EDUCACION, ENTRENAMIENTO... Y COEDUCACIÓN

José Joaquín Camacho

Luis Figueroa, en Siglo XXI, escribió sobre Educación o entrenamiento, donde hace ver muy acertadamente, la necesidad de mantener en todas sus consecuencias, la libertad de enseñanza, evitando las interferencias no debidas del sector público en la educación privada. Con esta ocasión yo quería comentar algo que, inesperadamente, está en el candelero en muchos países. Tema de atención para todos nosotros para el enfoque de una verdadera educación. Es la coeducación o educación mixta: hombres y mujeres, Es interesante ver los nuevos aires.

La enseñanza privada siempre ha habido una buena representación de escuelas no mixtas, aunque recientemente algunas hayan admitido a alumnos de ambos sexos por problemas económicos. Pero, ahora, también se propugna que en la enseñanza estatal exista este tipo de escuelas para quien lo desee.

En este contexto, Le Monde de l’Éducation (Paris, enero 2003) plantea los efectos nocivos de la coeducación escolar. Si antes se insistía siempre en la igualdad entre los sexos, ahora lo que preocupa es la inadaptación de los varones en el ambiente escolar, decayendo el rendimiento escolar. Así lo detectó a nivel mundial, el pasado año, el difundido estudio PISA -Programme for International Student Assessment-: a igualdad de edad y condiciones, el rendimiento escolar es superior entre las alumnas, especialmente en los ámbitos relacionados con el aprendizaje de la lengua. El fracaso escolar de muchos muchachos pone en peligro la enseñanza mixta de ambos sexos en la escuela. El adolescente -señalan-, más inmaduro que ellas, vive como dominado por las adolescentes en los primeros años de colegio y reacciona a veces a la contra con excesos de violencia: gestos que, más que afirmar la virilidad, serían propios de un machista, y dificultan la convivencia en la escuela y en la sociedad.

En Alemania, el debate -en otra línea que en Francia- estalló hace unos pocos años. El semanario Der Spiegel describía: "Los chicos intervienen en las clases el doble que las chicas y reciben muchas más alabanzas y castigos, ya que por su activismo llaman más la atención; las intervenciones de las chicas son interrumpidas y completadas por aclaraciones de los chicos; los chicos con buenas notas son calificados por los profesores como despiertos e inteligentes, mientras que las chicas con buenas notas son consideradas como trabajadoras y ordenadas".

Ante esto, diversos pedagogos declaraban la necesidad de revisar las ideas sobre la coeducación. La feminista Lore Hoffmann, pedagoga de la Universidad de Kiel (USA), reconocía que con la educación diferenciada -separada por sexos- se consigue que las muchachas se interesen mucho más por "las típicas asignaturas de chicos como son informática, química o matemáticas, al estar las clases orientadas según sus necesidades". Heide Simonis, diputada socialista y conocida feminista, mantenía: "Es necesario deshacerse definitivamente del prejuicio de que las chicas necesitan clases conjuntas con los chicos para no estar en desventaja en el trabajo profesional. Eso es totalmente falso, como lo es también la afirmación de que chicos y chicas aprenden a conocerse mejor estando en clases mixtas".

Para algunos expertos la escuela mixta, en lugar de liberar a las mujeres, empieza por favorecer un trato discriminatorio, no por parte de los profesores, sino de los muchachos; su comportamiento respecto de las muchachas, las agresiones verbales, a menudo vinculadas a acosos sexuales, y las mayores dificultades de disciplina que ofrecen los muchachos son factores más bien opresivos que liberadores de la mujer.

De todas formas, afirma los expertos, la coeducación no representa problemas en todas las épocas de la vida humana. Las polémicas se refieren por lo general a las escuelas con muchachos y muchachas de 10 a 18 años; en las edades anteriores y posteriores no se cuestiona.

Es interesante conocer que se está abriendo paso la idea de que la educación separada de hombres y mujeres, resulta beneficiosa para la formación de las nuevas generaciones. Y hay que defender la legitimidad y ventajas de este modo de proceder, precisamente por el gran respeto que merecen las niñas y los niños y también las y los adolescentes.

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