LA DEMOCRACIA NECESITA DE LA FAMILIA
(comprobar si se publicó y cómo; se le pone "famili07" que no existía... está sin corregir y larguísimo...)
Hace pocas semanas The Wall Street Joaurnal Americas presentaba el sorprendene caso de Jeffrey Stiefler, Director General de American Express, quien se retiró de la empresa "por razones familiares". Esta fórmula era hasta hace poco sospechosa de encubrir un despido: pero ahora era comienza a ser verdadera. Se va dando el caso de hombres que en la cioma de sus carreras deciden dar proridad a la vida familiar.
No es que se dedique ahora sólo "a su casa", ocupación que, por otra parte, es muy digna de respeto laboral. Como asesor de una oficina de banqueros de inversión, ha reducido en un 40% el tiempo que pasa fuera de casa. Cena con sus hijos, los lleva a la escuela y conoce a sus maestros y amigos. Y Stiefler se siente "tan productivo y contento" como siempre.
Se dan más casos, aunque sólo los más llamativos salen a los medios de comunicación. Otro de ellos es el de Glenn McLeod, uno de los Gerentes del Bank of Montreal. Mientras sus hijos eran pequeños, su vida era un permanente viaje de negocios. "Añoraba la riqueza única que ellos aportarían a mi vida". Ahora lo ha logrado reduciendo la semana laboral "convencional" a cuatro días. En lugar de gerente, ahora es consultor. "Mi nuevo empleo implica mucha más creatividad y lo encuentro placentero", asegura. Y, paradógicamente, está convencido de que alejarse de su trabajo le resulta más gratificante.
Y más casos. Todos confluyen en una idea: vale la pena. El porqué es lo que no está tan claro. Aunque The Wall Street insiste en lo agradable que resulta, es obvio que la música de fondo es que están descubriendo una verdad de orden natural de siempre: que "vale la pena" esa dedicación a la familia, por ser el "negocio más rentable" a que puede dedicarse un padre. Por supuesto, también una madre, sólo que las mujeres -la mayoría...- son más listas y ya descubrieron esto hace mucho tiempo.
Una de estas mujeres listas es Mary Ann Glendon, madre de tres hijas, con dos nietas ya. Esos son sus datos más interesantes. Aparte, es profesora en Harvard, experta en Derecho Constitucional; ha publicado varios libros y es profesora en Harvard. Pero por lo que la traigo a colación, es por sus apreciaciones interesantes sobre la familia. Apreciaciones tamién valientes, por ser hechas en una sociedad tan deshecha en muchos aspectos como es la norteamericana.
No duda en decir que para la supervivencia de la democracia es vital la familia. Por supuesto, la verdadera familia de siempre: uno, para una y para siempre; y abierta a la vida. Y lo razona así: la democracia, para su marco legal y económico, requiere de un determinado tipo de ciudadano: con virtudes como la moderación y el autodominio, así como aptitudes para la cooperación, el compromiso o la reflexiαn.
Si las naciones democráticas no lograban inculcar a todos los ciudadanos esas ideas y sentimientos que los preparan para la libertad y que luego les permiten disfrutar de ella, no habrá independencia para nadie, ni pobres ni ricos; sólo una tiranía igual para todos. Y la familia es la única institución natural que es capaz de moderar los efectos de la codicia individual, del egoismo y de la ambición.
Señala al divorcio -no se treata de que haya párejas que rompan su vida matrimonila, sino de la institucipin del divorcio como status sociallmente admitido- como uno de los flajelos que acfectan a la mujer, y por tanto a la familia y oor tanto ala sociedad. Otrso dos factortes son: la desconsideracipin del tyrabajol dom+estico (la dedicaciαn al hogar) y las privaciones en los hotgares encabezados por una mujer. Señala también como las tasa de divorcio, en los Estados Unidos, son más altas en las paarejas que han cohabitado antes de casarse, en las que asisten menois a servisios religiosos y, datto interesántísdmo, si viven alejados de los padres de él o de ella.
Está hablando de valores universales que deben respetarse si se quiere que la sodi¿¿ciedad ddemocrpática sobreviva. Habla de recuperar el respeto a la dignidad de todo tipo de trabajo honrado. Es preciso afirmar la priridad de los valores humanos sobre los economicos y compbatir las actitudes de desdén hacia las actividades de atención y servicio a los demás. Todo ello exige un cambio porofundo, radical, tanto a nivel individual como social. El individualismo exasperado -en el que está inmersa la sociedad actual- es tál que la familia está siendo impregnada por ello. POr eso la están destrut¿'yendo. Y con ella, la sociedad.
Son consideraciones que pienso valen la pena tener presentes, sobre todo ahora que tanto se discute sobre la pena de muerte. No sea que estemos acudiendo a remedios parciales, sin ir al verdadero fondo de la cuestión.
Mary Ann es católica. Fue Jefe de la delegación del vaticano anate la Conferencioa mundialñ de Pekín. Sin embargo, está tocandop valores universales no exclusivos de una relñigión. LOs cristiannos, y más los cristianos que hemos crecido en sociedades de matriz crsotoana, como la nuestra, los hemos mamado, nos resultam connaturales. Pero no son exclusivos. Cuenta de su marido, por cu'ierto, judio: "sus padres llegaron a NorteaMÉRICA desde Risia, sion nada, no sirqueira tennían educacikón. Pero trabajaron mucísimo y estaban muy unidos: gracias a esos sus hijos pudieron tener estgudios. El suerño americano es posuible si la gente trabaja y la familia está un fañña la segunda, no es pisble el progreso".