PROTESTAR

Siglo 21, 24 noviembre 2001

Se atribuye a Edmund Burke una afortunada frase: Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada. Lo difícil es definir los buenos. Pero podría aplicarse la frase, si no a los buenos, a los que defienden los valores buenos, los que debe tener la sociedad para que ésta sea buena. Frase que se complementa con otra, ésta de Juan Pablo II: A nadie le es lícito permanecer ocioso.

Recordaba todo esto por una amistosa discusión con un amigo, sobre la eficacia de decir las verdades. La ocasión: desde una columna, alguien se pone algo histérico, porque en una carta se protestaba de que el gobierno siguiera una obsoleta política de control natal, con su ley de salud reproductiva, en vez de defender la solidaridad con las familias numerosas. Decía mi amigo que protestar no sirve para nada. Pero pienso que no es así. Protestar, mostrando la verdad, sirve y siempre. No simplemente por protestar, sino por mostrar la verdad.

Una historia de hace pocas semanas, lo ilustra. En una escuela secundaria en Malone, Nueva York, se suspendió a una alumna por usar un suéter pro-vida. La estudiante estaba usando uno promovido por la organización Rock For Life que dice "El aborto es un homicidio". La administración del colegio le dijo que se cambiara de prenda o sería suspendida y enviada a su casa. La estudiante eligió irse a su casa. Pero interpuso una demanda. La Escuela ha sido forzada a disculparse y a permitirle su uso, en orden a la Constitución norteamericana y el principio de libertad de expresión. Por su parte, el director de Rock For Life, Bryan Kemper, comentó que "en la espalda dice no silenciarán mi mensaje. Y nosotros nos referimos a eso. Estamos muy determinados en terminar el holocausto en contra de nuestros hermanos y hermanas. Ésta no es solo una prenda de moda. Esto es cosa de vida y muerte para nuestra generación".

Hay que perder el miedo a decir la verdad. Hay un pasaje de "Un día en la vida de Iván Denisovich", de Alexander Solzhenitsin, que ilustra esta idea. Recluido en el Gulag, el protagonista piensa en el todopoderoso imperio soviético. Entonces vuelve su vista hacia el palo que mantiene en las manos, mientras piensa: Sólo dispongo de este palitroque frente a un imperio que me tiene prisionero. Pero es que ese imperio es de cartón, y un imperio de cartón bien puede destruirse con un palo de madera.

Lo más grave de una parte de la cultura actual -la cultura de muerte-, es que no sólo pretende el aborto, sino sobre todo destruir nuestros valores más importantes, los que sirven para hacer una sociedad bien hecha. Pero, sobre todo, se presenta como algo inevitable. Y entonces el fatalismo –tendrá que suceder...- actúa como el cloroformo más potente de la sociedad actual: no protestemos, no sirve...

Los ataques que hemos presenciado recientemente contra la Iglesia son injustos y, sobre todo, miopes. Porque no se dan cuenta, parafraseando una conocida frase, de que la religión, y más genéricamente los valores que promueve la religión cristiana –que son universales, no de una iglesia-, son la mayor rebelión del hombre que no quiere comportarse como una bestia. Esos ataques ignoran, o quieren ignorar, que todos los sistemas de creencias, todos los sistemas de valores, pueden usarse para el mal o para el bien, incluyendo a la ciencia. Y también es clara la debilidad humana, que hace a cualquiera no ser en ocasiones coherente con lo que cree. Lo que equivale a decir que es poco honrado intelectualmente confundir la debilidad humana con la naturaleza de la religión.

Y tampoco olvidemos que una democracia se mantiene firme o se viene abajo en virtud de los valores que encarna y promueve. Los ataques a esos valores de la persona, son ataques a la misma sociedad. Eso hace una educación sexual mal orientada, como la que está omnipresente en la mencionada Ley de Desarrollo Social.

Hosted by www.Geocities.ws

1