JUDIOS, CATOLICOS Y ANTISEMISTISMO

Cara al tercer milenio todos hacen examen, con mayor o menor profundidad. En Roma realizaron un Congreso para estudiar "las raíces del antijudaísmo en el ambiente cristiano", según señalaban despachos de prensa. La Iglesia tiene experiencia del tema. Muy segura de ser santa -se considera de Cristo, Dios-, tampoco tiene inconveniente en reconocer los pecados de los cristianos cuando sus fieles se han apartado socialmente -en su proyección en la sociedad-, de una vida basada en la fe cristiana. Con humor inglés, Oscar Wilde, católico quizá no muy edificante, escribía el siglo pasado: en la Iglesia Católica hay justos y pecadores: para sólo gente honorable, ya está la iglesia anglicana...

Hablamos de pedir perdón a Dios; para los demás, es bueno recordar que todos tenemos la cola machucada. Me viene este pensamiento por algún comentario sobre el antisemitismo en la Iglesia. Concretamente, su actitud ante el holocausto judío. Viene bien aquí aquella afortunada frase: se dedican a transmitir fósiles desinformativos, con perezosa inercia. Lo de siempre...

Porque, en este caso, no hay culpas que confesar, o al menos, no en más volumen de lo que cualquier persona de los años 30 a 45. Muchas historias muestran como muchísimos estuvieron engañados durante los años de los nazis. Nosotros juzgamos aquellos años en base a una terrible documentación descubierta: pero sólo después. Por ejemplo, en 1934, Pío XI publicó la valiente Encíclica Mit Brennender Sorge, contra el nazismo. Quizá esto sucedía en las mismas fechas en que en el Madison Square Garden, en Nueva York, se hacían grandiosas manifestaciones en apoyo de los nazis... Veamos datos y cada cual juzgue.

Historiadores judíos, como Joseph Lichten, de B'nai B'rith (organización judía para mantener la memoria del genocidio), han documentan esfuerzos del Vaticano en pro los hebreos perseguidos. Lichten señala, por ejemplo, que en septiembre de 1943, Pio XII ofreció bienes del Vaticano como rescate de judíos. También que la Iglesia, siguiendo instrucciones del Papa, escondió y alimentó a miles de judíos en el Vaticano y Castelgandolfo, así como en templos y conventos.

Los judíos en Italia, por lo anterior, se salvaron más que en otros países ocupados por los nazis: se calcula que el Vaticano salvó cientos de miles de la muerte. También por esto Zolli, gran rabino de Roma, se convirtió cuando terminó la guerra y tomó agradecido el nombre de pila del Papa, Eugenio.

El Congreso Judío Mundial agradeció en 1945 su ayuda al Papa, con un generoso donativo al Vaticano. El mismo año, el gran rabino de Jerusalén, Isaac Herzog, envió al Papa una bendición especial "por sus esfuerzos para salvar vidas judías durante la ocupación nazi en Italia". A la muuerte de Pio XII (1958), el Ministro israaelí pronunció un sentido elogio al Papa, ante la ONU.

No sólo el Vaticano no hizo denuncias públicas. La Cruz Roja Internacional y el Consejo Ecuménico de las Iglesias coincidieron con la Santa Sede en que era mejor guardar silencio para no poner en peligro los esfuerzos en favor de los judíos. Pero nadie ataca a la Cruz Roja por su silencio de entonces ante el holocausto.

No hicieron así los Obispos holandeses que, en 1942, denunciaron la persecución a los judíos. Los nazis respondieron: al final de la guerra, habían muerto el 90% de los judíos.

Las organizaciones humanitarias judías estaban completamente de acuerdo con el Vaticano: una denuncia pública no tendría la menor influencia en los planes de Hitler; en cambio, pondría en peligro a los judíos que la Iglesia tenía escondidos.

Comenta George Johnston en The Walls Streey Jornal (abril, 24.1997), "nadie dice que el comportamiento del Vaticano fuera perfecto; pero ¿que otra institución hizo tanto por lo judíos?".

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