877 LOS ERRORES DE
LA INQUISICIÓN
El tema de la Inquisición parece a muchos como tema pasado, pero
también para muchos es tema que periódicamente vuelve a plantearse. Un amigo
mío comentaba que la mitad de los cristianos parecen estar acomplejados con
este tema. No es que sea tema que estrictamente afecte a su fe, pero se
presenta un cierto matiz de que 'los cristianos de antes' eran unos
intolerantes. Que eran personas que se dedicaban a quemar en la hoguera a
quienes honradamente pensaban de distinta manera que ellos. En resumen, es un
tema tabú como cuando ha habido algún traspiés en alguien de la familia, y
mejor no se habla de ello: como en algunas familias, en que hay la tía que tuvo
una historia de la que mejor no se comenta nada...
En relación con este tema, suele traerse a colación el caso de
Galileo. Un gran sabio, que fue condenado por la Inquisición en 1633. Aquí la
mayoría de la gente termina..."y murió quemado en la hoguera...". La
verdad es que murió en su Villa de Arcetri, el 8 de enero de 1642, a los 78
años de edad, hasta entonces con una salud envidiable, en una época en que
posiblemente la expectativa de vida no pasaba de los 50 años, y -es testimonio
de sus discípulos, con los que convivía-, lleno de proyectos de trabajo. En
realidad sí fue condenado por 'un tribunal' de la Inquisición, que
indudablemente se equivocó al meterse en apreciaciones de tipo científico.
Y en honor a la verdad, también Galileo se había metido -desbarrando
en lo que tampoco era su campo- en temas teológicos. Recientemente el Papa
reconoció estos errores, pero pienso que para ninguna persona ecuánime
significó ningún problema. Para los científicos, nada perdió nunca: la verdad
estaba clara. Para la Iglesia, mucho menos: se equivocó aquel tribunal en un
tema que no era precisamente de su competencia. Lo que es tonto
-inconsecuente- es que porque un tribunal se equivocó en un tema
científico, se concluya que la Iglesia se opone a la ciencia.
Y es precisamente todo lo contrario. Leí un comentario de un
importante historiador contemporáneo, Stanley Jaki. Nacido en Hungría en 1924,
se estableció en los Estados Unidos en 1951.
Doctor en Física y en Teología, profesor en la Universidad de Seton
Hall de New Jersey, dicta habitualmente conferencias en Edimburgo, Oxford,
Princeton, Sidney, etc. Un gran pensador actual. Este hombre afirma que en las
grandes culturas de la antigüedad (Babilonia, Egipto, Grecia, Roma, India,
China, etc.) la ciencia experimental nunca encontró un campo propicio. Según el cliché generalmente admitido, la
ciencia moderna -y se podría decir una moderna concepción de la sociedad-
parecía haber nacido en el siglo XVIII prácticamente de la nada. Jaki afirma
que el nacimiento de la ciencia moderna sólo fue posible precisamente en la
Europa cristiana, cuando se llegó a dar lo que él llama 'la matriz cultural
cristiana'. Esta 'matriz cultural cristiana' se da en una sociedad que
tiene la creencia en un Dios personal creador de un mundo no necesario, que lo
podremos conocer si lo estudiamos con
ayuda de la observación y la experimentación. Y este hombre creado
libre e inteligente es capaz de conocer el mundo: está en un mundo racional y
puede hacer ciencia, se ve impelido a ella por esta concepción cristiana de la
vida. Esto es lo que sucedía ya en la Edad Media: allí comenzó, con raíces
cristianas, el adelanto científico y general de la sociedad en que deseamos
vivir.
Quizá podríamos concluir ahora -es tema muy amplio y rico- que hay
algunas ideas que deben defenderse porque son la verdad, no simplemente porque debamos
defender la religión a como de lugar. Veamos.
*No todos las historias que nos cuentan son verdad. Hay que
tener
un sano juicio crítico.
El caso de Galileo es sólo un botón de
muestra.
*Hay errores de nuestros antepasados que en nada afectan a las
ideas que tenían y que tenemos nosotros. Hay que tener capacidad
de análisis. Son errores que cometieron -si los cometieron, ¡hay que
tener juicio crítico!- precisamente a
pesar de ser cristianos. La
fe cristiana les debió llevar a ser comprensivos y tolerantes:
razonables. Estas actitudes de la persona ante la sociedad no son
inventos de la Revolución Francesa. Ya tenían vigencia al menos
desde diez y ocho siglos atrás.
*Y hay que tener criterio maduro. Si una oficina menor
de un
arzobispado, por ejemplo, -o, es lo mismo, un tribunal
eclesiásti
co, como es el caso de la inquisición que nos ocupa- se le ocurre
decir algo con implicaciones sociales muy discutibles, será algo
digno de oírlo con buena voluntad, pero evidentemente no es
Magisterio de la Iglesia, no obliga en conciencia, de modo global.
Cada uno, con criterio maduro podrá determinar qué hay de provisio-
nal, de rectificable en algunas de esas declaraciones. También es
éste un tema complejo, pero baste ahora esta idea: hay que tener
criterio maduro, rectamente formado. No se
puede dejar de ir a Misa o frecuentar los Sacramentos porque un tribunal u
oficina de una
curia dice algo en lo que uno no está de acuerdo: eso sería -por
parte de uno, no por parte de la inquisición- falta de madurez,
señal de no haberse tomado en serio las propias creencias.