EL HOLOCAUSTO SILENCIOSO
En un artículo publicado en el diario liberal holandés NRC Handelsblad (25-IX-1997), Renée Braams se refiere a la criba sistemática de fetos con síndrome de Down, detectados por amniocentesis (punción para examinar el líquido amniótico). Llama la atención sobre el hecho de que cuando se detecta el síndrome de Down, son fetos de ya 20 semanas . Un embarazo así se interrumpe provocando el parto, porque es ya demasiado tarde para otro tipo de aborto. El feto nace muerto o muere después de unos minutos.
Holanda admite aborto en casos en que la minusvalía comporte un sufrimiento grave. Pero, señala la misma autora, "si pronosticar el sufrimiento que le espera a un recién nacido es difícil, en el caso del síndrome de Down resulta sencillo. Los mongólicos no sufren por serlo".
Matar o esterilizar a no deseables parece cosa de nazis. Pero recientemente causó conmoción la revelación de las esterilizaciones forzosas en Suecia por motivos eugenésicos, es decir, para conseguir la pureza de la raza aria, privando de la capacidad de procrear a gentes molestas para una sociedad moderna y perfecta (retrasados mentales, marginales, inadaptados...). Unas 60,000 personas. Esto fue desde 1935 hasta... 1970. No fue un caso aislado: incluso en los Estados Unidos, durante las primeras cuatro décadas de este siglo, la esterilización por motivos eugenésicos estaba admitida; y se continúo aún en los 50.
Después de los nazis, se desacreditó la eugenesia, aunque no hasta desaparecer, como se ve por el caso sueco. Pero es importante darse cuenta que si bien la eugenesia impuesta por el Estado repele actualmente, los avances del diagnóstico prenatal y la licitud de abortar, abren el camino a una eugenesia libremente aplicada. Igualmente malvada: incluso más de alguna manera, pues el hecho de ser libremente elegido hace más profundo el daño.
Mientras la medicina logra tratar las enfermedades del feto, el diagnóstico prenatal sirve a veces para detectar y eliminar fetos con alguna anomalía. Al principio se trataba de anomalías graves. Pero poco a poco, el deseo de evitar el nacimiento de un hijo gravemente enfermo, va sustituyéndose por querer tener un hijo "normal" y, finalmente, "al gusto" de los padres.
Impacta el manifiesto de la Asociación de Paralíticos de Francia, que advirtió cómo el diagnóstico prenatal podría generar una creciente discriminación social hacia las personas con deficiencias: "Si no se deja nacer a un niño por razón de que tiene, o se presume que va a tener, un defecto, el que ha nacido con esa deficiencia, ¿podrá ser considerado como verdadero niño? ¿No corre el riesgo de convertirse en un "error médico", puesto que ha logrado escapar a una criba sistemática? ¿Cómo podrán escapar de una discriminación social las personas que han sido objeto de una discriminación tan crucial en el origen de la vida?"
Hay quien dice que no hay riesgo de eugenesia mientras estemos en un sistema democrático. Pero no se necesita de un Hitler. En nombre del derecho de los padres a tener un hijo de buena calidad o al gusto, podríamos volver a encontrarnos con los viejos fantasmas por otros caminos.
No olvidemos que no estamos ante muertes individuales o problemas privados: lo tremendo es que, cuando una sociedad permite todo esto, sufre un daño profundo en toda su estructura, por dañarse los mismos valores que la sostienen. Cuando Adolph Hitler firmó la orden de trasladar los primeros 273,000 niños, ancianos, enfermos y retardos a las cámaras de gas, nadie protestó. Ni siquiera el gremio médico. Tienen en su disculpa que la inmensa mayoría no se enteró. Nosotros sí. Y no podemos permitirlo si queremos que los que vengan después encuentren una sociedad digna de la persona humana.