GUATEMALA, ¿NUNCA MAS?

Asesinato de Mons. Gerardi, una dificil prueba al proceso de paz.

     Recién había terminando su trabajo de supervisar un informe elaborado por la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado (ODHA) que recoge la memoria histórica de 36 años de conflicto armado, cuando manos asesinas pusieron fin a la vida de Mons. Juan Gerardi Conedera, actualmente Obispo Auxiliar de Guatemala.

     La opinión pública internacional ha condenado este hecho, asumiéndolo como una consecuencia de su deseo de esclarecer la verdad de lo que había sucedido en Guatemala, en la lucha -guerra no declarada- entre la guerrilla de corte marxista y el gobierno que en diversas épocas fue militar. Este crimen que el Papa Juan Pablo II calificó de execrable, constituye una dura prueba para el proceso de paz y en especial para sus impulsores, que deberán devolver la confianza a todos acerca de la viabilidad del proyecto de reconciliación. 

     La reacción interna ha sido de absoluto rechazo de este hecho, con un tinte general de desconcierto porque no vigen actualmente los moldes ya caducos de una confrontación fratricida. Con la firma de la paz firme y duradera en Guatemala el 29 de diciembre de 1996, se inició el proceso de consolidación de la paz por medio de la aplicación de los acuerdos suscritos entre el Gobierno de la República y la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG). Previo  a la firma de la paz, una ley de amnistía general fue aprobado por el Congreso de la República (unicameral), con lo que se daba por cerrado todo las implicaciones judiciales de los hechos de violencia que se hubieran cometido contra la población civil por parte del Ejército y por parte de la Guerrilla. La Iglesia Católica tuvo un papel protagónico en las negociaciones que se tuvieron para alcanzar la paz. El proceso de pacificación se inició en Esquipulas, de cuya diócesis era Obispo Mons. Quesada Toruño, nombrado conciliador en 1987.

     Todos asumían que esa confrontación había terminado. Ya se había firmado solemnemente la paz. Los mismos guerrilleros estaban en el país y eran de hecho un grupo político democrático. El ejército -los otros “sospechosos” de la violencia- estaban en buenas relaciones con ellos... Pero veamos hechos.

       El asesinato ocurrió 72 horas después de haber hecho Mons. Gerardi la presentación pública de un informe titulado Guatemala: nunca más. Se trataba de un documento de Recuperación de la Memoria Histórica (REMHI), elaborado por la Oficina de Derecho Humanos del Arzobispado (ODHA), que pretendía ser un aporte al proceso de la paz. Su filosofía podría encontrarse en las palabras del Obispo Gerardi, en 1995: Mientras no desterremos la legitimación de la violencia por una causa, cualquiera que ésta sea, persiste el peligro que la historia se repita. La verdad es amarga, pero sin verdad no habrá reconciliación. Todo se complica cuando no se castiga a los responsables, aun cuando se conocen los hechos al detalle. 

     Mons. Gerardi había nacido en la ciudad de Guatemala el 27 de diciembre de 1924. El 21 de diciembre de 1944 se ordenó sacerdote; el 9 de mayo de 1967 fue electo Obispo de la diócesis de Las Verapaces; el 30 de julio de ese mismo año recibió su ordenación episcopal en la Catedral Metropolitana. Después de casi siete años de estar como Obispo de Las Verapaces, en 1974 fue elegido tercer Obispo de la Diócesis de Santa Cruz del Quiché. Era ésta una zona muy poco desarrollada, con un gran índice de pobreza y fuertes problemas sociales. Quizá por ello, había sido elegido como campo propicio para el movimiento insurgente. Fue época de mucha violencia en el país, en que se desarrollaron fuertes campañas contra la guerrilla, unas legítimas y otras muchas ilegales (guerra sucia). De 1980 a 1983 fueron asesinados 12 sacerdotes en el país. La relación entre el Obispo Gerardi y las autoridades se tornó tensa. Escapó de un atentado en 1980, gracias a los catequistas de un pueblo donde él debía celebrar la misa, quienes le dieron la voz de alarma.

     Fue una época muy violenta y confusa. A él le tocó mas de cerca la violencia de grupos paramilitares, y a ellos dirigió preferentemente sus denuncias. Siempre que se le solicitaba, se presentaba a hablar con el comandante de la zona militar de El Quiché. Era hombre de valor y gran franqueza. Cuentan que en una de esas ocasiones les dijo: Mucho me temo que combatiendo a la guerrilla, los militares van a quedar fuera de la ley. Atacando tanto a la población civil lo que ustedes están haciendo es incrementar la guerrilla. Muchos pensaron que su actitud le costaría la vida, pero la decisión de la Iglesia fue clausurar temporalmente la Diócesis de Quiché. El 20 de julio salió de la diócesis hacia Roma. A su regreso -era la época de la presidencia del General Lucas, una de las mas duras de represión en todos los sentidos- tuvo que irse a Costa Rica, de donde retornó en 1984, tan pronto como se iniciaron los pasos de la pacificación. Colaboró en este proceso, que estuvo a cargo de Mons. Quezada Toruño.

     Volviendo al documento Recuperación de la Memoria Histórica, se trata de una recopilación de testimonios de las violaciones a los derechos humanos perpetrados por el Ejército y la Guerrilla durante el conflicto armado. Las denuncias eran presentadas en oficinas instaladas al efecto. El proyecto fue elaborado por 600 animadores, hombres y mujeres, seleccionados por la ODHA, quienes recogieron unos 6,500 testimonios. Estos testimonios describen 37 mil hechos de violencia que -siempre según este informe- afectaron a 55 mil víctimas. Ese material se procesó en el documento Guatemala, Nunca más, y se presentó oficialmente el 24 de abril por la tarde en la Catedral Metropolitana. De todas formas, es interesante resaltar que, dado lo reciente del documento, nadie -fuera, lógicamente, de quienes lo trabajaron- lo ha podido leer. Son testimonios escritos, sin ningún comentario ajeno al que lo relata: esto es básico para entender el alcance y valorar lo allí publicado.

     El documento final esta dividido en cuatro tomos: 1.- Impactos de la violencia; II.- Los mecanismos del horror; III.- Entorno histórico; IV.- Las víctimas del conflicto.

     También es de interés señalar que, de las víctimas reseñadas, 45 mil fueron registradas entre 1980 y 1983. Se trata de la época en que la guerrilla, coincidiendo con el triunfo en Nicaragua desde 1979 de la revolución sandinista -también de línea marxista-, pensó que podía llegar al poder. En algunos sectores del país -incluidos algunos del ejército- cundió este temor. En esa época, la guerrilla intentó pasar de la "guerra prolongada" a un alzamiento revolucionario generalizado. Ya en 1980, comenzaron a bajar de Ixcan y la zona Ixil, hacia el sur de El Quiché. Estamos aún muy cerca para una valoración definitiva, pero la opinión mas generalizada es que la táctica del ejército se dirigió a separar a la guerrilla de las poblaciones que las apoyaban, lo que originó en ocasiones auténticas matanzas. La guerrilla respondió con similares técnicas, asesinando a colaboradores del ejército y haciendo de ello un castigo ejemplar. Aunque también se cuentan casos de aldeas en que la población no se alineaba y fue eliminada. Todo ello originó, además, desplazamientos de enteras poblaciones que huyeron del conflicto hacia México.

     De hecho, en el documento REMHI, de los 55,021 casos de violencia, el 79,2% se acreditan a la institución castrense y el 9% a la exguerrilla. De las matanzas colectivas ocurridas -la mayor parte en la diócesis de El Quiché, donde era Obispo Mons. Gerardi- se atribuyen 322 al Ejército y 66 a la guerrilla.

     Mons. Gerardi fue asesinado sin dar tiempo a que la opinión pública diera su parecer sobre esta publicación. Se suceden los comentarios sobre los responsables del asesinato. Son, por el momento, puras especulaciones. Todos coinciden en afirmar que no fue planeado por el gobierno que ha mostrado trayectoria limpia en este sentido. Tampoco parece que sea la Guerrilla, que esta iniciándose ahora en la política democrática. Diversas versiones elucubran sobre grupos incontrolados de uno u otro sentido, que desean una incidencia política para ellos. Algunos, pocos, se inclinan por un crimen no político.

     El Presidente de la República, Alvaro Arzú Irigoyen, al presentarse a dar el pésame al Arzobispo Mons. Próspero Penados del Barrio, ofreció conformar una comisión investigadora integrada por miembros del gabinete y dos representantes de la Conferencia Episcopal.

     No sabemos como se solucionara este crimen. Si fue político, no consiguió su objeto porque la reacción que se palpa en toda la opinón pública es de concluir, a toda costa, el mismo ideal que movió a Mons. Gerardi: consolidar realmente la paz en Guatemala. Algunos puede ser que plateen: Guatemala ?Nunca Mas?. Pero la respuesta que priva es la generalidad del país es: Si, ¡Nunca mas!

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