EMPRESAS MIOPES... Y OTRAS COSAS
Recientemente leí un anuncio buscando un ejecutivo de alto nivel, un gerente general más exactamente. Por las especificaciones que daban, pretendían buscar alguien de gran empuje profesional. El único problema es que se aclaraba: sin compromisos de horario.
Digo problema, por lo que sugiere. Están en la misma línea, de lo que sucede en algunas universidades norteamericanas, donde empresas van "a la caza" de cerebros, estudiantes del último año que destacan por su capacidad y potencialidad. En las entrevistas hay una pregunta clave: si dará primacía absoluta al horario de trabajo (por supuesto, sobre la familia). Quien titubea o matiza, queda fuera del mercado... Pregunta que es, por lo demás, algo engañosa, porque todos sabemos que a veces hay que sacrificar tiempo de la familia por problemas inmediatos de trabajo. El problema es cuando se plantea como un absoluto, como un requerimiento sin condiciones.
Contrasta esta postura con la de The Wall Street Journal, que mantiene una columna semanal titulada Trabajo y Familia. En ella, por ejemplo, Sue Shellenbarger, madre de familia de 36 años, narra el recorte que hizo a conciencia de su negocio. El titular es significativo: "El secreto para ver crecer a los hijos y aún ganar dinero: evite la tentación y los extremos".
Por parte de los hombres, también The Wall Street Journal Americas traía recientemente ejemplos de hombres, que hacían una opción clara por la familia, aún sin dejar el trabajo.
Volviendo al anuncio a que me refería al comienzo, sugiere -no digo que lo contenga necesariamente- un desprecio hacia la vida familiar por parte de sus grandes ejecutivos, de cualquier personas con ambición profesional. Y el tema de fondo es éste: cuando una empresa no cuida -no favorece- el entorno familiar de sus empleados, está socavando a la larga su misma existencia.
La familia no es sólo "un sitio" donde descansar, comer... Es, además y sobre todo, el lugar natural donde la persona crece en sociabilidad, en saber darse a los demás. Todas las virtudes humanas y cívicas (el respeto mutuo, la capacidad dialogar, la obediencia a la autoridad, la sobriedad y la laboriosidad, etc.), se generan a partir de este núcleo ético de la familia. Se podría decir que, sin familia, sin una atención social a la familia, la sociedad se resquebraja. Y por supuesto, cualquier empresa va camino del fracaso.
No se trata de que la empresa se convierta en una sociedad de beneficencia. Pero existe, cada vez más extendido, el concepto de que una empresa que no pone las condiciones básicas para que se desenvuelva una vida humana correcta, contribuye al desconcierto de toda la sociedad y consiguientemente de la misma empresa.
Parece que los economistas están aterrizando todos en la misma idea. José Ramón Pin, profesor del IESE, la escuela de negocios posiblemente de más prestigio en Europa, presenta y comenta una serie de resultados de encuestas entre directivos de empresas, que opinan sobre la incidencia de la actividad empresarial en la vida familiar. Observa la necesidad de ampliar las iniciativas en favor de la familia, e insiste en el fomento de una cultura empresarial en la que estén presentes los valores familiares.
Para estar en la línea actual, para contribuir a la nueva Civilización del Amor, cara al tercer milenio, ésta es una de las contribuciones claras de las empresas: promover en la empresa y desde la empresa pricipios claros que protejan la familia.