CUANDO LA PATERNIDAD SE DESMORONA
Hay datos alarmantes. Hace poco tiempo se publicó una estadística de niños en Estados Unidos viviendo con sus padres: 81% en 1960, 62% en 1980, 58% en 1990. En los mismos años, el número de niños viviendo sólo con la madre era del 8, al 18 y 22%. El problema es para los niños en primer lugar, pero incide en la sociedad entera. Son datos que interesa comentar, porque reflejan un problema sin duda alguna generalizado, y, consiguientemente, algo que debemos afrontar también aquí. Porque todo tiene solución si se detecta y se enfoca adecuadamente.
El tema ya salió a la opinión pública, aunque durante mucho tiempo, cuando se debatían fenómenos tales como el incremento de hogares monoparentales, la feminización de la pobreza o la violencia contra la mujer, no se prestó atención al papel que el desmoronamiento de la paternidad pudiera estar teniendo en este panorama.
Nuestra cultura está siendo impregnada de propuestas que socavan la complementariedad, interdependencia y colaboración de los sexos, sobre todo en el ámbito familiar. Además, pesa una sospecha generalizada sobre los hombres, a los que frecuentemente se tacha de autoritarios, competitivos y violentos o -simultáneamente- de irresponsables, inútiles o apáticos. Pero distintas voces -desde la antropología, la economía, la sociología o el simple sentido común- empiezan a destacar los riesgos de este eclipse de la paternidad.
La revista The Economist, ya hace un tiempo, en un reportaje dedicado a la familia, señalaba las desastrosas consecuencias económicas que divorcio y nacimientos fuera del matrimonio suponen para niños y mujeres. El informe ahondaba también en los efectos que las distintas políticas fiscales, de empleo o de protección social tienen en la familia. Así, el positivo esfuerzo de protección social hacia las madres solteras hace que las mujeres con niveles salariales bajos o sin trabajo prefieran depender del Estado antes que de un marido (caso de Gran Bretaña). Por otro lado, un sistema fiscal que beneficie al matrimonio promueve que las personas se casen y que disminuyan los nacimientos fuera del matrimonio (caso de Alemania). The Economist concluía que, junto al negativo panorama económico, el auge de las familias monoparentales esconde un fenómeno preocupante: los padres están siendo borrados del mapa cultural occidental.
En el tema de la paternidad en la familia se centró un Simposio celebrado en el Vaticano, en junio de este año. Aunque son más llamativos los casos de ausencia física del padre del hogar, se habló también de otro tipo de "ausencia", la del padre que, aunque físicamente presente, es víctima de una cierta "crisis de identidad". Alguno de los participantes denunció que se está difundiendo, por motivos ideológicos, el cliché del "padre ausente" o carente de autoridad, al tiempo que otras instituciones, como el Estado, tienden a ocupar ese espacio.
Que los problemas de la disolución de la familia suponen una carga para la sociedad lo dejó claro Robert Rector, de la Heritage Foundation, un think tank de Estados Unidos. Aunque el estudioso norteamericano centró la descripción en su país, no cabe duda de que el problema tiene una dimensión internacional. "En la sociedad americana, lo mismo que en otras sociedades modernas, la familia tradicional, integrada por marido, mujer e hijos, están intentando reemplazarla por un nuevo modelo de familia, integrada por mujer soltera, hijos y subvención pública (welfare state). Todas las partes, padre, madre, hijos y sociedad, son víctimas en este nuevo modelo".
Durante los tres días de trabajo, quedó bien demostrada una idea que el Papa recordaría durante la audiencia que concedió a los participantes: "Cuando las leyes que deberían estar al servicio de la familia, bien fundamental para la sociedad, se revuelven contra ella, adquieren una alarmante capacidad destructiva".
Las consecuencias son claras y llaman a estar alertas. Los varones, padres biológicos, no adquieren la verdadera madurez que supone sacar el hogar adelante, de modo que pasan su existencia en "un limbo de perpetua adolescencia egoísta". Las mujeres, por su parte, sin la protección del matrimonio, se empobrecen y quedan socialmente marginadas; con frecuencia, además, acaban siendo víctimas de relaciones violentas y abusivas con otra serie de hombres incapaces de comprometerse.