UN BEBE DOWN RECHAZADO Y COSAS MEJORES
Italia entera se conmocionó recientemente ante la historia de un bebé con síndrome de Down cuyos padres, dos florentinos de clase media, decidieron abandonarlo en el hospital mientras se llevaban al hijo mellizo, nacido normal. Miles de italianos contribuyeron a crear una corriente de solidaridad hacia el pequeñó abandonado, a quien la prensa y el clamor popular han comenzado a llamar "Coccolino" -"Cariñito"-.
Los médicos que tienen a su cuidado al bebé, informaron que se han visto abrumados por los envíos de dinero para la manutención del pequeño, así como por más de cien solicitudes de adopción. "Es excepcional el número de personas que están llamando para informarse sobre dónde pueden realizar sus donaciones y cómo pueden adoptar al niño", dijo el profesor Duvina, responsable la sección de pediatría del hospital Torregalli de Florencia, donde nacieron los gemelos.
"Coccolino" y su hermano gemelo, que nacieron prematuramente en abril pasado, son hijos de una pareja de florentinos de unos 30 años de edad y posición económica estable y normal, según los pocos datos que se han dado a conocer a través de los medios.
La pareja, según explicó Duvina, supo desde el primer momento que uno de los gemelos heterozigóticos (desarrollados en dos placentas diferentes) presentaba la malformación cromosómica que determina el síndrome de Down. Ya desde ese momento tomaron la decisión de quedarse sólo con el hijo sano y abandonar a "Coccolino", quien por ahora está a cargo de los enfermeros y médicos del hospital.
La Santa Sede se pronunció sobre el caso, a través de su diario L'Osservatore Romano, diciendo que se trata de un niño que sufre las consecuencias de una sociedad que permite el caso de una "infancia pisoteada" y "violada incluso en el derecho a nacer". "¿Por qué falta el valor para afrontar un arduo pero obligado camino", se pregunta el diario vaticano. "Detrás de esta actitud, que no se puede compartir, se puede percibir el miedo: los padres de un niño enfermo tienen la sensación inquietante de una soledad que les acompañará en su tarea cansada, afectuosa y obligatoria. Tienen miedo de no poder contar con el apoyo de quien debería ayudarles: la comunidad civil y eclesial".
En interesante coherencia de principios, sobre la importancia de los valores para la supervivencia de la sociedad, recientemente Juan Pablo II se ha hecho dirigido al III Encuentro de Políticos y Legisladores de América a favor de la vida, que se celebra en Buenos Aires del 3 al 5 de agosto. La iniciativa tiene lugar en el marco de las celebraciones del quincuagésimo aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
El Santo Padre alienta a los participantes «a renovar sus esfuerzos por promover, particularmente en el ámbito político y legislativo, los valores fundamentales de la familia, fomentando incansablemente su trascendente dignidad». Explica el Santo Padre, «al defender la familia y la vida se ponen los fundamentos de una vida social capaz de respetar y promover la dignidad de la persona y, por tanto, de los derechos fundamentales que se derivan de su misma naturaleza y vocación».
Todos han coincidido en que para evitar una «bancarrota moral», el futuro de la humanidad pasa necesariamente por la coherencia de una vida guiada por la brújula de valores sin los que ningún pueblo puede llevar adelante su misión histórica. «El mundo –se puso de resaltó durante la clausura-- no se puede declarar vencido en la gran batalla de la dignidad humana». Se aplaudió asimismo ante las autoridades argentinas la decisión de este país de instituir el Día del Niño por Nacer, que se festejó por primera vez el pasado 25 de marzo. Se trata de «símbolo de nobleza» y la prueba de que esta causa «está en el corazón» de las autoridades. Los participantes en el encuentro fueron recibidos más tarde por el presidente Carlos Saúl Menem, quien calificó estas jornadas como un «encuentro fundamental y vital», porque «la familia es el primordial interés, sin el cual no hay nación».