos que, muy probablemente, cualquiera de nosotros hubiera
aprobado si hubiera vivido en aquella época. Lo correcto es comprender,
disculpar y, por supuesto, lamentar el que hubiera sucedido aquello. A ello sin
duda alude Juan Pablo II cuando afirma: "un correcto juicio histórico
no puede prescindir de los condicionamientos culturales del momento, bajo cuyo
influjo algunos pudieron creer de buena fe que un auténtico testimonio de la
verdad comportaba la extinción de otras opiniones, o al menos, su marginación.
Muchos motivos convergen con frecuencia en la creación de las premisas de la
intolerancia, alimentando un ambiente pasional del que sólo los grandes
espíritus verdaderamente libres y llenos de Dios lograban de algún modo
sustraerse. Pero la consideración de todas esos atenuantes no dispensa a la
Iglesia del deber de lamentar profundamente las debilidades de tantos hijos
suyos, que han desfigurado su rostro, impidiendo reflejar plenamente la imagen
del Señor crucificado, testigo insuperable de amor paciente y de humilde
mansedumbre".
Evidentemente hubo abusos de esa época, pero valorar a la Inquisición
fuera de este contexto es, al menos, una superficialidad y una injusticia.
Y una parcialidad si sólo se aplica a la Iglesia, aislándola de su
contexto. Los errores de esa época, hay que tener claro que no fueron
exclusivos de la Inquisición ni mucho menos promovidos por la Iglesia. Basta
recordar los excesos de los príncipes protestantes y de los mismos 'reformadores'
en juicios de Inquisición a 'sus herejes'. Mas cercanos, tenemos la
persecución -realmente 'inquisitorial'- de la monarquía inglesa contra los
católicos ingleses y, casi
contemporáneamente a nosotros, contra los católicos irlandeses. Sin necesidad
de entrar en la actuación de los poderes civiles y religiosos en los países
musulmanes. Todo esto es silenciado habitualmente cuando se habla de estos
temas...
Parte de esas visiones equivocadas acerca del pasado, es justo también
decirlo, es que la Iglesia, al oponerse a los protestantes, provocó una
reacción. El siglo XVI generó una visión protestante de la historia, que
identificó las Inquisición como parte de una política constante de
persecución. En la historiografía protestante, todo el pasado histórico de la
Europa católica queda reflejado como una gran inquisición. Crearon una falsa
imagen de la inquisición que nunca existió en el tiempo: una inquisición
presente desde la edad media en todos los países católicos, dedicada a la
destrucción de la libertad. Así se ha
falsificado la historia con un espíritu eminentemente sectario que atribuye
exclusivamente la intolerancia a los católicos.
También los ilustrados de la Revolución francesa, y principalmente
Montesquieu y Voltaire, partiendo de una actitud de prejuicio anticlerical,
crearon el mito de una inquisición encasillada en la edad media, dirigida por
el papado y dedicada al exterminio de la libertad.
Vittorio Messori, (autor del best seller sobre el Papa,
"Cruzando el umbral de la esperanza"), señala esta manipulación de la
historia: "los pocos meses del terror jacobino la Revolución francesa,
en 1793, o un solo día de purgas
estalinistas causaron infinitamente más victimas que todos los numerosos siglos
'inquisitoriales'".
El fundamentalismo religioso
(unión de autoridades civiles y religiosas), que lleva a defender y
apartar violentamente toda idea contraria a la religión única, no es de origen
cristiano. El sectarismo o fanatismo no es cristiano: cuando se ha dado, han
sido errores de personas, cometidos "a pesar" de (olvidando o quizá
forzando) la doctrina cristiana.