Cuando el dinero no lo es todo
El pasado año comentó The Wall Street Journal de diversas personas -hombres y mujeres- que decidían mantener un equilibrio inteligente entre sus funciones de trabajo y su propio hogar.
Es el caso de Jeffrey Stiefler, Director General de American Express, que se retiró de la empresa "por razones familiares", reduciendo en un 40% el tiempo que pasa fuera de casa. Ahora, cena con sus hijos, los lleva a la escuela y conoce a sus maestros y amigos. Y se siente "tan productivo y contento" como siempre. En esa misma columna del citado diario, titulada precisamente Trabajo y Familia, Sue Shellenbarger, madre de familia de 36 años, habla del recorte que hizo de su negocio. El mismo titular ilustra ya: "El secreto para ver crecer a los hijos y aún ganar dinero: evite la tentación y los extremos".
El tema es cada vez de mayor actualidad. Forbes Magazine (enero 1997) pone las cartas sobre la mesa: hasta no hace mucho tiempo, a los mejores trabajadores se les motivaba con buenos salarios y oficinas grandes y amplias. Hoy las compañías inteligentes han tenido que revaluar algunas prácticas básicas de empleo.
Narra el caso de Illinois Trade Ass., que ha conseguido bajísimas tasas de deserción de personal porque los directivos hacen que la vida de sus empleados sean enriquecidas transcendiendo el campo de lo económico. La conclusión a que llegan es que cada vez más hombres -y mujeres- están lanzando el mensaje de que el dinero y el cargo son menos importantes que otras formas intangibles de reconocimiento por parte de la empresa: y concretan: "más tiempo a la familia, por ejemplo".
El artículo citado no aterriza en las causas. Se explaya en una serie de técnicas, algunas realmente novedosas: por ejemplo, prestaciones de salud, en tiempo de oficina, que no cubren los seguros médicos (cuidados quiroprácticos, masajes...);encargarse de la lavandería de sus empleados por cuenta de la propia empresa; igualmente, que alguien vaya a casa de sus empleados para recibir a los obreros que van a hacer reparaciones...
Algunas técnicas centran más el verdadero problemas. Es el caso de Pilar Dailinger, que trabaja para Gandfal Technologies, en Irvine, California. Allí le permiten trabajar dos o tres días en su casa para mejor atención a sus hijos. "Primero leo la correspondencia electrónica, para dar enseguida el desayuno a los niños. Trabajo mientras ellos están en la escuela. Ahora trabajo más horas que las que trabajaba con mi antiguo empleador". Y, por supuesto, puede atender mejor a su familia.
Pero no basta "tener contentos a los empleados". Es preciso reconocer los valores universales que deben informar toda la sociedad y toda sociedad. Este punto es vital para las empresas hoy día. Es lo que Alejandro Llano, en el reciente Congreso sobre "Empresa y Humanismo", definía como una de las características de cualquier "organización inteligente" (así llama a las empresas que se enfrentan hoy al reto del tercer milenio). Deben poseer una ineludible dimensión ética. Y uno de estos valores universales y de siempre, que cualquier empresa debe respetar, valorar y promover es precisamente la familia de sus empleados.
Porque la ética no es especie de armatoste, llegado no se sabe de donde, que nos viene a aguar la fiesta con sus imposiciones. La moral es la lógica de la libertad, la estructura misma de la convivencia. Expulsada por la puerta (cuando no se quieren reconocer sus valores universales), vuelve a entrar por la ventana: es el caso del "descubrimiento" actual de estos valores -uno de ellos es la familia- para la vida de la sociedad, a cualquiera de sus niveles. También de empresa.