PLANIFICACIÓN FAMILIAR, EDUCACIÓN SEXUAL

Aunque la alimentación mundial mejora, los pesimistas anuncian un futuro sombrío. ¿Habrá bastante para que comamos todos? Hoy en día, al menos en ciertos ambientes, ser profeta de calamidades es a menudo bien vista. Sin embargo, resulta difícil mantener que el mundo está peor que hace cincuenta o cien años. Por poner un ejemplo: gracias a la innovación tecnológica, con la misma superficie de tierra cultivada hemos sido capaces de alimentar a una población mundial que se ha duplicado desde 1950. Pero frente a los indiscutibles avances, un sentimiento de crisis es transmitido por actitudes que implican una visión pesimista de la tecnología o una sublimación irracional de la naturaleza. Por ejemplo, los informes del Worldwatch Institute (WI), que ha asustado cada año con alguna calamidad: carestía de cereales en China (1995), sobreexplotación de los recursos naturales a causa de la expansión económica mundial (1998), reducción de la superficie cultivable (1999)... Pero en realidad el principal motivo de esperanza siempre ha sido que las tristes predicciones del WI nunca se han hecho realidad.

En la actual polémica sobre la población y educación sexual, se esconde la mentalidad anterior: no se puede –dicen- seguir trayendo irresponsablemente más guatemaltecos, para que se mueran de hambre. Por tanto, el gobierno debe desarrollar una campaña de planificación familiar, y consiguientemente, de educación sexual. Y aquí si hay problema. La educación sexual es imposible darla sin una educación en valores. Aunque estos se omitan, ya se estaría –por carencia- dando una fuerte carga ética, anti-ética, podríamos decir. No hay educación sexual neutra. Y hay que darla de acuerdo con los principios morales de la inmensa mayoría de la población que es cristiana. Esto no tiene nada que ver con la separación Iglesia-Estado, sino con un principio elemental democrático.

La realidad es que en todos los países preocupa el comportamiento sexual de los adolescentes. En una época que busca a toda costa el "sexo seguro" nunca el comportamiento sexual de los adolescentes ha tenido más riesgos. Hasta el punto de que se ha convertido en un problema de salud pública, objeto de editoriales recientes en algunas de las más prestigiosas revistas de Medicina. Como políticas de prevención, se ve necesario promover medidas para retrasar el comienzo de las relaciones sexuales y cuidar la educación sexual. Pero la mera información tiene un efecto limitado, e incluso negativo, si no se muestra la sexualidad en un contexto amplio de valores, no simplemente para evitar conductas de riesgo. Diversas encuestas confirman un poderoso incremento de las relaciones sexuales entre adolescentes. El fenómeno parece bastante generalizado, pero algunos países ostentan el dudoso privilegio de ir en cabeza, como Estados Unidos.

No le va a la zaga el Reino Unido. La encuesta Welcome Trust, confirma la cada vez más precoz iniciación de los adolescentes en las prácticas sexuales y la frecuente ausencia de métodos anticonceptivos en esas relaciones. Un fenómeno preocupante que hacía preguntarse al editorialista de The Lancet, una revista nada sospechosa de actitudes conservadoras: "¿Hay que intentar imponer alguna medida de limitación sexual a una juventud exuberante? La respuesta parece ser sí". Afirmación, sin duda, costosa, porque detrás hay toda una dolorosa cadena de secuelas: espiral de embarazos no deseados, incremento de madres solteras, abortos, aumento desaforado de las enfermedades de transmisión sexual, del SIDA, asociación, en fin, a conductas de riesgo como el alcoholismo y la droga.

Tema complejo pero claro. La educación sexual debe darse en un contexto de valores; y por los padres. Y si en una escuela se da esta educación, los padres tienen derecho de que se les explique como se dará y, en cualquier caso, retirar a sus hijos de esas clases.

Hosted by www.Geocities.ws

1