APOYO ESTATAL A LA FAMILIA: ¿INVERSIÓN O GASTO?
El planteamiento del titular es, para muchos, una pregunta con respuesta pagada. Pero valdría la pena repreguntarse: ¿ por que es deseable el apoyo estatal a la familia? y ¿cómo puede ayudarla?. Me trae esto a colación una reseña de Aceprensa, a un estudio comparativo del sociólogo Lluís Flaquer, sobre las políticas familiares en la Unión Europea, publicado por la Fundación catalana "La Caixa". El tema que plantea es, que la desintegración familiar favorece la marginación social y la pobreza, conductas destructivas –delincuencia, consumo de drogas, embarazos de adolescentes...– entre los jóvenes, y compromete el futuro al hacer que la natalidad quede por debajo del nivel de reemplazo de generaciones. El remedio más eficaz –proteger a la familia– es a la postre el más barato para la sociedad.
Pero volvamos a la primera pregunta: por qué interesa a la sociedad la protección de la familia . Aquí vale la pena recordar a Mary Ann Glendon. Profesora de Derecho en la Universidad Harvard, ha alcanzado un notorio prestigio por sus aportaciones en temas claves: derechos humanos y derecho de familia. Ella plantea la importancia de la familia para la supervivencia de la democracia. La democracia, aclara, junto a un marco legal y económico, requiere sobre todo un determinado tipo de ciudadano: un ciudadano con virtudes como la moderación y el autodominio, así como con aptitudes para la cooperación, el compromiso o la reflexión. Si las naciones democráticas no logran impartir a todos los ciudadanos esas ideas y sentimientos que los preparan para la libertad y que luego les permitan disfrutar de ella, no habrá independencia para nadie, ni pobres ni ricos; sólo una tiranía igual para todos. La familia es la institución social privilegiada para preparar esos ciudadanos. Son ideas éstas que deben servirnos a la hora de exigir del gobierno una clara política familiar.
Volvamos ahora al estudio de Lluis Flaquer, "cómo ayudar a la familia". El primer elemento de la política familiar consiste en las prestaciones económicas directas. La actividad doméstica –criar hijos y atender a ancianos– era considerada en Europa hace años como privada, a diferencia de la actividad productiva. No se reconocía, en la práctica, el valor social del trabajo familiar, no remunerado, que recaía sobre las mujeres. Pero cuidar de niños y ancianos es una contribución al bienestar general. Estos puntos, en Guatemala, son retos a conseguir. Las prestaciones familiares, que deben darse en función del número de hijos que tenga cada familia.
Tras examinar las políticas familiares de la Unión Europea, Flaquer identifica algunas tendencias comunes. En el fondo son medidas para conciliar trabajo y familia, en respuesta al aumento de madres activas. Y así se diversifican los apoyos a la familia, incluso con agentes no gubernamentales (empresas, ONG...). Se presta más atención a prestaciones no monetarias: servicios para atender niños y ancianos, mejora de las condiciones laborales...; en fin, todo lo que facilite a padres y madres dedicar tiempo a sus hijos o ascendientes ancianos.
Quizá la conclusión más valiosa, es que tener una política familiar adecuada a nuestros valores, resulta barata porque es preventiva: genera bienestar y calidad de vida entre el grueso de la población. Y, al contrario, al mantener un núcleo ético de transmisión de valores, dificulta el fracaso escolar, las drogadicciones, la delincuencia juvenil y el embarazo adolescente. Son conclusiones en Europa: vale la pena atenderlas para nosotros.