MANIPULACIONES , SACERDOTES Y OTRAS COSAS MAS.
Cuentan de uno que siempre cuestionaba con tanta seguridad la infalibilidad del Papa –a eso se dedicaba-, que cuando le ofrecieron ser Papa lo rechazó, diciendo que si aceptaba... entonces ya él dejaría de ser infalible. Tal parece ser que para algunos columnistas -de otros diarios-, todos los problemas de la Iglesia católica en general y del Romano Pontífice en particular se acabarían si el Papa leyera sus artículos.
Con esto de los sacerdotes norteamericanos, puede volver a repetirse lo que se llama "una cacería de brujas". Se llama así a exageraciones manipuladas, para lograr algo. El director del Museo Histórico de Berlín, Hans Ottomayer, afirma que durante mucho tiempo circuló el mito de que habían muerto en la hoguera nueve millones de brujas. Ottomayer aclara que, esta cifra fue inventada a mediados del siglo XIX por algunos teólogos protestantes como arma contra la Iglesia católica. Posteriormente, los nazis la utilizaron contra las dos grandes Iglesias cristianas del país –la católica y la luterana–, y ya en los años setenta la cifra volvió a aparecer... Pero según los expertos, las víctimas fueron entre 40.000 y 60.000 personas, y aunque la Iglesia católica condenó la brujería, las condenas de la Inquisición –unas 300- fueron llevadas a cabo por tribunales civiles. Así se escribió la historia, no dejemos que se sigan repitiendo falsedades.
El tema de los sacerdotes suena ya rancio y está solucionado. La insistencia de algunos incluso parece hipocresía, dando consejos que nadie les pide. Peor si es con apariencia farisaica de interés por la Iglesia.
Recordemos en breve algunos datos.
No olvidar de qué hablamos. Los clérigos –a lo largo de medio siglo- que hayan incurrido en estos abusos son una pequeñísima minoría frente a los 46.000 sacerdotes católicos de EE.UU. Sólo un caso es lamentable... pero no estamos ante ninguna hecatombe.
Hay quienes dan consejos sobre la actitud de la Iglesia, como si ésta hubiera querido esconder maldades. Eso no es verdad. Puede haber habido algunos errores de procedimiento en las autoridades, pero en general ha sido muy clara, aunque actúa como un buen padre que a su hijo enfermo no lo abandona. Pero nada que ver con el secreto.
Es innegable la existencia de un verdadero prurito por el escándalo. Pueden haber miles de sacerdotes buenos, pero algunos parecen ver sólo la patología de la religión. La realidad es que el sacerdocio cristiano es y ha sido por siglos una siembra de bien para toda la sociedad.
Es ingenuo ignorar el ambiente en que estamos. Como señalaba el Card. Castrillón, máximo responsable de los sacerdotes, poniendo el dedo en la llaga: En el clima de pansexualismo y libertinaje sexual que se ha creado en el mundo, algunos sacerdotes, también hombres de esta cultura, han cometido el delito gravísimo de abuso sexual. No es una justificación, sino una ambientación del problema que nos atañe a todos.
Otro punto, que manipulan nuestros columnistas son los mitos. El celibato no es causa de ninguna adicción sexual desviada. Señala Ian Evison, del Instituto Bethesda, protestante, que el celibato sea fuente de problemas es "insostenible a la luz de lo que ocurre con las iglesias protestantes". "Los protestantes somos prueba viviente de que se pueden tener serios problemas de abusos aún sin celibato", concluye el experto. El celibato sacerdotal no fue una invención medieval: consta documentalmente, al menos desde el siglo IV, que se practicó ya desde los inicios de la Iglesia. Y el matrimonio, como señala la experiencia, nunca ha tenido una función terapéutica para curar las tendencias sexuales desviadas. Y no olvidemos que toda la enseñanza de la Iglesia sobre moralidad sexual se basa en la dignidad de la persona humana y en la bondad de la sexualidad humana. Es y ha sido un bien para el progreso de la entera sociedad.
Es un deber de todos evitar con energía que algunos pretendan atacar a la Iglesia y extender las culpas, o al menos las sospechas, a esa aplastante mayoría de sacerdotes --centenares de miles en el mundo-- que ejercen su ministerio en ejemplar fidelidad a Cristo y con generosa abnegación y servicio a las almas.