MADRES, NIÑOS Y OTRAS ESPECIES EN PELIGRO DE EXTINCION

Publicación 2 de junio 2001

Cuando esto se publique el sábado –lo envío el jueves-, lógicamente no sé que sucedió el viernes de negro... Pero hay temas que son de fondo, de atención de siempre. Uno es el del titular, que me lo sugirió algo que leí sobre una propuesta de suprimir el día de la madre. Se basaba nada menos en que algunos niños adoptados por homosexuales podían sentirse discriminados. Suena a chiste cruel... para los niños discriminados.

Ya hace algún tiempo, en un Congreso sobre "La Familia y la Economía", presidido por el Premio Nobel de Economía, Gary Becker, hacía notar que se está promoviendo la mentalidad de que la crianza de hijos ya no es una ocupación económicamente rentable. En cambio, los hijos son percibidos como una gran carga económica a los padres que, además, deben frecuentemente dispensarse de las ganancias que una esposa normalmente recibiría si estuviera empleada. En esta misma línea, en otro Simposium realizado el 17 y 18 de mayo de este año en la Universidad de Navarra, España, Gérard-François Dumont, un experto francés en demografía, reclamó medidas políticas que concilien vida familiar y profesional, precisamente para proteger a los niños. Según Dumont, (Universidad de París), para mejorar la situación actual es necesario instaurar una política que considere a los hijos como "fiscalmente deducibles". Actualmente tener hijos se concibe más como un gasto que como una inversión. Y explicó que "desde el punto de vista humano, hay que concebir a los niños como capital humano. En consecuencia, los gastos de los padres en la educación de sus hijos son una inversión y deben ser fiscalmente deducibles, como lo son las inversiones de las empresas".

Quizá lo más ilustrativo es un correo que recibí de una madre: "Fui a una oficina. La empleada me preguntó: ¿Cuál es su ocupación?. No sé por qué, pero las palabras que simplemente salieron de mi boca fueron: "Soy una Investigadora Asociada en el Campo del Desarrollo Infantil, y Relaciones Humanas."

La funcionaria se detuvo; la pluma quedó congelada en el aire; y me miró como si no hubiese escuchado bien. Repetí el título lentamente, haciendo énfasis en las palabras más importantes. Observé asombrada como mi título era escrito en el cuestionario oficial. Me permite preguntarle, me dijo ella: ¿qué es exactamente lo que hace usted en ese campo de la investigación?

Dándome todo el tiempo que las circunstancias requerían, me oí contestándole: Tengo un programa continuo de investigación, (¿qué madre no lo tiene?) en el laboratorio y en el campo (normalmente me hubiera referido a lo anterior como: "dentro" y "fuera de la casa"). Estoy trabajando para mi maestría (la familia completa), y ya tengo cuatro créditos (mis hijas). Mi trabajo es uno de los que mayor demanda tiene en el campo de humanidades (¿alguna madre está en desacuerdo?) y usualmente trabajo muchas horas diarias (en realidad son como 24). Mi trabajo tiene muchos más retos que cualquier labor común; y las remuneraciones más que económicas, están enfocadas al área de la satisfacción personal. Así lo determinamos en el contrato. Se podía sentir un creciente respeto en la funcionaria, mientras completaba el formulario. Una vez terminado, personalmente me acompañó a la puerta.

Al llegar a casa, emocionada por mi nuevo título profesional, salieron a recibirme tres de mis asistentes del laboratorio, de 13, 7, y 3 años de edad. Mientras, arriba. se podía escuchar a nuestro nuevo modelo experimental en régimen de desarrollo infantil (de 6 meses de edad), probando un nuevo patrón en el programa de vocalización.

Me sentí triunfante. Había entrado en los registros oficiales como una persona más reconocida, e incluso indispensable, para la humanidad que sólo "una madre más". La maternidad. . . ¡que carrera tan gloriosa!. Dile esto a otra madre que conozcas, se quede en casa o tenga que trabajar fuera. Todas debemos sentirnos orgullosas de llevar ´ese formidable título´".

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