CONVICCIONES PERSONALES Y ELECCIONES
Parece que todos estamos muy emocionados con las elecciones. Esto es bueno. Algunos especialmente emocionados: se tiran los platos a la cabeza, sacan los trapos al sol del opositor: y pienso que también esto es positivo. Porque es un logro que se pueda hablar, pasear banderas y posters en los carros y en las casas, es señal de que ya pasó el tiempo en que nadie manifestaba públicamente su opinión, y por supuesto no ponía signos partidistas… por si acaso. Ya nos estamos acercando a que los periodos de elecciones sea una fiesta cívica.
No voy a decir las excelencias del candidato por quien votaré ni a explicar las ventajas que ofrece el partido de mis preferencias: ya hay bastante propaganda, debates y desplegados de prensa, para que nadie necesite que se le diga más. Al menos, no yo. Pensaba más bien referirme a cosas que los gobernantes no suelen insistir. Me refiero a: las obligaciones nuestras, las del pueblo llano. Los candidatos no se atreven a exigir responsabilidades, porque par5ece que es poco político. Puede restar votos. Aunque a veces si atrae: fue el caso de Churchil, cuando ofreció a los ingleses sangre, sudor y lágrimas, y le respondieron, pudiendo ganar la guerra. Aunque a decir verdad, en las elecciones inmediatas al fin de la segunda guerra mundial, votaron en contra suya: se ve que no querían más exigencias.
La primera exigencia es dejar ya de estar echando culpas a los demás, ni siquiera a los gobernantes. Ellos tendrán la suya, pero el tema a que voy es que tengamos conciencia de que hacer bien la sociedad, el que sea más humana, depende de cada uno de nosotros. El protagonista de la sociedad debe ser la persona. Hacer esta civilización digna de los hombres es responsabilidad que compete en primer lugar a los miembros de la sociedad; no exclusivamente al Estado con sus leyes y normas. La idea anterior sale al paso de considerar que esta civilización del amor se deba hacer por los responsables de la cosa pública. Este error, frecuente en el pasado, es lo que ahora mantiene socialmente subdesarrolladas a sociedades de países considerados como "industrializados". Por el contrario, lo verdaderamente indispensable es lo que cada uno -sólo o con otros- haga junto con sus iguales dentro de la sociedad civil. żUtopía? No, y debemos saber si nuestro futuro gobernante tiene clara estos principios.
Otra exigencia a la hora del voto. En el actual debate político se intenta a veces escamotear problemas de especial calado ético, por ser socialmente polémicos. Aunque en otros casos no se evite la confrontación, en estos se invocan recetas del tipo "no cabe imponer las propias convicciones a los demás" o "releguemos al ámbito privado cuestiones que rompen el consenso social". Si un candidato tiene esa visión, no podrá hacer buen gobierno, pues tendrá que poner entre paréntesis sus convicciones personales a la hora de la actividad legislativa.
Para hacer una sociedad digna de este nombre, se necesitan gente con valores sólidos, capaces de argumentarlos, sin negociar torpemente los principios básicos sobre los que debemos convivir. La democracia se apoya en el exquisito respeto a unos derechos humanos, tan sólidos e indiscutibles, que suelen ser caracterizados como fundamentales. Un hombre sin coherencia ética privaría de todo fundamento a la sociedad. La democracia no es un mero mecanismo formal. Para garantizar un gobierno que garantice los derechos fundamentales de los ciudadanos, se necesita gobernantes con principios éticos realmente vividos. Si no, el diálogo democrático será el mero decorado de decisiones faltas de transparencia y de verdadera coherencia.