MONSEÑOR GERARDI; LOS DERECHOS HUMANOS

Tuve pocas ocasiones de tratar a Mons. Gerardi, aunque si fue privilegiada la última: asistí a la Misa que celebró el día anterior a su muerte. Sé de él lo que todos y así lo apreciaré siempre: un hombre sereno, de buen humor, valiente, coherente con sus ideas. Hasta afrontar verdaderos peligros durante su vida. Muchos, por ello, lo señalan como mártir de la verdad de sus ideas. Quisiera resaltar ahora su tema preferido: los derechos humanos. A ellos se refería su último trabajo: Guatemala, Nunca Más. Es una buena forma de recordarle, recodando su tema. Espero que nos esté viendo desde el Cielo, y que le guste que toque este argumento. Y lo voy a hacer de la mano de alguien a quien él tenía en la mas alta consideración: Juan Pablo II. Son unas palabras suyas luminosas, de hace muy pocos días, la pasada Semana Santa, en un Congreso de Universitarios, UNIV, en Roma. Su tema era precisamente "Progreso Humano y Derechos de la Persona". El tema que apasionó siempre a Mons. Gerardi. Transcribo el pensamiento del Papa, sin comentarios: hablan de por sí.

Los derechos de la persona, son el elemento clave de todo orden social. Reflejan las exigencias objetivas e inviolables de una ley moral universal, que tiene su fundamento en Dios, primera Verdad y sumo Bien. Precisamente por eso son el fundamente y la medida de toda organización humana, y solamente basados en ellos se puede construir una sociedad digna del hombre, arraigada sólidamente en la verdad, articulada según las exigencias de la justicia y vivificada por el amor.

Ante las diversas formas de opresión existentes en el mundo, la Iglesia no duda en denunciar con valentía las violencias. Seguirá luchando por la justicia y la caridad, mientras en el mundo se den formas de injusticia; si no lo hiciera, no sería fiel a la misión confiada por Jesús. Cuando está en juego la persona, Cristo mismo mueve a los creyentes a levantar la voz en su nombre. En su nombre y en todas partes, la Iglesia no deja de recordar que la primacía de la dignidad del hombre sobre cualquier estructura social es una verdad moral que nadie puede ignorar.

El hombre es el primer camino que la Iglesia debe recorrer en el cumplimiento de su misión. El hombre es criatura de Dios, y por eso los derechos humanos tienen su origen en El, se basan en el designio de la creación y se enmarca en el plan de la Redención. Podría decirse, con una expresión atrevida, que los derechos del hombre son también derechos de Dios. Por eso su tutela y promoción pertenecen al núcleo central de la misión de la Iglesia. Ella condena todo abuso contra la persona, porque sabe que es un pecado contra el Creador. La iglesia hace todo lo posible por promover el auténtico desarrollo de lo humano en cada hombre, convencida de que el respeto por la persona es el camino para un mundo mejor. La Iglesia debe servir al hombre, si quiere servir a Dios. Este es un elemento decisivo de su fidelidad a El. Por tanto, los cristianos deben procurar con todos los medios a su alcance testimoniar esta convicción en su vida cotidiana.

El Papa estaba hablando a estudiantes universitarios, cristianos corrientes, de a pie. Es decir, todo eso nos toca hacerlo a cada uno, más específicamente a los ciudadanos corrientes, sin más especificaciones que la ciudadanos responsables. Ojalá captemos este mensaje y nos despertemos de una vez. Considerar estas palabras, tan en línea con sus ideales, es la mejor manera de contribuir a que su muerte no sea estéril. Que su obra prosiga y se plasme en todo el conglomerado social, como él quería y luchó por ello. Este esfuerzo de todos sería el mejor homenaje a su memoria que se podría hacer. Espero, confío.

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