UNA IDEA PARA NUESTRO PRINCIPAL PROBLEMA
Efectivamente, hablamos de la educación a nivel nacional. Y la idea viene de los Estados Unidos. Es el cheque escolar. Hace algunos años se empezó a experimentar en Estados Unidos, que el Estado atribuye a las familias una determinada cantidad para que lleven a sus hijos al colegio que prefieran. El movimiento ha cobrado fuerza: desde 1998, se ha implantado en ocho Estados y se proyecta hacerlo en varios más. La idea goza del favor de los políticos y de buena parte de los votantes: la ven como una forma de dar a las familias opción de salirse del sistema escolar público, que en muchos lugares es de mala calidad.
Como anécdota que ilustra, está el caso de Chelsea, la hija de los Clinton. Cuando la familia se cambió a Washington, la niña, entonces de unos 11 años –hablamos de 1993-, pasó de la escuela pública en Little Rock (Arkansas) a la Escuela Sidwell Friends, cuya matrícula costaba 10,000 dólares. El llevarla a un centro privado era lo normal en Washington, en la clase política alta; pero resultó llamativo porque durante su campaña Bill Clinton fue un ferviente defensor de la escuela pública.
Hace poco el New York Times (31-I-2000) señalaba que, según los expertos en financiación de la educación, el apoyo al cheque escolar está creciendo cada vez más, especialmente entre las familias con pocos ingresos, y prevén que cada vez más Estados aprobarán el programa en su territorio. Aunque aclaran que no se trata de una guerra contra la escuela pública: al contrario, puede mejorarla pues permite la competitividad, ya que los padres inscribirán a sus hijos en las mejores, y las que no funcionen se quedaran sin alumnos...
Los enemigos de esta idea, siempre en Estados Unidos, alegan violación de la Primera Enmienda, que establece la separación entre Iglesia y Estado. Sin embargo, cada vez tiene mayor numero de partidarios. En Florida, por ejemplo, el plan empezará a funcionar en septiembre del año 2000. Las autoridades estatales inspeccionarán los colegios públicos y los calificarán de la A a la F, según los resultados de los alumnos en el nuevo examen estatal. Los buenos colegios recibirán incentivos. En cambio, los alumnos que estudien en los colegios peor calificados podrán recibir un cheque de 4.000 dólares anuales para cambiar de colegio.
Entre los opositores se encuentra la National Education Association y el sindicato nacional de profesores. La idea es óptima, y aunque tardó en imponerse por la esperada oposición de los que tienen miedo al cambio o simplemente perder posiciones ya logradas.
El Estado de Nuevo México, por ejemplo, debate ahora un proyecto que podría ser el más amplio del país, por encima del de Florida: todos los potenciales alumnos de centros públicos tendrían opción a un cheque por valor de 3.500 dólares, que se podría gastar en cualquier escuela privada, confesional o no. La popularidad del cheque entre la población con menos recursos se debe al descontento con las escuelas públicas, única opción para las familias que no pueden pagar otra enseñanza mejor. Como es del dominio público, en muchos centros públicos hay drogas, violencia, indisciplina y malos resultados académicos. En este sentido, Paul Peterson, profesor de la Universidad de Harvard, afirma que el desarrollo del cheque escolar es una consecuencia de la rápida expansión de otras iniciativas en este mismo sentido.
No todo lo que nos viene de los Estados Unidos es bueno, pero si hay cosas buenas. Esta es una de ellas y podría ser una buena solución para nuestro país. O al menos, contribuir eficazmente a nuestro desarrollo.