POLITICA SOCIAL DEL GOBIERNO: UN GRAN FALTANTE
Recientemente presentó el gobierno su Matriz de Política Social 2000-20004. El esquema publicado aparece positivo. Por supuesto, falta ver cómo se concreta: pero lo que nos toca ahora es dar el beneficio de la duda; y confiar que todo irá bien. Sólo señalo aquí una idea que me parece vital. Hay un gran ausente; que debía aparecer como protagonista. Me refiero a una vigorosa política familiar.
Cuando se habla de la familia, puede entenderse como que se tratara sólo del lugar de descanso: home sweat home. Pero el problema es tan serio como la misma constitución de la sociedad. En el Informe de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas de 1999 (PNUD) se señala como una preocupante situación para el nuevo siglo el hecho de que la familia esté perdiendo esta función básica para el crecimiento y desarrollo de la persona humana. "El desarrollo humano es nutrido no sólo por el aumento del ingreso, la escolaridad, la salud, la potenciación y el medio ambiente limpio, sino además por la atención. Y la esencia de la atención se halla en los lazos humanos que la familia crea y suministra.".
El problema es muy de fondo. Por esto se reconoce en la sociedad moderna la
necesidad de que los gobiernos desarrollen una correcta y vigorosa política familiar. Me centro ahora en dos razones por la que la política familiar es vital en un gobierno.
La familia es reconocida como la célula básica de la sociedad. A través de la historia humana, esta institución natural ha jugado un la papel esencial en el desarrollo de la sociedad a todos los niveles, también el económico. Y la razón es clara: cada persona representa la verdadera riqueza de las naciones. Y la solidez de cada persona se fundamenta en una sólida vida familiar, a través del mutuo compromiso del matrimonio, teniendo, criando y educando a los hijos. Y sobre todo, la familia transmite valores, creando así el capital humano en el verdadero sentido: hombres y mujeres que están dispuestos a darse, a tomar compromisos, tener confianza en otros y cooperar con ellos. Sin esta base social ética, una fuerte economía no puede desarrollarse o ser sostenida. Por esto, la familia es la llave a una sociedad sana y a su economía. Si la familia está fuerte, la sociedad será sana. Pero este es un proceso recíproco: la familia no puede sobrevivir sin una buena economía y la sociedad no puede sobrevivir sin buenas familias que aporten personas con valores.
Una segunda razón –hay muchas más- por la que el gobierno debe tener una política familia clara, es porque en el seno de la familia es donde la vida el hombre desarrolla su inclinación natural a la sociabilidad.
En efecto, de ordinario, sólo después de un largo y a veces trabajoso proceso de educación el hombre llega a convertirse en un ser auténticamente social; es decir, a percibir de forma habitual y eficaz el bien de los demás hombres y mujeres como un bien que es también suyo: como un bien común. Y la familia es el lugar natural donde el recíproco sentimiento de afecto y comprensión lleva a que cada persona se vea aceptada y amada por lo que es, con sus virtudes y defectos... Así la persona se siente empujada, a lo largo de toda la vida, a corresponder con igual afecto y amor: aprende primero a querer a los demás miembros de su familia y, poco a poco, se expandirá a todas las demás personas. Todas las virtudes humanas y cívicas -el respeto mutuo, la capacidad de dialogar, la obediencia a la autoridad, la sobriedad y laboriosidad, etc.-, se generan a partir de este núcleo ético. La familia se nos presenta, por este motivo, como la célula básica de la sociedad, de una sociedad verdaderamente humana.
Cuando las directrices económicas, fiscales, políticas de población son equivocadas, frecuentemente socavan la familia. De esta manera, se causa gran daño al crecimiento económico de las naciones y las personas. Igualmente, la simple ausencia de una política familiar verdadera sería una de las mayores tragedias para el país.