UNA IGLESIA SIN FUTURO Y OTRAS TEORIAS

Mucha recepción han tenido los comentarios sobre Darwin. Es que era para alarmarse: "Darwin rehabilitado por la Iglesia", "Roma reconoce por fin el evolucionismo"... son algunos titulares sobre el reciente mensaje del Papa a la Academia Pontificia de las Ciencias, donde confirma que no hay inconveniente entre evolución y creación. Leyendo esos comentarios, uno podría sacar la impresión de que la Iglesia se ha caído ahora del árbol del paraíso y ha descubierto que debajo no estaban Adán, Eva y la serpiente, sino Darwin y la selección natural. El "oscurantismo religioso", finalmente habría tenido que rendirse ante la evidencia científica.

Sabemos que esto no es más que ignorancia de algunos comentaristas: titulares absolutamente confusos porque la Iglesia ni abre ni deja de abrir las puertas a esta teoría: simplemente recuerda que no hay problema en admitirla. Lo recuerda sólo, pues esto es cosa ya conocida desde hace muchísimos años. Jamás la Iglesia como tal declaró incompatible con su doctrina un evolucionismo que admitiera el hecho revelado de la creación.

Lo malo es cuando intentan sacar conclusiones inaceptables. Tal es el caso de algunos comentarios, quizá con buena voluntad -y al menos con igual dosis de desinformaciòn- que juntan varios tópicos como éste y pretenden la conclusión absurda de que la Iglesia cambiará en lo que son verdades esenciales. Igual que cambió la Iglesia en lo de Darwin, dicen, hará en otros temas.

De hecho, cada cierto tiempo suele decirse que, si la Iglesia católica no cambia tal o cual doctrina o práctica, no tendrá futuro. La Iglesia -siempre según esos alarmistas- debe adaptarse a lo que es la moda en cada momento, so pena de perder el tren de la historia. Lo curioso es que quienes dicen esto, suelen esperar el tren de la historia en estaciones donde ya no llega el tren. Recordamos a Napoleón, preguntando burlónamente cuántos cañones tenía el Papa, para descalificar el tenerlo en cuenta en los pactos de paz europeos; o más recientemente Stalin, preguntando cuantas divisiones tenía el Vaticano.

Hay errores que se rectifican: por ejemplo, la condena de Galileo por un tribunal de la inquisición. Tema muy interesante, del que habrìa mucho que aclarar. Baste ahora la consideración de que nadie con mediano buen criterio basa sus creencias en los dictámenes de un tribunal de la inquisición: hay cosas -y organismos- mucho más serios que sí señalan lo que es esencial, lo que se debe creer.

Cuando se trata de temas como el celibato sacerdotal, la vida frente al aborto o la inconveniencia de la ordenación de mujeres, ahí sí estamos ante cosas que ni cambian ni van a cambiar. Son intervenciones del magisterio en toda su amplitud. Juntar esto con Darwin o Galileo es confundir las cosas, pues sobre estos últimos temas, jamás ha habido definiciones "rigoristas" que algunos pretenden presentar. Presentan una falsedad y deducen "lógicamente" otra... falsedad. Todo esto es bastante elemental para cualquiera que se preocupe por conocer -aunque no practique- la doctrina católica.

Así, causan extrañeza algunas reacciones que reflejan el estado fósil de los conocimientos religiosos de algunos comentaristas. Puede ser que la evolución de las especies sea cierta, pero se comprueba sin duda que la evolución más lenta es la de los prejuicios religiosos de algunos: su visión anquilosada -y falsa- de una pretendida oposición entre fe y ciencia.

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