ADELANTE, SEÑOR PRESIDENTE, CON LA EDUCACIÓN
Recientemente leía un despacho sobre El auge de la escuela en el hogar. Habla de niños, en Estados Unidos, que reciben clases de sus padres en casa, sin ir a la escuela. No es el tema que me interesa tocar ahora, pero pone de relieve un punto básico en la sociedad: los padres, son –deben ser- los primeros educadores. Al Estado le corresponde una importante labor subsidiaria: ayudar a los padres, para que sus hijos reciban la educación que a ellos les parezca más conveniente.
En esta línea me admiró unas Recomendaciones tituladas Mañana es muy tarde. Elaborado por la Comisión Centroamericana para la Reforma Educativa, forma parte de un trabajo más amplio organizado por el Diálogo Interamericano en Washington. En este trabajo han intervenido 22 expertos de diversos países del área: de Guatemala lo avalan, entre otros, María del Carmen Aceña y Lionel Toriello.
La recomendación # 1 es por algo la primera: transferir a los padres de familia, a los docentes y a la comunidad una amplia cuota de responsabilidad en el manejo del sistema educativo y en la administración de la escuela. La precedencia es interesante: en primer lugar coloca a los padres. Cita, además de Pronade de Guatemala, una experiencia de Nicaragua, a la que llama la experiencia más radical de descentralización en la región. Se otorgaron amplios poderes de decisión a unos Consejos Escolares, en los que tienen participación muy significativa los padres de familia. Iniciaron en 1993, y actualmente el grueso de la educación, que llega a un 80 en la secundaria, estudia bajo este sistema. Estos Consejos Escolares tienen el poder de contratar y despedir maestros, elegir director, escoger textos y administrar los fondos, que provienen mayoritariamente del Estado. Fondos otorgados sobre la base del número de alumnos que hay cada mes. Entre otras razones, la necesidad de justificar esos fondos ha hecho que los maestros se esfuercen en mantener un alto índice de calidad educativa para que los padres no retiren a sus hijos. De hecho, las tasas de deserción escolar en estas escuelas autónomas son las más bajas del sistema escolar, incluyendo las privadas.
Las Recomendaciones que estoy comentando parten de algo que todos tenemos muy en el corazón. Centra el problema en la educación de calidad: es la que permite potenciar al ser humano, hacer que sea un agente productivo para si mismo y para su entorno. Sólo así podrá colaborar pacífica y responsablemente en la promoción de los demás. Pone de relieve el caso de los países del sudeste asiático: su desarrollo fue posible en primer lugar por haber logrado desde 1965 una cobertura total de la educación primaria; y, subsiguientemente, por el aumento de la calidad de toda la educación con la introducción de altos estándares y aumento sostenido de la inversión por alumno.
El estudio no se limita a una genérica enunciado de principios. Aterriza en normas de acción muy concretas. Insiste, lógicamente, en la necesidad de una intervención vigorosa del Estado, aun dejando libre la autonomía de los padres y las comunidades menores, ya que anular esta autonomía sería como matar la gallina de los huevos de oro. En esta línea hay dos recomendaciones: la primera, aumentar la inversión pública en educación a un mínimo de 5% del PIB, señalando que debe destinar "casi la totalidad de dicho aumento a Educación Primaria y Secundaria". La otra pide renovar la profesión docente estableciendo aumentos salariales. Pero perfila: ..."incrementos salariales ligados al desempeñó profesional", con una clara referencia al trabajo de cada uno. Razonablemente, también pude al Estado que ayude a los maestros: "mejorando la calidad en la formación inicial y promoviendo la capacitación en servicio".
No es posible comentar aquí otros puntos de interés. Termino señalando la recomendación que hace de establecer evaluaciones de los centros educativos, con estándares comunes y ampliamente consensuados: con un sistema claro de medición y "amplia divulgación de sus resultados" .
Quizá habrá escépticos profesionales que dirán que esto se quedará en papeles. Muchos pensamos que no: que somos capaces de hacerlo. Por eso termino igual que el titular: adelante, Sr. Presidente... Y también: adelante, padres de familia y maestros.