EL TABACO Y LOS PROBLEMAS DE FONDO

Admira el interés despertado por la Conferencia Mundial sobre el Tabaco, aunque no han faltado voces que han puesto de relieve lo desproporcionado de como lo trata: como la peor epidemia, como la mayor lacra de la sociedad...

Y sorprende porque hoy la moralidad publica se señala precisamente por el predominio del relativismo ético. No hay criterios -ese es el clima en que nos movemos- para distinguir lo que está bien y lo que está mal. Algunos señalan esto como la salvaguardia de la democracia y de la tolerancia. Otros lo lamentan porque priva a la convivencia de pistas claras de orientación. Es curioso: estamos ante una sociedad desarrollada que arremete contra el tabaco (bienvenido, solo con que evite una sola muerte), pero silencia los verdaderos valores que sostienen la sociedad. Una sociedad que está verdaderamente haciendo agua...

Veamos algo de estos problemas de fondo, porque sí hay verdaderas llamadas de atención. Algunas de sitios inesperados. Es el caso del nuevo libro Le Grand remue-menage, de Evelyne Sullerot, experta en sociología familiar. Muestra como todo comenzó a vacilar, tras la revolución sexual que supuso la anticoncepción y los cambios legislativos, por los años 70: multiplicación del divorcio y descenso de los matrimonios, aumento de la cohabitación, familias rotas y recompuestas con los restos del naufragio, ruptura de la continuidad entre las generaciones... La socióloga francesa no oculta su inquietud ni su amargura.

Lo curioso es que esta antigua militante del Planning Familial francés confiesa que las promotoras de este movimiento no preveían las inmensas consecuencias de la anticoncepción difundida masivamente: "No pensábamos en absoluto abrir la caja de Pandora -de donde, según la mitología griega salieron todos los males de este mundo- de la libertad sexual sin freno de las mujeres".

Evelyne Sullerot intenta salvar lo que se pueda. Para afianzar los lazos familiares, pide a los dirigentes políticos y sociales privilegiar "la relación frente a la separación, la duración frente a lo momentáneo, el matrimonio frente a la unión libre". Buena denuncia. Pero una solución que pretende arreglar males morales con sólo soluciones sociales: intento pobre.

En la misma línea de alertar ante los valores profundos de una sociedad, escribe María Airoldi (Poesia e prosa domestica, Roma), que reacciona ante la imagen acuñada de que, para la mujer, sólo el trabajo fuera de la casa es profesional. Señala las características de verdadera profesionalidad que tiene el trabajo del hogar. Cosa muy importante el afianzamiento de los lazos familiares, el descanso, la recuperación del equilibrio interior tras una jornada laboral, depende de que exista un clima de hogar. Y la protagonista principal -aunque no única- para hacer que así ocurra es la mujer. No significa esto que una mujer deba estar sólo "en casa", sino que hay que buscar soluciones para que no tenga que descuidar el hogar, para que esté presente en los momento clave y dé así este ambiente de familia. Poner bases correctas sobre esto es tarea de la sociedad, de todos nosotros. Una sociedad no podrá edificarse -mantenerse- sin una sana concepción y defensa de la familia.

Sólo una comunidad familiar formada por la alianza de varón y la mujer, ordenada por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole es capaz de generar los presupuestos éticos y culturales que se requieren para construir una sociedad justa y una civilización del amor. Sólo el matrimonio y la familia así entendidos merecen un reconocimiento pleno por parte de la sociedad.

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