786 LA FAMILIA...¿Y LA TOLERANCIA?

Hay muchos a quienes les gustan las reuniones-desayunos para juntarse con su amigos. Yo tengo mis dudas de que sirvan. El otro día, precisamente en uno de esos desayunos, salió el tema de la necesidad de detener la violencia, de la inutilidad de la guerra. Todo iba bien, hasta que alguien -espero que totalmente en broma- dijo tajantemente: lo que debe hacerse es prohibir las guerras; y si alguno quiere empezar una, llamo a mi amigo Chirac y le digo que le eche una bomba atómica. Por supuesto, fue al final de la reunión.

Traigo esto a colación por el tema de si se puede imponer la 'verdad de uno' a los demás. Es de nuevo el tema de la tolerancia. Todos estan de acuerdo con la definición del Diccionario: 'permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente'. Ser tolerante puede ser algo muy bueno.

Pero, si sé que una cosa es buena en sí, ¿puedo imponerla? Y es bueno recordar entonces que la tolerancia tiene sus reglas del juego: entre éstas el respeto a la persona y su libertad. Es claro que también exige tener unos conceptos básicos sobre la verdad. Aún suele añadirse otra característica, si se quiere ser un buen tolerante: no puede tolerarse nada en contra de los derechos de terceros.

Volviendo al tema: si yo tengo, ya en concreto, una idea sobre la familia (un hombre y una mujer en sociedad marital, abierta a los hijos) y afirmo que eso es un tesoro objetivo que debe tener toda la sociedad, pueden surgir preguntas. Por ejemplo: ¿no supone ese concepto un ataque a la libertad de los demás?

En efecto, debe respetarse la opinión ajena, pero esto no implica afirmar que no haya un bien y una verdad objetivos. De acuerdo en no imponerlo -hay que 'mostrar la verdad', convencer, no vencer-; pero debo defender lo que creo bueno y verdadero y sé que es un bien para los demás. Aunque el escepticismo (pensar que no se puede conocer la verdad con certeza) o el relativismo (considerar que no hay verdad objetiva: toda depende de lo que a cada uno le parezca) parece que son un servicio a la tolerancia, son, por el contrario, su mayor adulteración. En efecto, si no hay verdad o no puede ser conocida, no hay nada que tolerar: todo se reduce a un egoista encogimento de hombros...

Otra pregunta es si no sería más democrático defender un concepto plural de la familia, y que así lo estableciese el Estado.

Aquí habría que recordar que la democracia tiene su función: renovar periodicamente y sin violencia a los gobernantes, de acuerdo con la mayoría del pueblo. Pero nadie dijo -y si lo dijo, puede uno estar en total desacuerdo con él- que la suma de voluntades defina la bondad o malicia, la verdad o falsedad de las cosas (baste pensar en la subida de Hitler al poder, la anexión de Austria a Alemania...hasta el plebiscito a favor de Hussein...o, más exactamente para lo que aquí nos referimos, en la aprobación del aborto en diversos paises). La democracia no suplanta -sería el peor servicio que se haría a la sociedad- la necesidad

ética-natural (impresa en el hombre) que todos tenemos de descubrir, cada uno por si mismo, la verdad sobre el hombre y luego hacerla patente en el conjunto de la sociedad. Verdad sobre el hombre, debe insistirse, que es perfectamente cognoscible para todo ser humano.

Una última pregunta: ¿Y no sería más democrático, no bastaría ponerse de acuerdo en un mínimo ético? Y hay que insistir en la misma idea: hay que impulsar a cada una de las personas que integran la sociedad a buscar el consenso sobre lo más razonable, lo más humano, lo más respetuoso con la dignidad de la persona humana. Claudicar sobre esto, es un gran perjuicio a la humanidad. Un concepto claro (aunque a alguno parezca duro) sobre las verdades elementales humanas: la familia, el matrimonio, la vida concebida...es un gran beneficio para todos. Y si no, que lo digan algunos paises 'desarrollados' con familias deshechas, problemas que no entienden (la violencia irracional de los cabezas rapadas neonazis en Hamburgo, los niños que matan niños en Inglaterra...). Problemas sin sentido que tienen por no haber defendido, por haber destrozado 'estatalmente' unos valores que no están a discreción de nadie.

Por supuesto que no voy a llamar a mi amigo Chirac para que "le eche la atómica" a los que están en desacuerdo conmigo (como bromeaba mi amigo del comienzo de este artículo), pero tampoco puedo, en aras de una falsa tolerancia, jugar con lo que es patrimonio de la humanidad.

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