LA INVISIBLE PRODUCCIóN DE LA MUJER: POLÍTICA FAMILIAR AMIGABLE O COLAPSO SOCIAL.

Leía unos datos sobre la dedicación de la mujer al trabajo del hogar en Europa. Incluye datos que van desde Austria e Italia, en que la mujer dedica 39 horas a la semana (unas seis horas diarias), hasta el caso de Dinamarca con 21 horas (unas tres horas al día). El resultado, económicamente hablando, es que el gobierno danés se encarga ahora de la financiación parcial de una red de empresas de servicios del hogar, en el que trabajan alrededor de cien mil personas de ambos sexos. Naturalmente, que no sorprende este dato, si consideramos que Dinamarca es uno de los países pioneros en "permisivismo" sexual, con el consiguiente deterioro de la familia. Hasta el punto de que no sólo están permitidas (legalizadas) las uniones entre homosexuales, sino que incluso la misma Iglesia Luterana las bendice. Lo curioso es que estén tan miopes de que no se den cuenta de qué les sucede y por qué.

Pero hay muchas luces en el panorama mundial. Según el cálculo realizado por varios países -europeos- de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el trabajo doméstico no remunerado -de la mujer básicamente- representa el 50% del Producto Interno Bruto (PIB) de los países desarrollados. Esta estimación supera incluso la elaborada por la ONU, que, en su último Informe sobre el Desarrollo Humano, sitúa la aportación de la producción del hogar en el 40% de la producción mundial.

Los resultados que ahora acaba de dar a conocer el informe de la OCDE constituyen un argumento más a favor de la revalorización del trabajo de millones de mujeres en el hogar que, al no ser remunerado, no se incluye en las finanzas nacionales. Las conclusiones del informe (titulado La production domestique dans les pays de l'OCDE, Paris, 1995), suponen también una advertencia para las Oficinas Estadísticas de los Estados: la inclusión de esta producción a efectos laborales y fiscales, ocasionaría una auténtica revolución en las cuentas nacionales, al permitir determinar mejor sobre quién recae una buena parte de la producción de bienes y servicios.

El trabajo de los ocho miembros de la OCDE ha sido un esfuerzo seriamente realizado para valorar la producción doméstica. Este concepto incluye el tiempo y los recursos utilizados en las principales tareas del hogar: preparación de la comida, lavado y planchado de ropa, reparaciones en la casa, aprovisionamiento, cuidado de niños y ancianos de la familia.

Simultáneamente, en un artículo distribuido a la presa internacional, el premio Nobel de Economía, Gary Becker, reclama la inclusión del trabajo del hogar en los cálculos del PIB. Ello permitiría exigir mayores prestaciones para el ama de casa, al tiempo que mejoraría -justamente- la autoestima de muchas mujeres, contra las campañas de algunos movimientos feministas que centran

-miopemente, incluso desde el punto de vista económico- sus esfuerzos en empujar a la mujer al mercado laboral.

Todas estos estudios están en la línea de las recomendaciones de la Conferencia de Pekín. No es de extrañar que en la reciente Conferencia de expertos sobre "La Familia y la Economía en el Futuro de la Sociedad" (Roma, marzo 1996) se toque a fondo este tema. Veamos algunas de sus conclusiones.

Cada persona representa un potencial creativo que es la verdadera riqueza de las naciones. Los economistas modernos llaman a este potencial creativo "capital humano" y reconocen que es el recurso mayor para una economía saludable. Sin embargo -y aquí coinciden con nuestro tema- el fundamento de este capital humano es una fuerte vida familiar. A través del fuerte compromiso del matrimonio, teniendo, criando y educando a los niños, la familia es tanto la productora del capital humano como su principal usuario?

Estas verdades del Congreso de Roma están avaladas por prestigiosos economistas. Veamos la siguiente afirmación: Sobre todo la familia transmite valores y virtudes, creando así el capital humano en el verdadero sentido; hombres y mujeres que están dispuestos a darse, a tomar compromisos, a tener confianza en otros y a cooperar con ello. Sin esta base social y ética, una fuerte economía no puede desarrollarse o ser sostenida.

Con respecto a la mujer "de su casa" el Documento de Roma, pone de relieve, como una verdadera tragedia social, el hecho de que, particularmente en el mundo llamado desarrollado, la crianza de los hijos ya no es vista como una ocupación económicamente rentable. En muchas sociedades las mujeres no tienen otra salida que la de trabajar fuera de sus hogares, privándoles de la libertad de escoger el trabajar en su casa o no.

El mérito de este Documento de Roma es que, aún partiendo de datos económicos, da conclusiones valederas y positivas en todos los campos. Un punto de particular interés es que señala como las políticas dirigidas a controlar la población están dañando la vida familiar. Esta ideología peligrosa y destructiva -aparte de falsa- está dañando el crecimiento económico y el desarrollo de las gentes.

Las soluciones que da son claras: entre otras, indica el oponerse "a esta ideología maltusiana anacrónica, ahora combinada con el individualismo, que está promovida por varias agencias de las Naciones Unidas, por organizaciones no gubernamentales, por gobiernos de naciones ricas y sus aliados: los mass media". A las mujeres se les debiera ofrecer -con una legislación adecuada y por una reacción positiva de la sociedad-, condiciones económicas que les permita escoger libremente cómo quieren dedicar su tiempo entre el trabajo y el cuidado de sus hijos. Asimismo, los ingresos de las mujeres que trabajan en sus hogares pueden y deben estar incluidos en las estadísticas nacionales, aunque no sea sino para demostrar la contribución masiva hecha a la economía especialmente por las madres y las amas de casa.

No estamos hablando de defensas sentimentales o románticas de la mujer en su hogar. Crear las condiciones para que la mujer pueda elegir libremente -ahora no puede en muchos casos- es un reto que tenemos todos: así debe estructurarse la sociedad y sus leyes. Estas verdades van abriendose paso en muchos países, que realmente comienzan a civilizarse de veras, después de haber deshecho sus sociedades torpemente.

Podemos terminar con palabras del Congreso de Roma: La selección es clara y urgente: o políticas amigables hacia la familia o un colapso social. La política familiar es el camino correcto y ético para resolver la crisis de una sociedad en desintegración y asegurar un futuro viable para la democracia.

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