SACERDOTES EN PROBLEMAS

Desde principios de este año han saltado a la opinión pública en Estados Unidos casos de abusos sexuales cometidos por sacerdotes católicos. Aunque casi todos se remontan a bastantes años atrás y afectan a un pequeño porcentaje del clero, han causado daños graves. En primer lugar, lógicamente, a las víctimas. Además, si no se analizan con serenidad, para algunos puede afectar a la credibilidad de la Iglesia y al prestigio del sacerdocio. Y también se reprocha a los obispos no haber aplicado a su tiempo medidas firmes para afrontar el problema. Pero, como señalaba antes, es bueno analizarlo, al menos lo que permite este reducido espacio.

Quizá lo honrado es primero saber qué dice la persona más autorizada. El pasado 28 de marzo, Juan Pablo II lamentaba que algunos sacerdotes habían traicionado la gracia recibida con la Ordenación, cediendo incluso a las peores maldades que actúan en el mundo. Y aclaraba: "Se provocan así escándalos graves, que llegan a crear un clima denso de sospechas sobre todos los demás sacerdotes beneméritos, que ejercen su ministerio con honestidad y coherencia, y a veces con caridad heroica". En este contexto, podríamos esbozar algunas ideas.

El ambiente. No es excusa, sino una realidad que no podemos olvidar porque nos interpela a todos, católicos o no. Con gran sensatez se refería a ello el Card. Castrillón, máximo responsable de los sacerdotes: En el clima de pansexualismo y libertinaje sexual que se ha creado en el mundo, algunos sacerdotes, también hombres de esta cultura, han cometido el delito gravísimo de abuso sexual. No es una justificación, sino una ambientación del problema. Ignorarlo es hipocresía.

Los datos reales. Un solo caso es de lamentar, pero partamos de la realidad. Estamos hablando de un país, Estados Unidos, con 46,000 sacerdotes. Se habla de unos centenares de estos abusos, en cerca de medio siglo.

No desenfocar el problema. Un conocido comentarista norteamericano recordaba la realidad que ya desde los primeros doce que escogió el mismo Jesús, uno fue un terrible traidor. Es un hecho, continuaba, que los católicos debemos asumir como una realidad presente desde los comienzos de la Iglesia. Porque si los miembros de la Iglesia se hubieran centrado en el escándalo causado por la traición de Judas, entonces la Iglesia hubiera dejado de existir hace mucho tiempo. Por el contrario se centró en los otros once, por cuyo trabajo, predicación, milagros y amor a Cristo estamos acá hoy en día. Es un hecho comprensible, que los medios de comunicación casi nunca prestan atención a los buenos ‘once’, que permanecen fieles y viven una vida de silenciosa santidad. Pero aún siendo comprensible esa omisión, no es correcta.

La actitud de la Iglesia. A veces se acusa de secretismo a lo que no es sino la prudente reserva que se vive en cualquier familia. La Iglesia por supuesto no quiere esconder nada, pero actúa como un buen padre que a su hijo enfermo no lo abandona, sino que lo cura, lo cuida, y lo trata con cariño. Pero también ha sido muy clara. Por ejemplo, ya en 1993, durante su viaje a Denver, el Papa subrayó tres principios de actuación: atender a las víctimas, ayudar a los culpables –facilitando su rehabilitación y, si es preciso, haciendo que abandonen el ministerio- y respetar las leyes del país. Evidentemente nada que ver con el secreto.

No extrañarse. Es innegable la existencia de un verdadero prurito por el escándalo. Pueden haber miles de sacerdotes buenos, pero algunos son distintos; y hay quienes parecen solo ver la patología de la religión, y se ven en la necesidad de armar escándalo.

La reacción personal, particularmente de un cristiano, es de afrontar la realidad como un reto. El sacerdocio cristiano, es y ha sido por siglos una siembra de bien para toda la sociedad. Negarlo es de miopes o sectarios. La Iglesia nunca ha pretendido ser sólo de "elegidos", de puros. La debilidad humana ha sido siempre un desafío, que está como siempre en toda su fuerza.

Si hay quienes se complacen en recoger errores, como el famoso escarabajo caquero, allá ellos. Y que no se preocupen: hay errores, ya están suficientemente detectados y en vía de solución.

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