EDUCACION SEXUAL GLOBALIZADA
Una vez leí que los nazis perdieron la guerra porque abrieron muchos frentes a la vez. Me recordaba esto la actual polémica sobre educación sexual, ocasionada por un reciente articulo de Alvaro Castillo. Intentemos ir a un solo frente, para poder perfilar ideas.
Nadie niega la necesidad de la educación de la sexualidad. El punto se centra en que, el modo de entenderla depende del concepto de persona que se defienda. No es lo mismo una educación sexual dirigida a la promoción del llamado "sexo seguro" que la que se imparte dentro de un contexto de valores humanos y de revalorización del amor limpio dentro del matrimonio. Y quien tiene el derecho y deber son los padres. Hay que estar convencido, además, de que unos padres corrientes lo harán mucho mejor que un maestro corriente.
Esta necesidad queda patente cuando se perfila bien que se pretende con la educación sexual. Son cuatro puntos muy sencillos: 1. Cada niño es una persona única e irrepetible, y debe recibir una información individualizada. 2. La dimensión moral debe formar parte siempre de sus explicaciones 3. La formación y las oportunas informaciones sobre la sexualidad se deben proporcionar dentro del contexto más amplio de la educación para el amor. 4. Se debe impartir esta información con delicadeza extrema, pero de modo claro y en el momento oportuno. Con estos parámetros se ve que los padres deben ser los educadores de la sexualidad.
Y... ¿si se trata de una madre con diecisiete hijos, que trabaja diecisiete horas, sin marido fijo...? Es el clásico caso limite. En estos casos, si realmente no puede dar educación a sus hijos, le ayuda la sociedad: el estado, o una asociación piadosa, o una ong... Lo que no se puede es legislar en base a esas situaciones límites.
La mejor educación sexual que alguien puede recibir es vivir en su hogar. La madre y el padre no necesitan decir nada que sea muy explícito sobre la sexualidad, como lo prueba el pasado, para transmitir los valores sobre los que se ejercita una recta sexualidad. Obviamente nuestros abuelos se las arreglaron muy bien. Una recta conducta en el campo sexual más bien se contagia, antes que se enseña. Los problemas que afronta la sociedad actual (enfermedades venéreas, embarazos fuera del matrimonio, abortos, familias sin padre, excesos de índole sexual de todo tipo, etc.) no han sido originados por falta de información sexual de los adolescentes, sino porque la sociedad ha transmitido –o permitido- mensajes de alto tipo erótico por todos los medios. La educación sexual estatal, en los países donde se ha implantado –y la que se pretende aquí es de la misma inspiración- ha sido como un bombero que intenta apagar el fuego que el mismo provocó, y, además, ... con gasolina. Es el caso que comentábamos hace poco de Francia, donde escribe Tony Anatrella, especialista en psiquiatría social. "Muchas veces los adolescentes me dicen que están hartos de que se les hable constantemente de la contracepción, del aborto y del preservativo". Todos los mensajes de salud pública en torno a estos problemas "han llevado a una forma de irresponsabilidad sexual, según la cual se puede hacer cualquier cosa, con tal de recurrir a medios técnicos para protegerse de las infecciones y de tener un hijo, presentado como una amenaza y como un mal" (La Croix, 30-XI-2000).
Para concretar al menos esto. Educación sexual, por supuesto. Pero por los padres; y esto es consecuencia de derechos y obligaciones naturales que tienen los padres con respecto a sus hijos. No son principios morales inventados por ninguna autoridad humana. Y el Estado no tiene ningún derecho a intervenir. Si suple, que sea, por el principio de subsidiaridad, cuando los padres no puedan y con los parámetros ya señalados. Por ejemplo, en el caso que hubiera esas clases, no sólo que puedan decir que sus hijos no entren a ellas, sino que deban pedirlo, si es que realmente las desean.
En este contexto, cae por su peso la inconveniencia educativa de recomendar anticonceptivos, aunque no fueran abortivos. Pero este es otro tema...