726 LA FAMILIA DE SUPERMAN

A veces se encuentra uno con personas que no quieren leer el periódico: sólo cuentan malas noticias, dicen. Quizá tengan parte de razón: sólo parte. Porque también hay noticias buenas. Depende de saber leer entre líneas. Y algunas son a las claras francamente positivas.

Hace cierto tiempo, me llamó la atención un titular: "A 'Superman' se le acabaron los días negros de suicidio". Contaba acerca de Christopher Reeve, protagonista de la popular película Superman, quien se había quedado tetrapléjico (totalmente paralítico, sólo podía mover la cabeza) por una caída de caballo. Confesaba este hombre, de 42 años, que 'durante 10 minutos' había considerado la posibilidad de suicidarse para acabar con los problemas que le estaba creando a todo el mundo; pero que el amor a su familia le había convencido de lo contrario.

Con la ayuda de un respirador artificial y confinado a una silla eléctrica que está aprendiendo a manejar, el galán de películas como 'Somewhere in time', dijo que cualquier idea de suicidio se desvaneció en su cabeza cuando vio a sus hijos. "Me di cuenta de lo mucho que me necesitaban y de la suerte que teníamos de que mi cerebro siguiera funcionando". Según manifestó, durante una entrevista que le hicieron en el Instituto Kessler, en West Orange (USA), donde recibe clases de rehabilitación, su peor pesadilla durante ocho semanas fue verse "en sueños cabalgar a caballo, jugar con mi familia, hacer todo lo que quisiera y despertarme a las dos de la madrugada tendido en la cama, sin poder moverme y conectado a un ventilador".

Dos semanas después un nuevo despacho informaba que continúa luchando duramente por recuperarse de sus graves lesiones, y que 'el constante apoyo de su familia le está haciendo mejorar ostensiblemente'. Narra la noticia como recibió la visita de su hijo menor, de tres años, que hasta ese momento lo veía: 'William, al encontrarse con su padre, se inclinó espontáneamente hacia él, cerraron los dos sus ojos y se dieron un beso. Fue de alguna manera un beso de la esperanza, para un hombre que está demostrando ser un auténtico Superman en la vida real. Junto a ellos Dana, la esposa y madre, apenas podía contener la emoción'. Perfila el relato que Christopher sigue paralizado de cuello para abajo, pero que tiene cierta mobilidad en los hombros y ya puede mover la punta de los dedos.

No conozco a este hombre ni su pensamiento: sólo lo que leí en las noticias de prensa. Pero basta para saber que es un auténtico hombre. Y que está protegido por una familia. Y que este caso -como tantos otros que no saltan a las páginas de los periódicos- es una demostración más de que hay una moral común, unos conceptos comunes para todos sobre la vida, sobre la familia, sobre el amor noble. A esto se refería el Papa en la Asamblea de Naciones Unidas: "no vivimos en un mundo irracional o sin sentido, sino que, por el contrario, hay una lógica moral que ilumina la existencia humana y hace posible el diálogo entre los hombres y entre los pueblos..."

Sin olvidar otras palabras suyas que se cumplen perfectamente en éste y en tantos casos en todo el mundo: "No debemos olvidar que, en el nivel personal, cada uno experimenta su dignidad no como el resultado de la afirmación de sus derechos en el plano jurídico, sino como consecuencia natural de una específica atención material, emotiva y espiritual recibida en el corazón de su propia familia".

Todo esto me hacía pensar que, gracias a Dios, es verdad que en todas partes hay también muchas cosas buenas. Y por eso hay que saber no tener una admiración ni un rechazo global por todo lo que viene de fuera. Viene esto a propósito de las ayudas de algunas agencias de desarrollo extranjeras, que las condicionan a que rompamos nuestros moldes tradicionales sobre la familia y sobre los hijos. Es cierto que nosotros tenemos grandes problemas materiales. Pienso que también deseos de superarlos: y que debemos hacerlo.

Pero también es justo que reconozcamos los valores sociales, de calor humano y familiar que mantenemos. Y que nos enorgullezcamos de nuestros padres y de la herencia cristiana que nos han legado. No dejemos que nos los cambien sin más por 'desarrollo': no hay nada que intercambiar perdiendo lo mucho bueno que tenemos.

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