FAMILIA, PRESUESTO DEL NIÑO

Gary S. Becker, de la Universidad de Chicago, es premio Nobel de Economía. Confiesa que desde que se supo la noticia, le empezaron a tratar como un experto en todo. Es "una tentación muy grande", dice, pero ha procurado ceñirse a lo que sabe, y no utilizar su posición para atacar al candidato político que no les gustaba. Por cierto, precisamente a nuestros actuales candidatos dedico estas líneas.

El premio Nobel se lo concedieron a Becker por la aplicación del análisis económico a los problemas sociales, entre ellos a la estructuración y disolución de las familias. Su tesis -en el aspecto que aquí nos interesa- es sencilla. Suena así: la gente se casa cuando espera obtener más satisfacción del matrimonio que permaneciendo soltero. El número de hijos dependerá de los costes y ventajas de criarlos; por lo tanto tienen menos hijos cuando la mujer trabaja y está bien pagada, o cuando las ayudas gubernamentales a la familia son escasas, o cuando los costes de educación y formación de los hijos son altos. Con las familias sucede los mismo. La gente se divorcia cuando cree que vive mejor no estando casada. Se puede observar que las tasas de divorcio aumentan cuando los sueldos de las mujeres son más altos que los de los hombres y las ventajas de seguir casadas son menores.

Por supuesto, yo en lo personal no creo que el factor económico sea el único o el determinante, pero indudablemente influye. Por ello una inteligente política familiar es vital para una sociedad. Tradicionalmente se ha entendido por política de protección social a la familia las prestaciones dadas por hijo y los permisos remunerados por maternidad. Sin embargo, la protección social a la familia va más allá de estas prestaciones, e incluso excede el ámbito de la Seguridad Social. Abarca otras áreas, por ejemplo, el sistema fiscal.

Hay que plantearse el tema seriamente. Se debe considerar una política que tenga el objetivo directo de mejorar el bienestar de la familia, como son las prestaciones por maternidad, por hijo que tiene a su cargo, etc. Pero también hay que tomar decisiones políticas que, aunque no se presentan como políticas familiares, influyen en el bienestar y en el comportamiento familiar: las ayudas a la vivienda, las pensiones de viudedad, beneficios fiscales por hijos, etc. Por otra parte, no menos importante, se trata de hacer más compatible la vida familiar y la profesional. Igualmente, dar o facilitar que se den, con una inteligente política fiscal, toda variedad de descuentos y prestaciones en especie concedidos a las familias en determinados productos de consumo de bienes y servicios: reducciones de las tarifas en los transportes públicos, servicios de guardería gratuitos, etc.

No conozco las ideas religiosas de Becker, pero se que sabe economía y que cree que cada persona representa el potencial creativo y es la verdadera riqueza de las naciones. Los economistas modernos llaman a este potencial creativo "capital humano" y reconocen que es el recurso m<s grande para una economía saludable. Sin embargo -y éste es el núcleo del tema-, el fundamento del capital humano es una fuerte vida familiar. A través del mutuo compromiso del matrimonio, teniendo, criando y educando a los niños, la familia es tanto la productora del capital humano como su primer inversor. . Si la familia está sana, la sociedad ser< sana económicamente.

Es tema complejo, pero por el bien del país, ojalá quien desee ser presidente venga con esta política clara. Porque hoy, la ausencia de una política familiar verdadera es una de las mayores tragedias de la mayoría de las sociedades.

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