LA DROGA: CAUSAS DE FONDO
Es indudable el aumento del consumo de droga en Guatemala. Nosotros no somos país productor de droga en cantidades industriales; parece evidente que este aumento se debe a que funcionamos muy bien como país de transito. Ayudaron mucho a entender todo esto unos espléndidos y valientes reportajes publicados en Siglo XXI, donde se pone luz sobre este problema y los problemas conexos: algunos de ellos que nos afectan a diario, como es el incremento del crimen común.
Está claro para todos que la droga es una de las principales amenazas que afronta la sociedad, más particularmente los jóvenes, incluso los niños.
Se pueden detectar muchas causas del fenómeno de sumergirse en la droga. Desde quien ve en ellas una forma de expresión de su libertad, hasta buscar por su medio un fácil camino al placer. Para algunos es un escape del sufrimiento, la soledad y el aislamiento. Y siempre, la falta de valores y convicciones, que se traduce en un vacío interior.
Por ello impactó el clamor del presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, «No nos envíen sus armas; Eliminen sus mercados de droga», al dirigirse por primera vez a la Asamblea General de las Naciones Unidas, ante más de 150 jefes de Estado y de Gobierno. Uribe Vélez informó que su Gobierno tiene la determinación de eliminar el negocio del narcotráfico pero que le pide al mundo un compromiso igual.
Pero hay que ir más al fondo. Como han señalado repetidamente voces autorizadas, tampoco la liberalización de la droga es solución. «Drogarse nunca es la solución». Hay que repetir esto ante las opiniones que querrían la liberación de las substancias estupefacientes o, al menos, su legalización parcial, considerando que el libre acceso a estas sustancias contribuye a limitar o a reducir los daños a las personas y a la sociedad. Por que la verdad es que casi siempre la droga es consecuencia de «un vacío interior» que lleva a la desesperación. Por esto la droga no se vence con la droga, sino que es necesario una amplia acción de prevención, que sustituya la cultura de la muerte con la cultura de la vida. Y pasamos al punto central.
Un joven, una persona cualquiera que tenga objetivos en su vida, que sabe para qué está aquí y qué quiere, difícilmente, por no decir nunca, caerá en el problema de las drogas.
La decisión de tomar drogas con frecuencia surge en un ambiente de escepticismo y hedonismo, que conduce a sentimientos de frustración y a una falta de significado de la vida de las personas. Hay que reconocer que el creciente número de personas que está yendo hacia las drogas es porque la vida moderna les deja insatisfechos y angustiados por su futuro. Hay que hacer ver claramente que es un error pensar que nuestros deseos de paz, felicidad y satisfacción personal se colmarán automáticamente al tomar algún tipo de cocktail químico. Consumir drogas implica una abdicación injustificada e irracional de nuestra capacidad de pensar, escoger y actuar como personas. Resulta incluso falso hablar de ciertos "derechos" a las drogas, porque nunca se tiene derecho a abdicar de la dignidad personal. Consumir drogas no daña sólo nuestra salud sino también frustra nuestra capacidad de vivir en comunidad y ofrecernos a nosotros mismos a los demás. Es decir, daña a la sociedad entera.
Pero hay que llenar con algo. La solución es la prevención, que implica necesariamente dar sentido a la vida. La prevención debe llevarse a cabo ofreciendo los valores humanos, universales, comunes a todos, aunque en el caso de un cristiano están particularmente iluminados por la fe. Sólo así podemos dar significado a las vidas. Aquí entra algo perfectamente diseñado en la sociedad... si lo protegemos y no permitimos que lo deshagan: es la familia. Primordial a la hora de transmitir a los hijos una sólida formación en valores, la familia -además de otras muchas cosas- es la mejor protección para evitar que caigan en las drogas, porque ayuda al descubrimiento del verdadero significado de nuestra existencia humana.