FEMINISMO, DEFENSA DE LA FAMILIA Y JUSTICIA SOCIAL

En Estados Unidos y en otros países, cada vez más mujeres, aunque hacen suyos muchos de los objetivos que impulsaron el feminismo, no se consideran feministas. ¿Por qué ocurre esto, a pesar de que siguen aspirando a una mayor independencia? Es tema de gran interés social, pues en el fondo se debate la misma concepción de la familia y, con ello, el progreso de una sociedad justa y solidaria.

Representante del nuevo concepto del feminismo es Elizabeth Fox-Genovese, profesora universitaria, que aborda el tema en su libro "Feminism is not the story of my life". Plantea que para la mujer de finales de los noventa, el hombre no es un enemigo al que haya que combatir. Puede ser un compañero, un padre, un esposo, un amigo... con el que se construye la sociedad, pero no el contrincante en una lucha por el poder. El modo de considerar la familia es el punto que ha provocado está nueva visión de las feministas de acuerdo con la mujer normal, que sigue aspirando a la estabilidad familiar y no renuncia a la maternidad. Para las feministas radicales, cualquiera que hablara de valores familiares estaría defendiendo necesariamente derechos religiosos.

            En el feminismo radical no hay espacio para los valores de la familia. Su dogmatismo no le permite reconocer, en cambio, las diferencias que, de hecho, se dan en la vida y las necesidades de las mujeres, y mucho menos las que responden a criterios de filosofía política o valores religiosos y morales. Así, los problemas de la doble jornada para las madres, la posibilidad de ayuda para atender a los hijos o la flexibilidad en los períodos de maternidad resultan prácticamente indiferentes para el feminismo radical y no hay ninguna colaboración con las mujeres que deciden dar prioridad, con todo derecho y aunque fuera temporalmente, a la familia frente al trabajo.

En todo este planteamiento radical, a juicio de la autora que comentamos, los grandes perdedores son los hijos. Las ayudas para el cuidado de los niños sólo se conciben en el caso de madres solteras. Y la lucha por hacer compatible el trabajo con la atención a la familia se ha convertido en un desafío para cada mujer, en un momento en que la revolución económica de las tres últimas décadas hace difícil en muchos casos, el que la familia media se mantenga con un solo sueldo.

Hay que volver una y otra vez a una recta concepción de los valores y de la persona para que haya una sociedad más justa. Y esto pasa necesariamente por la familia. Pero no son sólo valores: hay que ser conscientes de que hay que lograr un desarrollo social solidario, porque la miseria contribuye a destruir la familia y a corromper las costumbres. Y cuando se fomenta el egoísmo en el seno de la familia, se socava la generosidad debe empezar por el compromiso de amor indisoluble entre marido y mujer y por la acogida de la vida naciente.

El deterioro que percibimos todos en la sociedad actual, es por haberse oscurecido los planteamientos sobre la familia y sobre el hombre mismo. Persona y familia corren paralelas en la estima y en el reconocimiento de la propia dignidad, como también en los ataques e intentos de descomposición. Los intentos pos introducir formas de vida conyugal antinaturales como es la pretensión de equiparar las uniones homosexuales al matrimonio, el divorcio, el aborto, colocan en inferioridad a la mujer, además de dañar -lo estamos viendo- toda la estructura social. No puedo dejar de citar aquí una palabras del que están llamando "el hombre del siglo", Juan Pablo II: "Entre las verdades oscurecidas en el corazón del hombre, por causa de la creciente secularización y del hedonismo reinantes, quedan especialmente afectadas todas aquellas relacionadas con la familia. En torno a la familia y a la vida se libra hoy el combate fundamental por la dignidad del hombre. En primer lugar, la comunión conyugal no es reconocida ni respetada en sus elementos de igualdad en dignidad de los esposos, y de la necesaria diversidad y complementariedad sexual. La misma fidelidad conyugal y el respeto por la vida, en todas las fases de la existencia, son subvertidos por una cultura que no admite la trascendencia del hombre creado a imagen y semejanza de Dios. Cuando las fuerzas disgregadoras del mal consiguen separar el matrimonio de su misión respecto a la vida humana, atentan contra la humanidad, privándola de una de las garantías esenciales de su futuro"

Se están dando reacciones positivas, que ven en profundidad el problema. El libro de la autora estadounidense, a que nos referíamos al comienzo, son un ejemplo esperanzador.

Hosted by www.Geocities.ws

1